martes, 30 de agosto de 2016

Un poco de historia (LIV)

La Rúa Mayor


La villa de Santander comenzó a formarse al flanco de la primitiva ermita del cerro de San Pedro. En esa zona se fue formando la llamada Puebla Vieja, o Puebla Alta, dentro de los límites de la muralla que rodeaba la villa. En la Puebla Vieja, además del castillo y la abadía, estaban las residencias de los más antiguos linajes de la villa, en su gran mayoría hidalgos y nobles, de los mandos militares y de los miembros del clero. La Puebla Vieja era donde vivía la aristocracia de la entonces villa de Santander.

Inicio de la Rúa Mayor junto a la Catedral

En la Puebla había pequeñas callejuelas, más bien callejones, que la atravesaban de norte a sur y de este a oeste, y tenía como calle principal la vía que comunicaba la torre de la abadía y la capilla del Espíritu Santo, o de Santiago, con la puerta de San Pedro, por la que se accedía a la Puebla. Esta puerta fue la que, en el siglo XV, tres nobles abrieron de madrugada para que entraran las fuerzas del Marqués de Santillana, que ocuparon la Puebla, el castillo y la abadía. Esta calle principal se llamó primero San Pedro, pero con el tiempo adquirió el nombre de Rúa Mayor.

Casona del linaje de Herrera (siglo XV)

Era una típica calle medieval, con casonas de grandes portones y escudos de piedra en la fachada a ambos lados, empedrada, en la que el sol sólo entraba al atardecer dada su estrechez y orientación. Según un Padrón de Hidalgos de 1786 en ella vivían cuarenta y cinco vecinos, de los que veintinueve eran nobles hidalgos, como los condes de Villafuerte y de Isla Fernández. En ella tuvieron su casa importantes linajes, como el de Escalante.

En la Puebla Vieja se fueron estableciendo talleres de artesanos (orfebres, ebanistas, toneleros, herreros, etc.), bodegas, pequeños cafés, etc. Cuando en 1903 el obispo Sánchez de Castro construyó el Palacio Episcopal, la capilla del Espíritu Santo quedó integrada en el mismo. Hasta entonces los prelados vivían en la plaza de los Remedios.

Palacio Episcopal (1903)

La calle Rúa Mayor tenía como paralela a su hermana Rúa Menor, ambas comunicadas por las calles Del Viento y Prieto. Para salir a la Puebla Nueva había muchos caminos, pero los dos principales eran ir a la calle Rúa Menor y bajar por la cuesta de Gibaja hasta la calle Atarazanas, o seguir por la Rúa Mayor hasta la torre de la Catedral y bajar por el arco de la torre hasta las calles Del Puente o Somorrostro. El arco bajo la torre de la Catedral era una rampa, no estaba escalonado como en la actualidad, por lo que por él podían pasar carros.

Desmonte del cerro de Somorrostro después del incendio de 1941
(aún se puede ver parte de la calzada de la vieja Rúa Mayor)

La calle Rúa Mayor y sus aledañas conservaron su carácter medieval hasta que el incendio de 1941 acabó con ellas. De las casonas de los nobles sólo se pudieron salvar algunos escudos de piedra de las fachadas que durante muchos años estuvieron de adorno en la Alameda de Oviedo. Prácticamente no quedó ninguna casa en pie. Ni la Catedral ni el Palacio Episcopal se salvaron de las llamas. Cuando se diseñó la nueva trama urbana de la ciudad para su reconstrucción, se dispuso el desmonte del cerro de Somorrostro para prolongar las calles Lealtad e Isabel II. Eso supuso la desaparición de muchas calles (Gibaja, el Callejón del Infierno, Prieto, Del Viento, Del Rincón, etc.), entre ellas la Rúa Mayor. Cuando se trazaron las nuevas calles se conservaron los nombres de algunas de las que desaparecieron.


Un poco de historia (LV). La calle Joaquín Costa
Un poco de historia (LIII). La calle Burgos
 


lunes, 15 de agosto de 2016

La araucaria oculta

La araucaria es un árbol de tronco recto que puede llegar a alcanzar los 80 metros de altura y tiene las ramas dispuestas horizontalmente. Procede de la región de Arauco, en Chile, y se utiliza con fines ornamentales. En Santander hay un magnífico ejemplar que, hasta hace unos días, estaba oculto. Crece en el patio trasero de un edificio de la calle Gómez Oreña y sólo se podía ver la parte superior, ya que sobresale por encima de las casas.

La araucaria asoma por encima de las casas de la calle Gómez Oreña

Digo que hasta hace unos días estaba oculto porque, con motivo del derribo del colegio Divina Pastora situado en la calle Santa Lucía, de momento es posible ver todo el árbol por la valla de la obra y por las ventanas que quedan en el muro que aún está en pie.


Junto a la araucaria crece otro árbol en ese pequeño patio interior. El árbol fue plantado por una vecina del número 11 de la calle Gómez Oreña. Parece mentira que en ese pequeño patio, rodeado de edificios, haya podido crecer un árbol así.

Si queréis verlo aprovechad antes de que pongan andamios y una lona en la obra y ya no se pueda ver. Es un árbol muy bonito y ójala las obras no lo dañen, sobre todo al excavar para hacer los cimientos y los garajes.


domingo, 7 de agosto de 2016

Un reloj de sol junto al faro de Cabo Mayor

Todos conocéis el faro de Cabo Mayor, seguro que habéis estado ahí muchas veces. En un día despejado las vistas son increíbles. Pero seguro que no habéis reparado en un pequeño muro que está al final de la carretera de acceso, a la izquierda, justo frente al faro. En ese muro hay tres bloques de piedra, uno de ellos es la base de una bola de piedra, y cada bloque tiene una inscripción en latín relativa a los relojes de sol. En la parte superior del bloque central, aunque está muy desgastado por el tiempo, aún se puede ver un reloj de sol grabado en la piedra, aunque el gnomon hace mucho tiempo que desapareció.


Esa bola de piedra es un reloj solar esférico. Tiene un pequeño orificio que señala al Polo Norte y aún se pueden apreciar algunos meridianos sobre la piedra.

En este bloque se encuentra la inscripción que está en peor estado, pero aún se puede leer: "Sine sole sileo". Se puede traducir como "sin el sol callo". Es decir, un reloj de sol sin sol no funciona, no da la hora.


Este es el bloque central y tiene la inscripción "Ultima forsan", que se puede traducir, más o menos, como "quizás la última hora". Esta inscripción la tenían grabada muchos relojes de sol y se refiere a cuando empezaron a fabricarse los primeros relojes mecánicos, que no necesitan al sol, y que suponían la muerte de los relojes de sol. En un sentido más amplio puede referirse a nuestra última hora y que la muerte puede estar cercana.


En la parte superior de este bloque está grabado el reloj de sol. Hay que fijarse bien para poder ver los trazos que lo forman.


El tercer bloque (el primero según se sube al faro) tiene la inscripción "Tulit alter honores"; es decir, "otro se llevó los honores". Quiere decir que a partir de la invención de los relojes mecánicos los relojes de sol quedan relegados a un segundo plano, ya no son necesarios.


miércoles, 27 de julio de 2016

Historia aérea (I)

Un gigante de los cielos en la bahía

En esta nueva serie de artículos voy a contar pequeñas historias relacionadas con la aviación que han tenido lugar en Santander y que son poco, o nada, conocidas. Como siempre, espero que os gusten.

Todos sabemos que la bahía de Santander ha sido, y es, escenario de acontecimientos de lo más diverso: regatas, exibiciones, travesías a nado, etc. Pues bien, buscando imágenes para documentar artículos, he encontrado una muy peculiar e interesante, especialmente para los aficionados a la aviación, sobre un acontecimiento muy poco conocido que tuvo lugar el 20 de noviembre de 1930 en la bahía.

Ese día amerizó en la bahía de Santander el avión más grande, pesado y potente construido hasta entonces: el Dornier DO-X. Se trataba de un hidroavión construido en Suiza por la empresa alemana Dornier Flugzeugwerke. Medía 40,10 m de largo, 10,10 m de altura y su envergadura era de 48 m. Tenía doce motores de 610 CV cada uno, capacidad para hasta 100 pasajeros en vuelos transoceánicos, una tripulación de 14 personas y tres cubiertas, entre otras características. Estaba considerado como un transatlántico volador ya que tenía literas, cabinas dormitorio individuales, sala de fumadores, salón, cuarto de baño y cocina, algo nunca visto entonces en un avión.

Hidroavión Dornier DO-X
(La foto no está tomada en Santander)

La escala en Santander tuvo lugar durante el viaje inaugural del avión. El avión despegó del lago Constanza, en Alemania, y su destino era Nueva York. Tenía previsto hacer escalas en Amsterdam, Calshot (Reino Unido), La Coruña, Lisboa, Las Palmas de Gran Canaria, Cabo Verde, Natal (Brasil), Río de Janeiro, Las Antillas, Miami y Nueva York. Cuando volaba a la altura de Cabo Mayor, debido al mal tiempo dio la vuelta y la tripulación comunicó por radio que pasarían la noche en Santander. Sobre las dos de la tarde amerizó en la bahía, causando gran sorpresa y admiración debido a su repentina aparición y a su enorme tamaño. Al día siguiente despegó rumbo a La Coruña.

El hidroavión Dornier DO-X sobrevolando los Jardines de Pereda

En la foto superior se puede ver el avión sobre los Jardines de Pereda, con la fuente de "los meones" en primer plano. A la derecha, sobre los árboles, se puede ver la torre de la Estación de la Costa. La foto es muy pequeña y su calidad no es muy buena, pero aún así he considerado interesante su publicación.

Debido a diversos incidentes y averías durante el viaje, alguna de las cuales le retrasó varios meses, el avión llegó a su destino en agosto de 1931. En EE.UU. estuvo varios meses siendo reparado y exhibido, hasta que volvió a Alemania en mayo de 1932. Allí fue transferido a la compañía Lufthansa, con la que hizo algunos vuelos hasta 1934, año en el que fue retirado del servicio y donado al Museo de la Aviación Alemana de Berlín. Fue destruido en un bombardeo aliado sobre Berlín en la Segunda Guerra Mundial.


Hidroaviones en la bahía

Como se puede ver en la foto superior, el Dornier no ha sido el único hidroavión que ha amerizado en la bahía de Santander. Los únicos hidroaviones que pueden verse en la actualidad en la bahía son, de forma ocasional, los empleados en la lucha contra los incendios forestales cuando cargan agua en sus depósitos.

Se puede encontrar más información en:

Historia aérea (II). Escala en Santander


jueves, 14 de julio de 2016

Escaleras al cielo (VI)

Repasando artículos anteriores, en la serie dedicada a las escaleras que podemos encontrarnos en Santander, dediqué un artículo a las que hay en el entorno de la calle del Río de la Pila. Pues bien, me he dado cuenta de que no hablé de las escaleras que forman el tramo final de la calle.



Las escaleras están divididas en dos tramos y parten de la calle San Sebastián, justo frente a la parada del funicular, y terminan en la calle Prado de San Roque.

Si vamos hacia el este, en la calle Santa Teresa de Jesús nos encontramos con un largo tramo de escaleras que comunica ésta con las calles Macías Picavea y Miralmar.

 

martes, 5 de julio de 2016

La lucha entre las pueblas

Transcurría el siglo XV bajo el reinado de Enrique IV de Castilla (1425-1474), de la Casa de Trastámara, en un ambiente nada pacífico por las luchas entre los nobles y los reinos de Castilla, Aragón, Navarra y Portugal, cuando en 1462 nace Juana (1462-1530), fruto del matrimonio del rey con su segunda mujer, Juana de Portugal (1439-1475). Juana, llamada la Beltraneja por decirse que era hija del noble Beltrán de la Cueva, fue jurada como Princesa de Asturias. Esto provocó un grave conflicto con la nobleza por la sucesión en el que Juan Pacheco, Marqués de Villena, y su hermano Pedro Girón, Maestre de Calatrava, fueron apartados del poder en favor de Beltrán de la Cueva, a quien el Rey nombró valido suyo.

Sello real de Enrique IV

Esto provoco una serie de luchas entre nobles partidarios y detractores del Rey. En esta guerra, la Casa de Mendoza se posicionó a favor del Rey. Como recompensa a su lealtad, el Rey, entre otras dádivas, cedió a Diego Hurtado de Mendoza (1417-1479), segundo Marqués de Santillana, la villa de Santander en 1466.

Esto no sentó nada bien a los habitantes de la villa, que preferían la autoridad del Rey a la de los señores, por lo que no aceptaron someterse al Marqués de Santillana, su nuevo señor. Éste, al ver la resistencia de los santanderinos, hizo venir a sus fuerzas y las puso al mando de Ladrón de Guevara, señor de Escalante. Además, nombró a Juan de Gauna, merino de Santillana, y al corregidor García López de Burgos encargados de hacer cumplir lo dispuesto por el Rey.
 
Sin embargo, Santander decidió resistir. La villa estaba amurallada y, antes de vencer la fortaleza de las murallas, el Marqués de Santillana venció la resistencia de tres hidalgos de la Puebla Vieja. Fernando Fernández de Alvarado, Juan Gutiérrez de Alvear y Gonzalo de Solórzano cedieron a las promesas del Marqués y una noche abrieron la puerta de la muralla de la Rúa Mayor, por donde entraron las tropas del Marqués, que se apoderaron de la Puebla Vieja, la abadía y el castillo.

Diego Hurtado de Mendoza, segundo Marqués de Santillana

Sorprendidos por la traición, los leales al Rey se refugiaron en la Puebla Nueva al tiempo que enviaban mensajeros por la costa y los valles cercanos para que contaran lo que sucedía en la villa. Los pueblos vecinos respondieron a la llamada ya que también temían perder sus fueros y libertades bajo la tiranía feudal del Marqués y sus aliados. La llegada de la ayuda permitió a la Puebla Nueva resistir los ataques de los que habían logrado introducirse en la misma. Tenían lugar recios y enconados combates a diario en los que morían combatientes de ambos bandos: hidalgos, burgueses..., entre ellos Fernando de Escalante. El puente de madera que cruzaba la ría de Becedo, cerca de las Atarazanas Reales, fue escenario de muchos de estos combates y los cuerpos de los muertos caían a la ría, cuyas aguas acabaron teñidas de rojo.

Al cabo de unos días, las fuerzas del Marqués habían disminuido notablemente al no haber recibido refuerzos. Esto permitió que los santanderinos las cercaran. Al verse cercados, acordaron una tregua de sesenta días, durante los cuales la Puebla Vieja estaría en manos de Ladrón de Guevara y, si en ese tiempo no recibían apoyo del Marqués, les sería entregada a los vecinos de la villa.

Éstos aprovecharon la tregua para enviar barcos a solicitar aliados y recursos. Al cabo de unos días llegaron refuerzos por mar desde Trasmiera y Vizcaya al mando de Juan Alonso de Muxica y de Buytron, señor de Aramayona, antiguo aliado de los montañeses. También vinieron en ayuda de la villa Gonzalo de Salazar con sus solariegos de Somorrostro y Juan de Agüero con sus correspondientes fuerzas. Con todos estos refuerzos la Puebla Nueva acabó teniendo unos tres mil hombres escogidos y bien armados.

Por su parte, los refuerzos del Marqués venían al mando del Conde de Saldaña, pero a la altura de la puente de Arce se arredraron y detuvieron. Mientras tanto, la tregua estaba a punto de expirar. Sin esperar a que esto ocurriera, los de la villa atacaron con todas sus fuerzas la Puebla Vieja, ocupándola y recuperando la abadía y el castillo. También quemaron y destruyeron las casas de los traidores.

Al enterarse el Rey de la resistencia de la villa, revocó su decisión y premió la lealtad de los habitantes de Santander titulando a la villa como "noble y leal". Para ello expidió un Privilegio el 8 de mayo de 1467 en los siguientes términos:

"Aceptando la mucha lealtad y fidelidad en que me habéis servido especialmente después que los movimientos presentes se comenzaron en mis reynos, é los muchos servicios que habéis hecho a los reyes mis antecesores, tengo por bien que esa villa se intitule Noble y Leal".

Estos fueron los primeros títulos que ha recibido Santander a lo largo de su historia y que forman parte del lema de la ciudad, que figura en su escudo.



Escudo de Santander del siglo XVI en el monumento a la Reconquista de Sevilla situado en Cuatro Caminos

martes, 21 de junio de 2016

Un poco de historia (LIII)

La calle Burgos

En 1845, en el Camino Real de la Mies del Valle (actual calle San Fernando), recibe el nombre de "Burgos" el tramo comprendido entre la casa de Isla (junto al actual Pasaje de Peña) y la plaza de Numancia. La casa de Isla formaba parte de los tinglados de Becedo, pertenecientes a Juan de Isla y Alvear. Construidos a mediados del siglo XVIII en ellos se fabricaba todo tipo de aperos, jarcias, cabos y demás utensilios navales destinados a los barcos que se construían y reparaban en Santander, Guarnizo, El Astillero, etc.

Calle Burgos (1910)

Debido a la quiebra de Juan de Isla y a varios incendios, los antiguos tinglados se fueron convirtiendo en almacenes, fraguas, tiendas, mesones y demás pequeñas industrias y negocios que fueron variando la fisonomía de la calle.

En 1862 un documento oficial establece que la calle "en lo sucesivo se llamará de la Alameda". Unos años más tarde, con motivo de la Revolución de 1868 recibió el nombre de "Veinticuatro de septiembre", nombre que conservó hasta la Restauración en 1876. Desde 1949 se denomina "calle Burgos" al tramo comprendido entre la calle Don Pelayo y la plaza de Numancia; es decir, el trazado actual.

Calle Burgos (1937)

En su último tramo la calle compartía espacio con la plaza del Reenganche, llamada así porque a mediados del siglo XIX, debido a los distintos contenciosos militares que tenía España con las colonias de ultramar, se instaló en ella la Oficina de Reenganche. En 1876 se inauguró en la plaza una fuente que se surtía del manantial de Perines. En 1955 se instaló en ella un busto del pintor Agustín Riancho.

Calle Burgos (1968)

Calle Burgos y plaza del Reenganche (años 60-70)

A pesar del tiempo, la calle apenas sufrió cambios, especialmente en su acera norte, que prácticamente sigue igual. En su acera sur es donde ha tenido más cambios. Sin duda, la mayor transformación que ha sufrido la calle Burgos tuvo lugar a principios de los años 90 al ser construido el túnel subterráneo para el tráfico y hacer peatonal la calle. La plaza del Reenganche también fue modificada. Se suprimió el aparcamiento y el vial que la cruzaba, se integró con la calle Burgos formando una unidad y perdió su nombre, llamándose ahora Plaza de Juan Carlos I. La plaza de Numancia también fue modificada, cambiando su fisonomía.

Obras de construcción del túnel subterráneo (1992)

Por la calle Burgos circuló el Tranvía Urbano, que comunicaba la plaza de Molnedo (Puertochico) con Peñacastillo.


Un poco de historia (LIV). La Rúa Mayor
Un poco de historia (LII). El Río de la Pila


viernes, 10 de junio de 2016

Un poco de historia (LII)

El Río de la Pila

Esta popular zona de Santander debe su nombre a un manantial que vertía sus aguas a un arroyo que discurría hasta la pequeña ensenada que estaba junto a la Puerta de la Mar de la muralla que rodeaba la villa de Santander. El manantial se sitúa en la zona antes conocida como Despeñaperros, al final de la calle. El agua de dicho manantial se aprovechaba para surtir una fuente situada en el centro de la plaza y algunos lavaderos.

En 1769, en un "Reglamento de limpieza y policía", ya aparece el nombre de Río de la Pila, y en un plano de 1822 se traza la calle que, con pocas variaciones, ha llegado hasta nuestros días. En 1837 el lugar ya era considerado como un barrio fuera de la población. En 1868 los vecinos del Río de la Pila propusieron al Ayuntamiento abrir un camino, al final de la calle, para acceder al Prado de San Roque. El problema que presentaba dicha propuesta era el gran desnivel existente, de un coeficiente tan elevado que los reglamentos de sanidad y urbanismo de la época no lo permitían. Sin embargo, dicha propuesta se llevó a cabo mediante escalinatas y rampas adaptadas al abrupto relieve de la ladera.


Casa de baños de Toca (1900)

Aprovechando las aguas del manantial, el empresario Arístides Toca construyó una casa de baños que tuvo mucha fama. En 1870 se creó el Casino Kursaal, donde se celebraban en verano conciertos y elegantes fiestas con bailes, así como representaciones teatrales.


Parque de Bomberos Municipales

En 1897 se inauguró en la plaza, a la entrada de la calle del Arrabal, el Parque de Bomberos Municipales, que hasta entonces estaba de forma provisional en la calle Calderón (actual calle Ataúlfo Argenta). Los bomberos estuvieron en dicho parque hasta que se trasladaron a Cajo en 1959. En la foto superior puede verse también el inicio de la calle Guevara.

Inauguración de la central telefónica de Santander (1926)

Enfrente, en la esquina con la calle Santa Lucía, la Compañía Telefónica Nacional de España construyó la primera central telefónica automática de España. Fue inaugurada por Alfonso XIII en 1926 y estuvo en ese lugar hasta 1976, año en que Telefónica construyó la actual central en los terrenos donde estuvo el parque de bomberos.


Teatro Pereda

El 1 de julio de 1919 se inauguró el Teatro Pereda, construido donde antes estuvo la casa de baños de Toca. Llegó a ser uno de los mejores teatros de España y en él se representaban obras de teatro, revista, zarzuela, ópera, etc. También acogió proyecciones de cine y sesiones de circo. Estaba inspirado en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Tenía un aforo de 1.700 localidades repartidas entre el patio de butacas, el anfiteatro y el llamado "paraíso", las localidades situadas más arriba. Tenía 21 camerinos para los artistas repartidos en tres pisos. En su escenario actuaron los mejores actores y actrices de la escena española. También cantaron en él intérpretes y grupos de primer orden. Cerró en los años 60 y sus dueños lo vendieron a una empresa constructora que lo derribó en 1966 para construir el edificio en cuyos bajos hay actualmente una sucursal de Caja Cantabria. Pese a la oposición de todos los santanderinos, el Ayuntamiento no hizo nada por evitarlo.

Anuncio de la actuación de Raphael en el Teatro Pereda

Un hecho importante fue la apertura del restaurante El Riojano en 1940, en el que se encuentra el "Museo Redondo", formado por cuadros pintados en barricas por famosos artistas: Julio de Pablo, Ramón Calderón, Gloria Torner, Genovés, etc. A partir de los años 50 se empezaron a establecer en la calle locales de copas que atraían a los extranjeros que acudían a los cursos de la UIMP. De entre todos esos locales destacó uno en especial: el Drink Club, que abrió en 1959. A partir de ese momento cambió para siempre la noche de Santander y, en lo que al ocio se refiere, nada volvió a ser igual. El Drink Club supo crear su propio ambiente y en gran parte fue debido a los recordados hermanos Juan Carlos y Ramón Calderón, uno de sus promotores. Con el tiempo la calle se ha ido llenando de locales en los que tomar unas copas. También ha tenido sus épocas buenas y malas, pero siempre ha sabido salir adelante.

En los años 50 se pudo prolongar la calle San Sebastián hasta su conexión con el Río de la Pila. También se trazaron varios caminos hacia el este, hacia el barrio de San Simón. En esta zona el terreno tenía tal desnivel que se la conocía con el nombre de Despeñaperros. El final del Río de la Pila era una amalgama de pequeñas y pindias escalinatas y rampas en todas las direcciones, serpenteando entre casas con huertas.

Funicular del Río de la Pila

Puente que comunica la calle San Sebastián con las calles Francisco Giner y Enrique Gran

El cambio más importante sufrido por esta calle tuvo lugar en 2008 cuando fue renovada y se construyeron escaleras mecánicas y el funicular que comunica con el Prado de San Roque y salva un desnivel de 36 metros en un recorrido de 75 metros de longitud. Es una cabina cerrada con capacidad para 20 personas y que tiene tres paradas en su recorrido. Para su construcción fue necesario expropiar y derribar varios edificios cuyos ocupantes tuvieron que ser reubicados. La remodelación de la calle acabó cuando en 2010 se abrió al tráfico el puente que une las dos riberas del Río de la Pila, pues comunica la calle San Sebastián con las calles Francisco Giner y Enrique Gran.

Mosaico de azulejos a la entrada de la calle

Por la plaza del Río de la Pila circuló el tranvía de Miranda, que partía de la calle del Martillo, seguía por la calle Santa Lucía y por el Paseo de la Concepción llegaba a Miranda. A partir de 1912 la vía se dividía en la plaza del Río de la Pila y el nuevo ramal iba por las calles del Arrabal, Arcillero y Compañía hasta la Plaza Vieja. En este desvío se instaló el primer semáforo que hubo en Santander.


Un poco de historia (LIII). La calle Burgos
Un poco de historia (LI). El Alto de Miranda