sábado, 11 de octubre de 2014

El incendio de Santander (II)

El incendio (II)


En la foto se puede ver el estado en el que quedó el edificio de la Aduana, en la calle de La Ribera. El domingo 16 Santander amaneció soleado, bajo un cielo azul, y el insistente azote del viento Sur. El fuego ya se extendía desde los muelles hasta la calle Tantín y desde la calle Puerta la Sierra hasta la plazuela del Príncipe. Mientras tanto, Santander seguía estando aislada. Un barco atracado en los muelles, el Turia, pudo enviar un SOS al mediodía que fue captado en alta mar por el mercante Monte Ayala que, a su vez, lo retransmitió, y el vapor Cristina, que navegaba frente al cabo Estaca de Bares, hizo llegar el mensaje a La Coruña. A partir de ese momento, el Ministerio de la Gobernación envió despachos a los gobernadores de las provincias vecinas para que enviaran a Santander, a toda urgencia, cuantos bomberos, pan y víveres pudieran. La noticia del siniestro empezó a difundirse por todas las emisoras de radio de España. Pese a estar las carreteras llenas de obstáculos (piedras, árboles y postes caídos, etc.), fueron enviados equipos de auxilio desde Torrelavega, Bilbao, San Sebastián, Burgos, Palencia, Valladolid, Madrid, Oviedo.

Sobre las tres de la mañana se derrumba en la calle San Francisco el edificio en el que estaban Mafor y los Almacenes Ribalaygua. Al mediodía se tomó la decisión de crear cortafuegos volando los edificios más cercanos al fuego. Para ello se utilizó dinamita del polvorín del cuartel del Regimiento de Infantería Valencia N° 23 situado en el Alta. Se empezó atacando el frente norte del incendio, procediendo a la voladura de algunos edificios situados entre la cuesta de la Atalaya y la calle Tantín para, además de intentar atajar el fuego, salvar la central eléctrica de Electra de Viesgo situada en la misma calle Tantín. Se realizaron más voladuras en la calle Atarazanas y en la plaza de Dato, lo que consiguió salvar del fuego a las calles Arrabal y Del Medio y también evitó que éste siguiera avanzando hacia el este, aunque la residencia de los PP. Jesuitas acabó siendo pasto de las llamas.



Por el noroeste el fuego se propaga hacia la calle Arcillero (primera foto superior), donde ardió la sede de El Diario Montañés (en la segunda foto se pueden ver los restos de la rotativa), y la plazuela del Príncipe para, desde allí, dirigirse a las calles San José, Alsedo Bustamante, Sánchez Silva y Tantín.



Los vecinos que huían del fuego se fueron concentrando en los muelles mientras el Ejército mantenía acordonada la zona afectada. El ver arder las calles Calderón de la Barca (primera foto superior) y Méndez Núñez (segunda foto) hizo que muchos recordaran la tragedia vivida el 3 de noviembre de 1893, cuando explotó el vapor Cabo Machichaco. Las cadenas humanas que se formaron para pasar cubos con agua de la bahía lograron salvar de las llamas los edificios de Calderón de la Barca situados en el extremo oeste de la calle, entre los que se encontraban el comedor del Auxilio Social y el Hotel México.



A última hora del domingo empezaron a llegar los primeros refuerzos, que aportaron más medios para combatir el fuego, sobre todo bombas de agua y camiones cisterna, así como gran cantidad de mangueras. Esto permitió detener el avance del fuego por su frente oeste al unir sus fuerzas bomberos, soldados y voluntarios para arrojar una auténtica pared de agua desde los tejados a la enorme hoguera que ardía a sus pies. En la primera foto superior se puede ver a un grupo de bomberos de Madrid, y en la segunda se ve la Bomba Benz Nº 3, también de Madrid.




En las fotos superiores se pueden ver la calle Santa Clara, la plaza de los Remedios y la plazuela del Príncipe.

Veinticuatro horas después de iniciarse el incendio, el viento Sur empezó a amainar, lo que sin duda ayudó a salvar muchos edificios que habían empezado a arder, y a que se empezara a creer que se podría controlar el incendio. En la tarde del lunes se inició el ataque a los flancos del fuego para avanzar hacia el centro del mismo poco a poco, pudiendo los bomberos entrar, por fin, en la zona calcinada y ahogar los últimos focos en la calle Sevilla.


jueves, 9 de octubre de 2014

El incendio de Santander (I)

Sois bastantes los seguidores del blog los que, mediante el "Formulario de contacto", me habéis pedido que hable sobre el incendio de Santander, del que tanto he hablado en varios artículos. El incendio de Santander es un tema sobre el que ya tenía pensado escribir, pero reunir información y, sobre todo, resumirla para no hacer artículos largos y pesados ha sido una tarea que me ha llevado tiempo. Aunque la serie de artículos "Un poco de historia" está dedicada a la historia de Santander, a este tema voy a dedicarle una serie en exclusiva. Espero que os guste.


El incendio (I)



Aquel 15 de febrero de 1941, sábado, soplaba un frío viento racheado que fue rolando a Sur y aumentando su velocidad y fuerza. Por la noche ya era imposible caminar por las calles y llegó un momento en que tampoco el tráfico rodado podía circular. Las olas rompían con estrépito contra las machinas levantando maderos y piedras, los barcos reforzaron las amarras, las embarcaciones pequeñas pronto empezaron a zozobrar. Era tal la fuerza del viento, que el agua de la bahía llegó a golpear las ventanas de las casas del Alta.

Hacia las nueve de la noche el viento alcanzó ráfagas que superaban los 140 Km/h, cayendo sobre la ciudad una sonora lluvia de cristales rotos y tejas. Los miradores, balcones, chimeneas, recubrimientos de fachadas, etc., volaban como si fueran papeles; los escaparates estallaban en mil pedazos; las sillas y ramas del paseo de Pereda se estampaban contra las casas; los cables del tendido eléctrico y del tranvía comenzaron a ceder, dando latigazos que producían descargas y chispazos espectaculares. Quienes salían de la última sesión de los cines tenían que avanzar prácticamente arrastrándose por el suelo esquivando todo aquello que arrastraba el viento. Sobre las diez de la noche ya no quedaba nadie en las calles.

Aunque ya había habido varios conatos de fuego, en el número 20 de la calle Cádiz (primera foto) se inició un incendio que, aún hoy en día, no se sabe si fue originado por un cortocircuito o por las brasas de un fogón de una pensión. En cualquier caso, el tejado empezó a arder y las ascuas pasaron al número 15 de la Rúa Mayor (segunda foto) y a casas de la calle Somorrostro, llegando poco después a la calle Atarazanas. Al mismo tiempo empezó a arder el Palacio Episcopal, de donde el fuego pasó a la Catedral. En ese momento el incendio ya era una catástrofe inevitable. Los vecinos intentaban huir hacia el norte mientras el tejado de la Catedral ardía por los cuatro costados.

Por efecto del viento las llamas se propagaban horizontalmente, llegando de este modo más fácilmente a las casas. Además de al fuego, los bomberos también se enfrentaban al viento, que les impedía dirigir el chorro de agua de las mangueras hacia las llamas.



En la primera foto superior se puede ver cómo quedaron la Catedral y el Palacio Episcopal (el edificio que se ve detrás de la Catedral). En la segunda foto se pueden ver los restos de la torre. Cuando la torre de la Catedral estaba envuelta en llamas, las grandes campanas y el reloj cayeron con gran estruendo y acabaron fundiéndose por efecto del calor. En su caída arrastraron los pisos de la torre, lo que la convirtió en una gran chimenea que favoreció el avance del fuego. Las vigas del tejado de la Catedral, largas, gruesas y pesadas, eran llevadas por el viento, envueltas en llamas, como si fueran hojas de papel. De la calle Atarazanas, el fuego pasó a las calles La Ribera, San Francisco y La Blanca, de donde no tardaría en llegar a la plaza Vieja. También ardieron casas de la calle Del Puente, del Callejón del Infierno y el Hotel Victoria.


Enseguida empezaron a arder el almacén de Pérez del Molino, la iglesia de Nuestra Señora de la Anunciación ("La Compañía"), la redacción del diario Alerta y las calles Tableros, La Compañía, Carbajal (foto superior) y Santa Clara. Sobre las tres de la madrugada empezaron a derrumbarse algunos edificios de la calle San Francisco. El fuego ya había llegado a las calles Del Peso, Puerta la Sierra y a la plaza de los Remedios. La calle San José, donde se había refugiado un gran número de enfermos, mujeres y niños, es evacuada.



En estas fotos se puede ver cómo ardían los edificios de la calle Atarazanas y cómo quedó la plaza Vieja, con la iglesia de La Compañía a la izquierda de la foto.

El viento, al haber dejado los tejados sin la protección de las tejas, facilitaba que las brasas que él mismo hacía volar prendieran nuevos incendios en los desprotegidos edificios. Esto hizo que fuera en los tejados donde los bomberos, soldados y voluntarios se jugaran la vida durante muchas horas para llevar agua al tiempo que intentaban respirar y ver entre el asfixiante humo.

Para entonces las autoridades ya habían declarado el estado de guerra y encargaron a la Policía, la Guardia Civil y el Ejército el mantenimiento del orden público. Como el viento había derribado los postes de los tendidos telefónico y telegráfico, Santander estaba incomunicado. Las vías del ferrocarril y las carreteras también estaban cortadas por los árboles y cascotes caídos, por lo que sólo pudieron enviarse mensajeros en moto a las localidades y provincias vecinas para pedir ayuda, y aun así tardaron muchas horas en poder llegar a sus destinos.

Mientras tanto, el fuego seguía su imparable avance, tanto hacia el este como hacia el norte, llegando incluso a iniciarse incendios en algunas casas del Alta y de la calle María Cristina que pudieron ser sofocados por los propios vecinos. En su avance por la plaza de los Remedios, el fuego se vio cortado por el teatro Coliseum y el Instituto Santa Clara. Hacia el este, el edificio de la Aduana también hizo de cortafuegos, lo que permitió salvar las casas del paseo de Pereda, aunque dicho edificio acabó sucumbiendo a las llamas. La estrechez de las calles ayudaba a la propagación del fuego, que pasaba de un edificio a otro con gran rapidez.



El incendio de Santander (II). El incendio (II)


martes, 30 de septiembre de 2014

Primer aniversario

Hace un año que empecé este pequeño blog sobre Santander y, sinceramente, nunca pensé que podría llegar a tener tantas visitas: exactamente, 97.343 a la hora de escribir estas líneas. No sé si son muchas o pocas, pero para mi son muchas más de las que esperaba tener. Tengo que daros las gracias a todos los que lo visitáis y, especialmente, a todos aquellos que, con vuestros comentarios, sugerencias y críticas (que las ha habido, y agradezco), habéis ayudado a que "Escenas de Santander" poco a poco haya ido creciendo. También quiero dar las gracias a quienes os habéis suscrito al blog y a quienes lo habéis dado a conocer.

Espero seguir publicando contenidos que sean de vuestro agrado y puedo deciros que tengo preparados más temas, muchos de ellos relacionados con la historia de Santander, pues parece ser que éste es el tema que más os gusta, según se refleja en las estadísticas de visitas.

En este segundo año que ahora empieza espero seguir contando con vosotros y vuestras aportaciones. Una vez más, os doy las gracias a todos por visitar mi blog.

Gracias.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Un poco de historia (XXXVI)

La calle del Puente



En este artículo dedicado a la historia de Santander, vamos a hablar de la calle del Puente. Esta calle unía la plaza Vieja con la Catedral por el Puente de Vargas, del que hemos hablado en el artículo anterior dedicado a la calle de La Ribera. En la foto se puede ver cómo era la calle del Puente en 1900.


Esta calle, como se ha dicho, partía de la plaza Vieja y, por el Puente de Vargas, llevaba hasta la misma torre de la Catedral, donde confluían las calles Somorrostro y Rúa Menor, así como el callejón del Infierno. En la foto de 1907 se puede ver, a la izquierda, el inicio de la calle Somorrostro y la escalera que conducía a la Puerta de los Mártires, por la que se accedía a la Catedral y que desapareció en la reconstrucción de la Catedral tras el incendio de 1941.

Saliendo de la plaza Vieja, la calle del Puente se comunicaba con la de La Ribera por una rampa, a la izquierda, y por unas escaleras, a la derecha, que terminaban junto a la calle Colón.



Estas dos fotos de 1905 muestran una vista de la calle del Puente desde la Catedral. En la segunda foto se puede ver, al fondo, el Ayuntamiento y la plaza Vieja.



En la primera foto superior, de 1909, se puede ver una vista de la calle del Puente desde una casa de La Ribera, mientras que en la segunda foto, de 1920, se puede ver una vista desde la plaza Vieja. En la calle del Puente hubo establecimientos que muchos aún recuerdan, como la confitería "Varona", la botica de Navedo, los ultramarinos de El Manco, etc.

En 1936 la calle del Puente se vio interrumpida al ser derribado el Puente de Vargas por el alcalde don Ernesto del Castillo y Bordenabe con la idea de construir una gran avenida. En el lado de La Ribera se conservaron las escaleras y la rampa, mientras que en el otro lado, en la calle Atarazanas, se tuvieron que construir unas escaleras para poder acceder a la calle del Puente y a la Catedral.



Las dos fotos superiores permiten ver cómo quedó la calle del Puente en el incendio de 1941. En la primera, tomada desde la Catedral, se ven al fondo los restos de la iglesia de La Compañía y de la plaza Vieja, mientras que en la segunda se puede ver cómo quedaron la calle del Puente y la Catedral.




Tras la reconstrucción de la ciudad, además de hacer un nuevo trazado de las calles, también se rebajó el nivel de las mismas. Por lo que respecta a la calle del Puente, se trazó una nueva calle, prácticamente con el mismo trazado y casi en el mismo sitio que su predecesora, conservándose únicamente el nombre. En la primera foto superior se puede ver cómo era la calle del Puente en 1977, mientras que en la segunda foto se puede ver cómo es en la actualidad.


Un poco de historia (XXXVII). La Alameda Primera y la Acera del Correo
Un poco de historia (XXXV). La calle de La Ribera y el puente


lunes, 22 de septiembre de 2014

Un poco de historia (XXXV)

La calle de La Ribera y el puente




Hace unos meses publiqué un artículo, en esta serie sobre la historia de Santander, en el que hablaba, de forma muy resumida, sobre la calle de La Ribera y el puente de Vargas. En el presente artículo voy a desarrollar más dicho contenido.

Hacia 1861 La Ribera era una calle con casas sólo en su lado norte, casas cuyas fachadas traseras daban a la calle de La Blanca. La Ribera estaba delimitada por el puente que unía las pueblas Alta y Baja, al oeste, y por la casa de la Aduana (situada donde hoy está la delegación de Hacienda; segunda foto, de 1912), al este. El nombre de "La Ribera" ya lo tenía esta calle a mediados del siglo XVI hasta que en 1927 el Ayuntamiento quiso ponerla el nombre de "Marqués de Estella", pero prevaleció el criterio de no cambiar los nombres arraigados en la tradición y la historia local, recuperando así su nombre original. En 1930 se le cambió por el de "Juan José Ruano de la Sota", en recuerdo del destacado político. Pese al cambio de nombre, la gente la seguía llamando La Ribera.

Como desde sus orígenes siempre había estado ligada a la actividad marítima, y por su cercanía al Muelle y a la dársena, en ella tenían sus despachos muchas corredurías y escritorios de comercio y navegación y almacenes de pertrechos navales, lo que daba al lugar un aspecto muy peculiar. Entrado el siglo XX, La Ribera era un muestrario de galerías acristaladas y de miradores. Por ella circulaba un tranvía de mulas (primera foto, de 1877) que fue sustituido por uno eléctrico, y también por ella circularon los primeros automóviles que se vieron en Santander.



A La Ribera, por su parte occidental, junto al puente, daba la calle de Atarazanas. Donde hoy en día empieza la avenida de Calvo Sotelo estaban las atarazanas de galeras o almacenes de pertrechos para las armadas reales. Sobre las ruinas de las atarazanas Juan de Isla y Alvear construyó sus almacenes para el aprovisionamiento de los navíos que construía en Guarnizo. En Atarazanas estuvo la plaza de la Dársena, en cuyo solar se construyó el actual edificio de Correos. Paralela a la calle de Atarazanas estaba la de Colón, que tuvo sus orígenes en una estrecha vía que quedó entre las edificaciones de la parte norte de Atarazanas y las del sur de San Francisco cuando los herederos de Isla y Alvear construyeron en sus solares.

En la primera foto superior, de 1914, se puede ver el inicio de la calle Atarazanas. El edificio que se ve en primer plano era la Pescadería, el mercado de pescado. En la segunda foto superior, de 1936, se puede ver la calle Colón.


Sin ninguna duda, el elemento más característico de La Ribera era el puente, construido para unir las dos pueblas y salvar el arroyo de Becedo. En él tuvieron lugar diversas contiendas en la Edad Media entre los vecinos de ambas pueblas. Pese a que tanto la dársena como el arroyo fueron rellenados, el puente se conservó y bajo él, en lugar de quechemarines y pinazas, ahora pasaba el intenso tráfico de la ciudad. Cuando en 1831 se quiso sustituir el puente, el arquitecto Cristóbal de Bernaola dijo: "Su disposición artística es tan tosca y antigua, que más parece construcción de los bárbaros y silingos que de los tiempos posteriores".

Cuando Bernaola presentó su informe, el puente era de mampostería, el arco de figura peraltada, arrancando desde el mismo suelo de la calle inferior, dejando apenas espacio para el tráfico y presentaba un lamentable aspecto de ruina, con grandes grietas, por lo que se decidió su demolición y reedificación. Debido a que el Municipio no disponía de recursos suficientes para acometer una obra de tal magnitud, se optó por construir un puente de madera, empezando su construcción en 1832. Se subastó la obra y le fue adjudicada a José López Bustamante en la cantidad de 28.086 reales.

Cuando las obras ya estaban adelantadas, los propietarios de las casas colindantes denunciaron las obras y también se detectaron notables diferencias en los niveles de las calles que unía el puente. El arquitecto Diego del Castillo inspeccionó las obras y encontró una serie de errores respecto a la altura, el pavimento y otros elementos de la construcción que hubieron de rectificarse. Sin embargo, las obras se suspendieron mientras se consultaba a la superioridad, recibiéndose, en abril de 1833, una Real Orden que disponía que las obras debían concluirse. No obstante, el Ayuntamiento se desentendió del asunto, pues "la obra es perjudicial en la forma y modo en que está comenzada [...] según todos los informes y juicio de los inteligentes consultados".

Los acontecimientos políticos de la época acallaron el pleito entre los constructores y el Ayuntamiento, y seis años después se planteó la cuestión de retirar el puente de madera para construir un puente de gran porte dada la importancia del lugar. Felipe Díaz, alcalde de la ciudad en aquella época, opinó que "habiendo un fondo procedente de donativos hechos por los montañeses de Ultramar" se destinasen a un recuerdo a la Batalla de Vargas (1833). Se decidió construir un puente de piedra según un proyecto presentado por Antonio Zabaleta, con un presupuesto de 110.000 reales de vellón, empezando las obras en abril de 1840. Fueron recibidas oficialmente el 13 de marzo de 1841 (foto superior, 1885).



Bajo él pasaban los tranvías de mulas, que posteriormente fueron sustituidos por tranvías eléctricos, que a duras penas pasaban bajo el puente, pues entre éste y el trolley de los tranvías apenas quedaban unos centímetros. Esto provocó que fuera sustituido por otro en 1912, diseñado por Alberto Corral. Entonces se aprovechó la oportunidad para ensanchar la calle, siendo derribada una casa en la mano de la plaza Vieja, quedando así establecida la alineación de la calle Colón con La Ribera. El paso de la plaza Vieja a La Ribera y Atarazanas se hacía por una escalinata de piedra, que daba a la calle Colón, situada junto a la casa de Varona, y por una rampa junto a las casas de La Ribera. El puente estaba adornado por una barandilla de hierro con columnas que soportaban farolas, dos de las cuales se encuentran hoy en día en la plaza de Cañadío.

En la primera foto superior se puede ver cómo era derribado el puente y en la segunda foto se puede ver la construcción del nuevo puente. Al fondo de la segunda foto se puede ver la casa que estaba entre las calles Atarazanas y Colón.






Este puente sólo duró unos 24 años, pues en 1936 el alcalde Ernesto del Castillo y Bordenabe (conocido popularmente como "El Piqueta") ordenó su demolición para crear una gran avenida, denominada "Avenida de Rusia", que no llegó a construirse. Se mantuvieron la rampa y las escalinatas y se construyeron otras para acceder a la Catedral en 1937 por el nuevo alcalde, Emilio Pino Patiño. Apenas se habían terminado de construir las escalinatas, La Ribera y todo su entorno fueron víctimas del más pavoroso incendio en la historia de la ciudad, ya que supuso su desaparición, pues en la reconstrucción posterior se cambió el trazado de las calles y se crearon otras nuevas.

La primera foto superior muestra una vista desde el puente de La Ribera y del paseo de Pereda. En la segunda foto superior se puede ver cómo era La Ribera en 1930 vista desde la casa situada entre las calles Colón y Atarazanas. En la tercera foto se puede ver La Ribera desde la calle Atarazanas, y en la cuarta foto se puede ver los trabajos de derribo del puente en 1936.






En estas fotos se puede ver cómo quedaron las calles Atarazanas (primera foto) y La Ribera después del incendio de 1941.


Un poco de historia (XXXVI). La calle del Puente
Un poco de historia (XXXIV). Las calles San Francisco y La Blanca


jueves, 18 de septiembre de 2014

Refugios antiaéreos (IV)


El refugio que hoy nos ocupa está en El Sardinero, para ser más exacto en los Jardines de Piquío, en la parte que da a la Primera Playa, en el muro de piedra de la terraza más cercana a la playa. Se puede apreciar el arco de la bóveda, aunque con el tiempo el nivel del suelo ha ido subiendo.


Refugios antiaéreos (V)

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Refugios antiaéreos (III)


En la foto superior podemos ver los restos del refugio que se encuentra en el tramo final de la calle Perines, cerca de las escaleras que comunican con la calle Camilo Alonso Vega. Se puede ver que la entrada, aparentemente, está en buen estado, desconociéndose en qué estado se encuentra el interior.



Para poder ver estos otros dos refugios hemos de desplazarnos hasta el final de la Rampa Sotileza, junto a la calle Cádiz. Detrás del texto del monumento a "Sotileza" se pueden ver las entradas de los mismos. El refugio de la segunda foto es el más cercano a la calle Cádiz y tal vez no sea tan fácil de distinguir como el de la primera foto.


Oculto tras las escaleras que se ven en la foto se encuentra el túnel por el que circuló el llamado "tren de Pombo", o "del túnel", que iba a El Sardinero. Cuando el tren dejó de circular en 1912, el túnel fue cerrado, pero durante la Guerra Civil fue abierto y empleado como refugio antiaéreo. Las escaleras de la foto se encuentran en la calle Tetuán y unen ésta con el Barrio Camino.



martes, 16 de septiembre de 2014

Refugios antiaéreos (II)





En la calle Bonifaz, justo frente a la Filmoteca Regional, podemos encontrar los cuatro refugios antiaéreos de las fotos superiores. Están en el muro del convento de las RR.MM. Siervas de María, que tiene la entrada por la calle Santa Lucía.







Los seis refugios de las fotos superiores se encuentran en la calle San Martín, en el muro de la finca de los PP. Escolapios. Como se puede ver por las fotos, hay algunos que cuesta diferenciarlos del muro debido al estado en que se encuentran.