lunes, 7 de septiembre de 2015

Monumento al doctor Guillermo Arce

Los monumentos se erigen para honrar la memoria de un personaje ilustre, recordar un hecho histórico, etc., y por ello se sitúan en lugares en los que destaquen y la gente pueda verlos. Sin embargo, debido a diversas circunstancias, a veces son cambiados de lugar, ya sea de forma temporal (por alguna obra, por ejemplo) o permanente. En este último caso los motivos son más variados: decisiones políticas con los argumentos más variopintos, el nuevo diseño de una plaza, "a alguien no le gusta donde está", etc. En unos casos la nueva ubicación puede ser mejor que la anterior y en otros casos, la mayoría, el monumento pasa a estar en lugar en el que pasa desapercibido.

Este es el caso del monumento que nos ocupa. En 1970 se inauguró en los Jardines de Pereda un monumento al doctor Guillermo Arce (1901-1970), obra de Juan de Avalos. Guillermo Arce fue doctor en Medicina, especializado en Pediatría y Puericultura. Fue catedrático de Pediatría en las Universidades de Santiago de Compostela y Salamanca. Además de ocupar importantes cargos (Puericultor Jefe del Instituto Provincial de Sanidad y de la Escuela Provincial de Sanidad, Director de la Escuela de Puericultura, entre otros), también creó el Jardín de Infancia de Santander y el Servicio de Puericultura de la Casa de Salud Valdecilla. También es considerado el fundador de la Escuela de Pediatría Española.

Cuando murió se erigió un monumento en su honor mediante suscripción popular. Debido a su entrega a los niños el monumento fue situado en los Jardines de Pereda, junto a los columpios y un pequeño carrusel, en la zona de juego de los niños (¿cuántos críos se habrán subido a él y sentado en sus rodillas?). El monumento consta de una figura sedente del Doctor Arce que sostiene un libro en el regazo. Está realizada en piedra blanca. En la parte de atrás hay una columna de granito. Tanto la figura sedente como la columna están sobre una base también de granito. En la parte superior de la columna hay una placa con la inscripción: "Al profesor D. Guillermo Arce Alonso. Ilustre pediatra montañés". Sus restos descansan en el Panteón de Hombres Ilustres en el cementerio de Ciriego.

Monumento al doctor Guillermo Arce en los Jardines de Pereda

Sin embargo, en los años 90, debido a unas reformas en los Jardines, el monumento fue retirado de su lugar. Sin embargo, una vez acabadas las obras el monumento no volvió a su lugar. Cuando terminaron las obras del aparcamiento subterráneo de Puertochico el monumento fue colocado frente a una entrada peatonal al mismo, cerca del número 1 de la calle Castelar, donde residía.



Monumento al doctor Guillermo Arce en Puertochico

Cualquiera que pase por la zona podrá ver que ese no es un lugar adecuado para ningún monumento, sobre todo si éste está dedicado a un personaje ilustre, importante, etc., como en este caso. Parece que el doctor Arce está vigilando la entrada al aparcamiento.

Por otra parte, aunque está en aparente buen estado, como les ocurre a muchos monumentos de la ciudad, está necesitado de una buena limpieza, sobre todo la placa con la dedicatoria.

martes, 1 de septiembre de 2015

El Vivarium de El Sardinero

Además de la Estación de Biología Marina, en Santander hubo otro edificio destinado a la divulgación científica, en especial de la fauna marina de los fondos cantábricos, aunque también mostraba otro tipo de fauna.

Vivarium (1950)

Se trata del Vivarium, un pequeño edificio de una planta, construido en la explanada de El Sardinero, la popular "terraza". En su interior había peceras, jaulas con pequeños animales, animales disecados, etc. Fue construido por Wilhelm Dierssen, de origen alemán (Bersinghausen, 1897 - ¿?), que fue considerado agente y espía nazi, y también fue relacionado con los nazis que escaparon de Alemania al terminar la II Guerra Mundial. Fue el padre del Dr. Guillermo Dierssen (Madrid, 1930 - Santander, 1999), eminente neurocirujano español que desarrolló gran parte de su carrera en el Hospital Marqués de Valdecilla.


El Sardinero (años 50)


El Sardinero (años 70)

El Vivarium fue derribado en 1981, aunque ya llevaba unos años cerrado.


domingo, 30 de agosto de 2015

Un poco de historia (XLII)

La Estación de Biología Marina

En 1883 al científico montañés Augusto González de Linares (Valle de Cabuérniga, 1845 – Santander, 1904), siendo catedrático en la Universidad de Valladolid, se le encomendó el estudio de las costas españolas. De dicho proyecto surgió la creación de la Estación Marítima de Zoología y Biología Experimentales, la primera en España dedicada al estudio de la biología marina, y una de las pocas que había en el mundo en esa época. En 1886 viajó a Italia para estudiar el funcionamiento de instituciones similares. Cuando volvió a España al año siguiente propuso que la primera Estación española se construyera en Santander, dado el gran apoyo que recibió en Santander para su creación y a que el mar Cantábrico no estaba tan estudiado como otros mares y era idóneo para estudiar los fondos marinos.

Acuario de la Estación de Biología Marina (1900)

Su primera ubicación, en 1889, fue una pensión en el centro de Santander. De ahí pasó a un chalé en El Sardinero hasta que en 1903 se traslada a un piso en Puertochico. Por fin, en 1907 se traslada a su ubicación definitiva, un pequeño edificio situado en Gamazo, junto a la fábrica de gas, en el que había laboratorios, una pequeña exposición y acuarios.

Estación de Biología Marina en Gamazo (años 70)

En 1901 fue adscrita al Museo Nacional de Ciencias Naturales, con el que pasó a formar parte de la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. En 1914 fue transferida al recién creado Instituto Español de Oceanografía (IEO). El edificio de Gamazo estuvo en activo hasta 1978, año en el que fueron inauguradas las actuales instalaciones del IEO, en donde está el laboratorio, y el Museo Marítimo del Cantábrico, en donde está la exposición. También está el laboratorio original de Augusto González de Linares.

Plaza de Augusto González de Linares (1912)

Monumento a Augusto González de Linares en los Jardines de Piquío

En 1904 la ciudad honró a Augusto González de Linares dando su nombre a la plaza del Pañuelo (actual plaza de Italia), en donde fue colocado un monumento, obra de José Quintana. En él hay un busto de González de Linares y una figura femenina que representa una alegoría de la Fama que le tiende una rama de laurel. En 1917 fue trasladado a los Jardines de Piquío y al finalizar la Guerra Civil fue desmontado, siendo el busto trasladado al Museo Marítimo y el pedestal con la figura femenina a la Alameda de Oviedo en 1971. Unos años después el busto fue puesto de nuevo en el pedestal para la restauración del monumento, llevada a cabo por Eduardo Anievas. Una vez restaurado fue llevado de nuevo a El Sardinero, esta vez a los pequeños jardines situados entre la playa de La Concha y la Primera Playa, donde aún sigue. Como se puede ver, este monumento también ha conocido distintas ubicaciones en la ciudad, aunque no tantas como el monumento a Velarde.

Monumento a Augusto González de Linares en la actualidad

Aunque el monumento se encuentra en El Sardinero, está en un lugar en el que apenas destaca. También hay que decir que está totalmente abandonado y necesitado de una buena limpieza y restauración, como, desgraciadamente, la mayoría de los monumentos de la ciudad. La mano con la rama de laurel de la figura femenina hace tiempo que desapareció.




domingo, 2 de agosto de 2015

Los jarrones de piedra

Entre los distintos elementos que podemos encontrar en la ciudad como parte del ornamento público hoy nos vamos a fijar en dos de ellos que, como todos los demás, pasan totalmente desapercibidos aun estando a la vista. Me refiero a dos jarrones de piedra, exactamente iguales, que están en distintos puntos de la ciudad.

Uno de ellos está en la plaza de Puertochico y el otro está en la Alameda de Oviedo, cerca de la plaza de Numancia.

Jarrón en Puertochico

Jarrón en la Alameda de Oviedo

Como se puede ver en las fotos los dos jarrones están sobre sendas columnas también iguales, al igual que su base. No sé su antigüedad (tampoco sé si los actuales son los originales o son réplicas), pero si no son centenarios pronto lo serán, pues en los años 30 ya estaban en los jardines centrales del Paseo de Pereda, como se puede ver en la siguiente foto.


Aunque los jarrones son iguales, en la foto se puede ver que las columnas sobre las que están son un poco más altas que las actuales, aunque tienen el mismo diseño. En esta misma foto, al fondo y a la izquierda, se puede ver el banco monumento al Doctor Quintana, inaugurado en 1927.

miércoles, 15 de julio de 2015

Museo de la Catedral

A todo aquel que le interese la historia de Santander, y a todos en general, le recomiendo que visite el Museo de la Catedral, situado en la torre. La visita, muy amena, comienza en el atrio, donde la guía cuenta cómo era antiguamente la costa y el poblado que dio origen a la ciudad, y cómo los romanos se asentaron aquí. A continuación la guía explica, de forma resumida, cómo fue evolucionando hasta convertirse en la actual ciudad.

Se tiene constancia de que en el siglo VIII el rey Alfonso VII construyó una pequeña iglesia santuario dedicado a San Emeterio y San Celedonio. En el siglo XI ya había una pequeña comunidad religiosa que convirtió el santuario en abadía. En el siglo XII se construyó la iglesia inferior, la actual iglesia de El Cristo, y un siglo después se terminó de construir sobre ella, empleando la misma planta, la iglesia superior, la abadía, a la que, con el paso del tiempo, se le fue añadiendo un atrio, naves, etc. Cuando fue constituido el Obispado de Santander y la abadía se constituyó en catedral, junto a ella se construyó el Palacio Episcopal.

Desgraciadamente, en el incendio de 1941 que asoló la ciudad, la catedral resultó prácticamente destruida. También se perdió el Palacio Episcopal. Sin embargo, la iglesia inferior resultó intacta, así como el atrio, que apenas sufrió daños.

Escalera de caracol en el interior de la torre

A partir de este punto, la visita se traslada al interior de la catedral, por donde se accede a la torre. Primero se llega a una pequeña sala donde en un video muy interesante se nos muestra la historia que nos acaba de contar la guía. A continuación hay que subir hasta el campanario. Para ello se puede utilizar un ascensor o se puede subir andando, con mucho cuidado, por la estrecha escalera de caracol original de la torre. 

 Campana dedicada a los Santos Mártires Emeterio y Celedonio



Vistas desde el campanario

Una vez arriba, se pueden ver las campanas de la torre y unas vistas espectaculares de Santander y de la bahía. Aquí la guía cuenta la historia de las campanas. Cada campana tiene su nombre y son de varios tamaños. Además, cada una tiene su propio sonido y su uso específico: una para los cuartos, otra para las horas, etc. Para hacerlas sonar un sistema eléctrico acciona un mazo que golpea la campana, aunque también se las puede voltear mediante motores eléctricos.





A continuación se baja a las plantas inferiores en las que se puede observar objetos encontrados en excavaciones, ménsulas, una pila bautismal de origen árabe, distintas casullas, ajuar religioso, documentos, libros de canto y otros objetos relacionados con la historia de Santander.






Dos de los objetos que más llamarán la atención a algunos son la carretilla de caoba y la pala de plata con la que Francisco de Asís, rey consorte de Isabel II, inició las obras del ferrocarril Santander-Alar del Rey en 1852.

Además del campanario, la exposición se organiza en las tres plantas interiores de la torre que, pese a ser pequeñas, están muy bien organizadas.

viernes, 19 de junio de 2015

Un poco de historia (XLI)

La plaza de las Estaciones

Actualmente se la conoce como la plaza de las Estaciones, pero su primitivo nombre era Plaza de las Navas de Tolosa. Recibió el nombre a finales del siglo XIX y rememora la célebre batalla de las Navas de Tolosa, que tuvo lugar el 16 de julio de 1212, en la que se enfrentaron un ejército aliado cristiano, mandado por Alfonso VIII de Castilla, y las tropas almohades del califa Muhammad an-Nasir en la provincia de Jaén. La batalla fue ganada por las tropas cristianas y es considerada como un hecho muy importante de la Reconquista.


Rampa de Sotileza y plaza de las Navas de Tolosa

El paredón de la Rampa de Sotileza formaba el límite norte. Al oeste lindaba con la Estación del Norte. La actual calle Atilano Rodríguez y el túnel se abrieron después del incendio de 1941, coincidiendo con la construcción de las nuevas estaciones. La plaza limitaba al sur con la calle Calderón de la Barca y las vías del ferrocarril, y al este con el edificio en el que estuvo el Hotel México (actual Hotel Abba Santander), otro edificio que hace esquina a la calle Méndez Núñez y un viejo almacén en cuyo solar se construyó años después el edificio en el que está la Ferretería Montañesa.

Estación del Norte (1936)

Ya en la Edad Media existía en esa zona una muralla que defendía la entonces villa de Santander de los ataques por el mar. Dicha muralla seguía la línea marcada por el Castillo de San Felipe y la entonces Abadía de los Santos Cuerpos. En dicha muralla había una escalinata que comunicaba la Puebla Alta con un pequeño embarcadero denominado El Dueso. Debido al mal estado en que se encontraba dicha escalinata, el Ayuntamiento decidió construir un camino que comunicara la calle Alta con el ferrocarril, atravesando dos grandes zonas de marisma, una de las cuales dio origen a la plaza de las Navas de Tolosa al ser rellenada. Después de muchos proyectos, el 29 de marzo de 1887 se terminaron las obras de la actual Rampa de Sotileza. 

Por la plaza también circulaban los tranvías que tenían ramales que terminaban en la Estación del Norte. Junto al paredón se encontraban los Talleres Corcho, que fabricaban calderas, cocinas, aparatos sanitarios, etc. 

Estaciones (1947)

Plaza de las Estaciones (1960)

Plaza de las Estaciones (años 70)
(Autor: Fotografía Mazo)

Con el tiempo la plaza acabó siendo un descampado, conocido popularmente como "la suelta", en el que se podía alquilar o contratar carros de caballos para transportar mercancías. Poco a poco los carros fueron sustituidos por camiones y furgonetas, y el lugar también empezó a ser utilizado como aparcamiento y punto de salida y llegada de los autobuses que cubren las líneas con los pueblos de la provincia, hasta que en los años 80 se construyó la actual Estación de Autobuses.


Cuando se construyeron las actuales estaciones de ferrocarril la plaza empezó a llamarse "de las Estaciones", nombre con el que se ha quedado. Con el nombre de Navas de Tolosa fue llamada la pequeña calle que une las calles Cádiz, Méndez Núñez y Calderón de la Barca.

Ferias de Santiago en la plaza de las Estaciones

Tren de mercancías circulando por la calle Calderón de la Barca

Los trenes dejaron de circular por la calle Calderón de la Barca a finales de los años 80. En la plaza también se instalaron las ferias de Santiago durante algunos años.

Plaza de las Estaciones en la actualidad

Calle Navas de Tolosa en la actualidad




jueves, 28 de mayo de 2015

Un poco de historia (XL)

La fábrica de gas

Hacia el año 1845 en Santander había varios planes de reforma para modernizar la ciudad: el ensanche de Maliaño, la construcción del ferrocarril, etc. Uno de estos planes fue propuesto por el ingeniero francés Lamartiniére y consistía en instalar un nuevo alumbrado público por gas, ya que hasta entonces los faroles públicos eran de aceite. Como Lamartiniére no terminaba de presentar su proyecto, el empresario inglés Partington presentó otro similar.


Fábrica de gas en Gamazo

La Corporación Municipal calculó que el alumbrado se encendería "concediendo hora y media de crepúsculo desde que se pone el sol hasta que es de noche, y otro tanto por la mañana, desde que amanece hasta que sale el sol, lo que resulta en 3.285 horas de noche al año". Partington se comprometió a realizar el servicio por 40.000 reales anuales, lo que daba un precio de 3,5 maravedís por farol y hora. El Ayuntamiento compró en el Prado de Viñas1 unos terrenos para instalar en ellos la fábrica del gas que iluminaría las principales calles de la ciudad. Sin embargo, Partington se declaró impotente para llevar a cabo el compromiso adquirido, por lo que Lamartiniére regresa y negocia con el Ayuntamiento la transferencia de los derechos concedidos a Partington. Lamentablemente Lamartiniére tampoco pudo llevar a cabo su proyecto al no encontrar la financiación necesaria. 

Mientras tanto, la ciudad seguía iluminándose con faroles de aceite, 195 en total, lo que costaba unos 50.000 reales al año. En 1852 el empresario José Mamby presenta un proyecto al Ayuntamiento que es aceptado. Sin embargo, la fábrica de gas y el gasómetro se construyeron en Molnedo2, rechazándose el terreno en el Prado de Viñas. A finales de 1853 las principales calles de la ciudad se vieron iluminadas por una luz blanca que causaba admiración. En un principio sólo eran 96 los faroles alimentados por gas. En 1896 la cifra ascendía a 754. Sin embargo, en calles secundarias y alejadas del centro, y también como reserva en calles principales, se mantuvieron los faroles de aceite.

En 1862 Mamby transfirió la concesión a la Compañía General de Alumbrado de Gas Lebón, de origen francés, con la que el Ayuntamiento firmó un nuevo contrato. Además de su uso para la iluminación, el Ayuntamiento tenía la intención de extender el uso del gas a los vecinos para calefacción y fuerza motriz en talleres y fábricas. A partir de 1876 el gas empieza a llegar a las casas, talleres y comercios. En 1889 la Compañía General de Alumbrado de Gas Lebón pide que se le autorice a trasladar el gasómetro y la fábrica al barrio Las Higueras ya que constituían un peligro en el barrio de Molnedo por estar éste muy poblado. La apertura de la nueva fábrica de gas coincide con el inicio de las obras del nuevo paseo de Puertochico, que en 1899 recibe el nombre de Castelar en homenaje al insigne político y último presidente de la Primera República.


Vista aérea de la fábrica de gas y del dique de Gamazo recién abierta la Cuesta del Gas
(Junto a las naves de la fábrica se puede ver el edificio de la Estación de Biología Marina)

La nueva fábrica utilizaba tres hornos de siete retortas cada uno calentados a fuego. En las retortas se introducía hulla que, por acción del calor de los hornos, se destilaba y producía un gas que era ideal para el alumbrado al estar compuesto, básicamente, de hidrocarburos, aunque también se componía de monóxido de carbono, hidrógeno, ácido sulfhídrico, amoníaco, anhídrido carbónico, vapor de agua y alquitrán. La destilación de la hulla producía coque como residuo. El gas se depuraba por condensación, por lavado y por diferentes procesos químicos. Después era almacenado en los gasómetros para su distribución a los clientes de la empresa. En 1912 la empresa cambió los hornos por hornos del tipo Lachomette, de ocho retortas. 

Desde el primer momento a los vecinos les resultó molesto el tener junto a sus casas la fábrica y el gasómetro debido a los humos, olores y carbonilla que producían. A partir de los años 20 el alumbrado público empieza a ser eléctrico, por lo que el gas, poco a poco, deja de emplearse para el alumbrado, destinándose a otros usos. En 1923 Lebón constituyó la Compañía Española de Electricidad y Gas Lebón, S.A., que agrupaba las fábricas que tenía en Cádiz, Murcia, Santander, Granada, Valencia y Málaga. Lebón también producía electricidad, y en Santander produjo electricidad hasta la aparición de la empresa Electra de Viesgo. 


Fábrica de gas (1955)

En 1924 Santander tenía unos 65.000 habitantes, de los que 5.628 eran abonados de la Compañía Española de Electricidad y Gas Lebón. El consumo de gas ese año ascendió a 1.312.000 m3, lo que hacía un consumo medio de 233,12 m3 por abonado. La red de distribución tenía una longitud de 31 Km. 

Entre 1955 y 1960 se empieza a sustituir la destilación de hulla por derivados del petróleo, sobre todo nafta, para producir gas. En 1965 la Compañía Española de Electricidad y Gas Lebón pasa a ser la Compañía Española de Gas. En 1957 hace su aparición el gas butano y en los años 70 se empieza a utilizar el gas natural, lo que produjo un descenso en la producción de gas de hulla y derivados del petróleo. 


Vista de Puertochico con la fábrica de gas ya cerrada al fondo (1980)


Fábrica de gas cerrada

La fábrica estuvo funcionando hasta finales de los años 70, en que cerró. Tras estar abandonada unos años, en el solar se construyó la actual Escuela Universitaria de Náutica. De la fábrica de gas tan sólo quedan pocos rastros: la arcada situada en el muro perimetral, parte del muro, algunas viejas bases de alumbrado en Puertochico y, sobre todo, el nombre que recibió el último tramo de la calle Castelar y con el que es conocido popularmente. La actual Cuesta del Gas fue abierta a principios de los años 50. Para ello el Ayuntamiento tuvo que negociar con la fábrica para comprar parte de sus terrenos y así poder abrir una vía para unir la calle Castelar con la avenida de Reina Victoria.


Arcada de la fábrica de gas en la actualidad


Restos de una base del alumbrado en Puertochico
(aún se puede leer "Gas de" y "Lebón")

1 El Prado de Viñas estaba situado, aproximadamente, al final de la calle Asilo, donde está el Grupo José María de Pereda, en la calle San Celedonio. Debe su nombre a que en él había plantados varios viñedos.
2 La calle Molnedo es la actual calle Casimiro Sainz.




jueves, 7 de mayo de 2015

Los primeros autobuses

Desde finales del siglo XIX el transporte de pasajeros en Santander estaba cubierto por las distintas líneas de tranvías que atravesaban la ciudad. A principios de los años 50 los tranvías fueron sustituidos por trolebuses cuando el Ayuntamiento se hizo cargo del transporte urbano de pasajeros, y pocos años después entraron en servicio los primeros autobuses, que cubrían nuevas líneas.



Sin embargo, estos autobuses municipales no fueron los primeros que circularon por Santander transportando pasajeros entre distintos puntos de la ciudad. Como se puede ver en las fotos superiores, en los años 30 la empresa de César Lavín tenía un servicio de autobuses entre Valdecilla y El Sardinero. En la segunda foto se ve al autobús en una parada en la calle de La Ribera, frente a Correos. Esta foto es, como mucho, de 1936, pues en ese año se derribó el Puente de Vargas, que unía la Plaza Vieja con la Catedral, y cuya rampa de acceso desde La Ribera se ve en la foto.


En esta otra foto, de 1930, se ve un autobús que iba de El Sardinero hasta el Faro (Cabo Mayor). En cualquier caso, no he podido encontrar documentación alguna sobre estos servicios (años que duró el servicio, cuándo fue autorizado, etc.).


jueves, 30 de abril de 2015

Los trolebuses en Santander (II)

Los trolebuses a El Astillero

Una vez que la Empresa Muñoz transfiere la concesión de la línea de trolebuses de Santander a El Astillero a la empresa Compañía de Trolebuses Santander-Astillero (CTSA) en 1953, el nuevo concesionario encarga a la empresa alemana MAN cinco trolebuses para cubrir el servicio. Éstos eran del modelo MK 3, estaban carrozados por la empresa alemana Kassborher y fueron numerados del 1 al 5. Eran de color gris en su parte inferior y de color crema en su parte alta. Para la alimentación de la línea eléctrica la empresa CTSA compró en Inglaterra dos estaciones transformadoras y rectificadoras.

Trolebús en la Plaza del 18 de Julio (actual Plaza de la Constitución) de El Astillero


Trolebús en la calle Cádiz de Santander

El recorrido desde Santander a El Astillero, unos 11 Km, estaba previsto que durara unos 25 minutos a una velocidad máxima de 70 Km/h (el tranvía tardaba, aproximadamente, hora y media en hacer el mismo recorrido). El 20 de mayo de 1955 empiezan las pruebas de los nuevos trolebuses, en los que han trabajado ingenieros de varias nacionalidades para ponerlos a punto. Mientras duraban las obras de instalación de los postes y del tendido eléctrico, y las pruebas de los trolebuses, el servicio era prestado por medio de autobuses. El servicio con trolebuses se inaugura oficialmente el 17 de junio de 1955.

En 1960 la empresa London Transport, responsable del transporte público en Londres, puso a la venta un lote de 125 trolebuses de dos pisos usados. Eran unidades del modelo Q1 de la marca BUT (British United Traction), fabricados entre 1948 y 1952, que estaban en muy buen estado y se ofrecían a un precio muy interesante.

Diversas empresas españolas, CTSA entre ellas, mostraron su interés en la operación y se unieron en la compra para así solicitar de forma conjunta los permisos de importación y agilizar los trámites. El coordinador de la operación fue Joaquín Peñalosa, director de la Compañía del Tranvía de San Sebastián, ya que ésta fue la primera empresa en mostrar interés en la adquisición de los trolebuses ingleses.

En diciembre de 1960 se obtuvo el permiso necesario para la importación, autorización que expiraba el 10 de marzo de 1961, por lo que era muy urgente proceder a la compra de los trolebuses y a su traslado a España. La entrega de los trolebuses por parte de la empresa London Transport se produjo el 12 de febrero de 1961, siendo embarcados ese mismo día. La empresa Anso y Compañía fue la responsable de su traslado a España, a donde llegaron las primeras unidades dos días más tarde a bordo del barco Hille Oldendorff.


Debido a una serie de discrepancias con la Aduana del puerto de Pasajes sobre cómo debían valorarse los trolebuses para pagar el impuesto de importación, éstos estuvieron retenidos hasta el mes de mayo. Una vez resueltos los problemas, los trolebuses fueron repartidos y enviados a sus ciudades de destino, aunque algunos fueron traídos en barco directamente a Santander.


Desembarco de trolebuses en el puerto de Santander (1961)

También debieron ser adaptados y hubo que poner las puertas de acceso en el lado derecho ya que, al ser ingleses, las tenían en el lado izquierdo. Sin embargo, el puesto del conductor se mantuvo en el lado derecho.

Trolebús en El Astillero
(Autor: José A. Tartajo)
(Imagen procedente del blog Mi Astillero)

Trolebús en la calle Cádiz de Santander

Cuando la empresa CTSA recibió los seis trolebuses que había comprado, les dejó el color rojo original, al contrario que en otras ciudades. Además, pintó del mismo color los cinco trolebuses MAN que ya tenía. Entraron en servicio inmediatamente y estuvieron en uso hasta que la empresa los reemplazó por autobuses en 1975.

Cocheras de la empresa CTSA en Maliaño

Los trolebuses a El Astillero salían de la calle Cádiz y seguían por la calles Atilano Rodríguez, Castilla, Eduardo García del Río (donde aún se pueden ver varios postes del tendido eléctrico y el pequeño edificio de ladrillo rojo en el que hubo una estación transformadora), El Empalme, el Primero de Mayo y por la carretera de Burgos seguían hasta Maliaño, donde tomaban la carretera a Bilbao hasta El Astillero. El recorrido de vuelta lo hacían por las mismas calles. Cuando el tráfico de entrada a Santander se pasó a la calle Marqués de la Hermida, en la calle Castilla se dejó reservado el carril izquierdo sólo para el trolebús, dado el gran coste que supondría instalar un tendido eléctrico por las calles Marqués de la Hermida y Antonio López.

Una curiosidad: cuando los trolebuses fueron retirados del servicio, el número 8 fue comprado por el Museo de Trolebuses de Sandtoft, en Inglaterra, donde fue totalmente restaurado a su estado original y está en uso con el nombre de London 1812.


Bibliografía

Para la realización de estos artículos sobre los trolebuses en Santander he utilizado la siguiente bibliografía:


Algunas de las fotografías que aparecen estos artículos también proceden de los citados blogs.