martes, 14 de abril de 2020

Arte en las fachadas (X)

Si en la entrada anterior nos quedamos en el cruce de las calles Laredo y Valliciergo, en la de hoy seguimos también en la calle Valliciergo, muy cerca del paseo de Menéndez Pelayo. En una pared podemos ver el siguiente mural, obra de Quique Ortiz.



Arte en las fachadas (XI)
Arte en las fachadas (IX)



jueves, 9 de abril de 2020

Un poco de historia (LXXXIV)

La dársena de Puertochico

A medida que se iba trabajando en el Ensanche de Santander hacia el este, se iban redactando nuevos proyectos sobre cómo deberían desarrollarse las zonas aún sin urbanizar. Por ejemplo, en 1853 el ingeniero Máximo Rojo presenta el proyecto "Prolongación de los muelles de Calderón y Nueva Población", que propone prolongar el muelle de Calderón y construir dos nuevas manzanas de edificios y la construcción de nuevos servicios portuarios. En 1862 otro ingeniero, Mateo Obregón, presenta un proyecto llamado "Puerto de Santander. Proyecto de la prolongación del muelle de Calderón y de una dársena abierta", que asume las manzanas de edificios propuestas por Rojo y propone construir una dársena abierta al final del muelle de Calderón.

Dragado en la dársena (1890)
Puertochico (1909)

El 21 de abril de 1885 una Real Orden autoriza a José de Lequerica a ampliar una pequeña dársena situada al este del Ensanche a partir del proyecto de Mateo Obregón de 1862, y frente a las nuevas calles trazadas por Alejandro del Valle. La dársena tiene una longitud de unos 450 metros y unos 100 de anchura. Dependiendo de la marea, su calado oscila entre 3,5 y 1,5 metros. El objetivo inicial de la dársena era principalmente facilitar las labores de los barcos pesqueros, aunque también atracaban en ella pequeños barcos mercantes.


A partir de los años 40 la actividad pesquera de la dársena se fue trasladando al nuevo Poblado Pesquero, quedando la dársena como refugio de barcos recreativos y deportivos.

Puertochico (1947)
(Autor: Ramón García Ortiz)

En los años 40 se construyó en el espigón sur de la dársena una estructura con dos tolvas y una pequeña grúa. Junto a ella atracaban gabarras cargadas de arena procedente del dragado junto a El Puntal. La grúa descargaba la arena, que la vertía en las tolvas bajo las cuales se situaban camiones que llevaban la arena a obras en construcción. Esa arena fue muy utilizada en las obras de reconstrucción de Santander después del incendio de 1941. La tolva fue un elemento muy característico de la zona hasta su derribo a finales de los años 80.

Tolva de arena (años 70)
Puertochico (años 50)

En torno a la dársena se podían ver escenas muy típicas de un puerto pesquero, como las pescaderas cargando sus cestos y carpanchos con el pescado recién descargado de los barcos, las redes de los barcos tendidas a lo largo del muelle secándose y las rederas reparándolas... Otros personajes típicos de la zona eran los raqueros, chavales huérfanos o de condición humilde, que se bañaban generalmente desnudos y se tiraban al agua a recoger las monedas que les tiraba la gente. José María de Pereda los retrata magistralmente en su gran obra "Sotileza".

Puertochico (años 60)
Puertochico (años 70)


Un poco de historia (LXXXV). La limpieza de la ciudad
Un poco de historia (LXXXIII). La calle Castilla



miércoles, 25 de marzo de 2020

Arqueología urbana (VII)

Esta vez vamos a Puertochico, donde podremos encontrar varios restos arqueológicos urbanos. En el espigón podemos ver antiguas vías férreas, cambios de aguja, norays y viejas argollas para el amarre de barcos. Sin embargo, tal vez el resto más antiguo e interesante está situado casi al final del espigón, junto a la rampa de varada.


Se trata de una antigua base de alumbrado de gas en la que aún puede leerse "Gas de" y "Lebón". Pertenecía a una farola alumbrada por gas producido por la empresa Compañía General de Alumbrado de Gas Lebón, que estuvo situada donde actualmente se encuentra la Escuela Técnica Superior de Náutica.

No muy lejos, donde estuvo la antigua tolva de arena, se puede ver en el suelo el marco metálico de lo que, tal vez, pudo ser la caja donde estaba la toma de corriente de la grúa de la tolva.



Arqueología urbana (VIII)

lunes, 23 de marzo de 2020

Letreros en el recuerdo

En grandes ciudades siguen formando parte del paisaje urbano, pero en Santander hace mucho tiempo que dejaron de verse. Me refieron a los grandes letreros luminosos situados en fachadas, tejados y azoteas. En Santander hubo unos cuantos y vamos a ver algunos de ellos, aunque de los mismos ya no quede ni rastro.

Plaza de Atarazanas (1961)

Empezamos en la plaza de Atarazanas, donde se encontraba el edificio en el que estaban los juzgados y unos comercios en su planta baja. Como se ve en la imagen superior, en la fachada había un letrero de La Casera y dos grandes letreros luminosos de neón de Philips en el tejado.

Almacenes Jaime Ribalaygua, S.A. (1973)

Un letrero que era muy conocido en la ciudad es el de los grandes almacenes Ribalaygua, situados en la calle Los Escalantes, junto al Ayuntamiento. Aunque el comercio cerró hace unos cuantos años el edificio aún existe y está ocupado por oficinas municipales y un comercio de ropa de una conocida marca. En su fachada se pueden ver grandes letras que formaban el nombre del comercio. Las letras se encendían de arriba abajo, de dos en dos. Cuando estaba todo encendido, permanecía así unos minutos, se apagaba y volvía a encenderse. En Navidad también ponía adornos luminosos en la fachada, como se puede ver en la imagen superior.

Calle Jesús de Monasterio (1966)
Calle Amós de Escalante (1973)

En la imagen superior izquierda se pueden ver dos letreros publicitarios. Uno de Martini, situado en el tejado del edificio que está en la esquina de las calles Jesús de Monasterio y Cuesta del Hospital, y otro del recordado Bazar San Carlos. Ambos letreros debieron ser retirados por los daños que causaban a las estructuras de los edificios en cuyos tejados estaban debido a su peso y a las vibraciones producidas cuando soplaba viento.

En la imagen de la derecha se puede ver, a izquierda, en el tejado de un edificio que ya no existe, un letrero luminoso de Philips. A su derecha se ve el gran letrero luminoso que tenía la entonces Caja de Ahorros de Santander. Constaba de dos cuerpos. En el superior se podía ver, en neón blanco, el símbolo de las cajas de ahorro y en el cuerpo inferior, en dos líneas y en grandes letras de neón verde se leía "Caja de Ahorros de Santander". Unos minutos después, se apagaba y en el cuerpo superior se podía ver, con gran detalle y en neón azul, una gran moneda de 5 pesetas, mientras que en el cuerpo inferior, en dos líneas y en letras más pequeñas de neón rojo, se podía leer "Eficacia para usted progreso para La Montaña".


Cuando la entidad financiera cambió su nombre a Caja Cantabria también cambió su letrero luminoso, pero tuvo que ser desmontado hace pocos años debido a los daños que le provocó un fuerte viento.

Las distintas entidades financieras que han estado en el edificio situado en la esquina de las calles Juan de Herrera e Isabel II también pusieron un letrero luminoso en la azotea de dicho edificio, como se puede ver en las dos siguientes imágenes.

En la siguiente imagen, aunque es de mala calidad, se puede ver un letrero de González Byass en el tejado del llamado Edificio Ubierna, situado en la esquina de la calle Lealtad y la avenida de Calvo Sotelo.

Calle Lealtad (años 50)


viernes, 20 de marzo de 2020

#YoMeQuedoEnCasa

Estos son días difíciles para todos debido a la situación sanitaria que estamos atravesando. Desde hace unos días todos debemos permanecer en nuestros hogares con restricciones para salir a la calle. Esto está creando situaciones nuevas, como ver las calles de la ciudad totalmente vacías a cualquier hora del día.

La calle Floranes esta mañana a las 12:10

En estos momentos todos debemos ser fuertes y poner nuestro granito de arena para evitar en la medida de lo posible la expansión del virus. Son medidas simples pero que debemos seguir al pie de la letra: no salir a la calle si no es totalmente imprescindible, usar guantes desechables y mascarilla en algunos casos, mantener una distacia de seguridad con otras personas, lavarse las manos frecuentemente, etc.

También aprovecho la ocasión para felicitar y dar todo mi apoyo al personal sanitario y no sanitario que trabaja en hospitales y centros de salud (médicos, enfermeras, auxiliares, personal de limpieza, etc.) por el impagable trabajo que realizan y que no siempre es reconocido y recompensado como se debe. También quiero incluir en mi reconocimiento a taxistas, repartidores, dependientes, conductores, cajeras, etc., que también están realizando un importante y necesario trabajo y se arriesgan a contraer el virus. Para ello os animo a todos a asomaros a vuestras ventanas y balcones para dar un aplauso de ánimo a todos ellos. Un pequeño gesto que hace mucho.


#YoMeQuedoEnCasa


martes, 17 de marzo de 2020

Un poco de historia (LXXXIII)

La calle Castilla

La arteria que atravesaba el ensanche de Maliaño, en terrenos ganados al mar, y por la que se tendió el trazado de entrada y salida de los ferrocarriles de vía estrecha, recibió el nombre de Castilla en 1880. Cuando en 1947 se terminó e inauguró la estación de vía estrecha en las nuevas estaciones unificadas, la calle Castilla quedó libre de vías y por ella se canalizó el tráfico de entrada y salida de la ciudad con calles transversales que daban servicio al puerto. Además del ferrocarril, por esta calle también circuló el tranvía a El Astillero desde 1909 hasta mediados de los años 50, cuando los tranvías fueron reemplazados por trolebuses.

A medida que se iba extendiendo el ensanche de Maliaño e iba aumentando la población en esa zona de la ciudad, en 1902 los PP. Pasionistas construyeron su parroquia en la calle. En 1965 la iglesia fue derribada y en su lugar se construyó el actual templo, obra del arquitecto Ricardo Lorenzo.

 Primera iglesia de los PP. Pasionistas

Al final de la calle se estableció la empresa maderera de La Marga, dedicada a la producción de tablas, tableros, etc., con madera procedente de Guinea Ecuatorial, entonces colonia española. La fábrica cerró en los primeros años 80.

Calle Castilla (años 60)
Calle Castilla (1964)
(Autor: Pablo Hojas Llama)

Por la calle Castilla circulaba el tráfico de entrada y salida de Santander, hasta que el tráfico de entrada se desvió a la calle Marqués de la Hermida, a principios de los años 70. Sin embargo, en la calle Castilla se reservó un carril para que por él siguiera entrando el trolebús procedente de El Astillero dado el elevado coste que suponía trazar un tendido eléctrico nuevo por la calle Marqués de la Hermida.


Calle Castilla (1981)

Con el paso de los años, los almacenes y naves industriales fueron siendo sustituidos por bloques de viviendas, lo que ha dado lugar al barrio más poblado de la ciudad.


Un poco de historia (LXXXIV). La dársena de Puertochico
Un poco de historia (LXXXII). La calle Fernández de Isla


jueves, 27 de febrero de 2020

Un poco de historia (LXXXII)

La calle Fernández de Isla

A finales del siglo XIX el Ayuntamiento decidió abrir una calle junto a la parte trasera de los almacenes situados en la calle Becedo, lo que implicaba la demolición de los almacenes de la antigua fábrica de pertrechos marinos de Juan de Isla y Alvear1, abierta en el siglo XVIII.

Sin embargo, las obras no comenzaron hasta 1920 y consistieron en trazar una vía recta desde los Jardines del Reenganche cuyo trazado fuera paralelo a las calles Burgos y Jesús de Monasterio. Al final de la misma se construyó un jardín en el que se plantaron chopos. En la actualidad ese jardín es el Parque de Juan José Ruano.


Durante mucho tiempo en el lado sur de la calle abundaron los pequeños talleres de todo tipo, sobre los que se podía observar la fábrica de tabacos de la calle Alta, mientras que el lado norte era un gran solar lindante con la parte trasera de los edificios de la calle Burgos y delimitado por un muro de piedra. A medida que se iban construyendo edificios se iban abriendo calles transversales que comunicaban esta calle con la calle Burgos, la plaza de Santa María Egipcíaca, la calle Alcázar de Toledo, etc.


1 El apellido "Fernández" que figura en el nombre de la calle tiene su origen en el Condado de Isla concedido a Juan de Isla por Carlos IV como compensación por la persecución de la que fue objeto debido a las intrigas del embajador inglés en la corte de Fernando VI. Juan de Isla fue enterrado como Juan Fernández de Isla y Alvear.


Un poco de historia (LXXXIII). La Calle Castilla
Un poco de historia (LXXXI). La calle Daoíz y Velarde


martes, 18 de febrero de 2020

Arte en las fachadas (IX)

Los murales que podemos ver en las siguientes imágenes están situados al final de la calle Laredo.


Autora: La Spinosa
Autor: El Kime Autor: El Kime


Autora: La Spinosa Autor: El Kime Autora: La Spinosa


En la calle Valliciergo, junto a los anteriores, podemos ver el siguiente mural:



Arte en las fachadas (X)
Arte en las fachadas (VIII)


martes, 21 de enero de 2020

Refugios antiaéreos (XI)

En la edición del pasado domingo 19, El Diario Montañés informaba del hallazgo de un refugio antiaéreo situado bajo la Catedral. El mismo ha sido encontrado en las obras que se están llevando a cabo en la Casa Capitular anexa a la Catedral.

De dicho refugio se conocía su existencia, pero no su ubicación exacta ni ningún otro dato sobre el mismo. Por las fotos publicadas en dicho artículo, hay un tramo que está en aparente buen estado de conservación, aunque sólo se han podido examinar los primeros metros. Se calcula que tenga una longitud de unos 100 metros, pero se desconoce su estado. Esperemos que en un futuro se pueda visitar, sino en su totalidad, al menos una parte.


Refugios antiaéreos (XII)
Refugios antiaéreos (X)


lunes, 13 de enero de 2020

Arqueología urbana (VI)

Como ya sabréis, durante unos años circularon trolebuses por Santander y entre Santander y El Astillero. Los trolebuses municipales circularon desde 1951 hasta 1971, mientras que los trolebuses a El Astillero lo hicieron desde 1955 hasta 1975.

Aunque hace muchos años que dejaron de circular, aún es posible ver algún que otro vestigio de ellos. En la calle Eduardo García del Río se pueden ver algunos postes de hormigón de los que sostenían el tendido eléctrico de los trolebuses a El Astillero, así como un pequeño edificio de ladrillo rojo, situado en terrenos de la factoría BSH Electrodomésticos España, S.A., que fue una de las subestaciones eléctricas que proporcionaban corriente al tendido, primero de los tranvías y luego de los trolebuses.

Calle Eduardo García del Río

En la calle Campogiro también es posible ver aún algunos postes del tendido eléctrico de los trolebuses municipales.

Calle Campogiro


Arqueología urbana (VII)
Arqueología urbana (V)