miércoles, 24 de abril de 2019

Un poco de historia (LXXVIII)

La alameda de Cacho

La alameda de Cacho, o Jardines de San Roque, tiene su origen en el siglo XIX, en un terreno que había entre la avenida de los Hoteles y el que entonces se llamaba popularmente "paseo de coches" (actual avenida de Los Infantes), y que fue donado al Ayuntamiento por su propietario, Celestino Cacho (la famosa Fuente de Cacho se encuentra en terrenos que antes formaban parte de su propiedad). Dicho terreno fue plantado de pinos a mediados del siglo XIX, y su parte inferior fue objeto de varias actuaciones urbanísticas a principios del siglo XX, como consecuencia de la edificación de pequeños chalets, aunque la urbanización se limitó a poco más de las aceras de las dos avenidas que limitan dicho espacio, que sucesivamente fue plantado de árboles de muy distintas especies: plátanos, olmos, fresnos... Fue después de la Guerra Civil cuando el Ayuntamiento acomete la urbanización de la alameda, según un proyecto del arquitecto municipal Ramiro Sainz Martínez (1887-1974), autor también del diseño original.

Alameda de Cacho (1868)
Alameda de Cacho (1927)

El proyecto se desarrolló a base de terrazas escalonadas descendentes que, con la iglesia (obra también de Sainz Martínez) presidiendo el conjunto y la escalinata delante del templo, bajan hacia la alameda y el mar, que se contempla al fondo y hacia el que se camina atravesando varias plataformas, en la primera de las cuales hay un auditorio en forma de concha y una pequeña fuente alimentada por el manantial natural que circula por el subsuelo.

Como se puede leer en el informe municipal empleado para la gran reforma que el Ayuntamiento va a realizar en El Sardinero, entre este año y el siguiente, "la obra del conjunto es brillante pues solucionó el desnivel sacando mucho partido al mismo y con recursos muy elementales, condicionados seguramente por las penurias económicas de la posguerra". 

 Reforma de la alameda de Cacho (1945)

En la construcción de la alameda de Cacho no se utilizaron costosos muros ni materiales exóticos. Mandaba la época, la posguerra, por lo que se utilizaron piedra de mampostería caliza de Escobedo, cayuelas, sillares y losas de Brañosera, y bordillos de hormigón prefabricado en la cantera municipal. Los caminos se hicieron a base de tierra compactada y guijo. Todo ello, y el cuidado de las plantas y setos originales, daba al lugar un aspecto afrancesado, una elegancia que se quería para El Sardinero.

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