miércoles, 22 de mayo de 2019

Un poco de historia (LXXIX)

El Voto de San Matías

En el siglo XIV empezó a extenderse la peste negra por Europa, especialmente por Francia, Alemania, Flandes y las Islas Británicas. Fue traída a Europa por las pulgas que venían en las pieles procedentes de Asia y que eran portadoras del bacilo Yersin (Pasteurela pestis). Las pulgas pasaron a las ratas y la transmitían al picar a las personas.

La peste tiene diversas variantes, siendo la llamada peste negra una de las más extendidas por Europa. Se llama negra por las placas oscuras que salen en el cuerpo, además de voluminosos y purulentos tumores, también llamados bubones (por eso también es conocida como peste bubónica). Su propagación seguía las rutas comerciales de los siglos XIV y XV, resultando endémica la epidemia. En 1503 ya hubo una primera epidemia en Santander, y en 1596, el Rodamundo, un barco de la Armada Real procedente de Flandes trajo de nuevo la peste bubónica, que acabó con dos tercios de la población. De Santander se extendió por toda España.

Cuando se declaraba la peste en algún lugar, éste era aislado cerrando las puertas de las murallas e impidiendo la entrada y salida de personas, animales, mercancías, etc. En las casas contagiadas se tapiaban puertas y ventanas. La gente hacía todo lo posible para erradicar la peste: hogueras con plantas aromáticas, echar vinagre por las calles, quemar las ropas, enseres y casas de los afectados, etc.

Como los recursos médicos de la época eran muy rudimentarios y no solucionaban el problema, la gente acudía a la intervención divina suplicando la intercesión de los santos, ya que determinados santos tenían fama de ser eficaces en estos casos. En época medieval también era costumbre acudir primero a los santos patrones del lugar. El primer santo al que recurrieron las buenas gentes de Santander fue San Sebastián, que tenía una ermita dedicada en lo que actualmente es la cuesta de la Atalaya, ya que su intercesión curó la pestilencia que se desató en Lombardía en el siglo VIII. También se recurrió a San Roque, que cuidó a enfermos y apestados en el siglo XIV y era muy venerado por toda Europa.

Altar dedicado a San Matías en la girola de la Catedral

Pero viendo que la peste no remitía, los lugareños, desesperados, se dirigieron a los Doce Apóstoles, por ser los santos de mayor jerarquía, y esperaban que la Divina Providencia fuera quien designara al que habría de librarles de la peste. Para determinar a qué apóstol encomendarse, durante una misa mayor pusieron en el suelo doce velas del mismo tamaño, que fueron encendidas al mismo tiempo, delante de doce figuras que representaban a los Doce Apóstoles, mientras rezaban arrodillados delante de las mismas. Cuando se apagaron todas las velas menos una, se levantaron ansiosos por ver a qué apóstol correspondía la única vela que seguía encendida, siendo éste San Matías. En ese momento los lugareños, el Prior, el Cabildo y todas las autoridades se dirigieron a un altar en el que había una gran imagen de San Matías donde rezaron y tomaron por unanimidad un solemne acuerdo con diversas cláusulas que dieron lugar al llamado Voto y Capitulaciones de San Matías.

Una de las cláusulas del Voto establece que ese año, y todos los años venideros, se celebrara una solemne procesión el día de la onomástica del Santo (14 de mayo) a la que estaban obligados a acudir todos los habitantes de la población. La procesión la abrían los Merinos (ejecutores de la justicia) de la villa. A continuación iba la gran Cruz procesional de plata seguida por el Clero, que portaba la imagen de San Matías y las reliquias de la Catedral, el Ayuntamiento y el pueblo llano, que portaba velas encendidas. La procesión recorría las calles y terminaba en la Catedral con una misa mayor.

En la actualidad se siguen celebrando la procesión y la misa, pero la procesión tiene lugar en el claustro de la Catedral.




miércoles, 24 de abril de 2019

Un poco de historia (LXXVIII)

La alameda de Cacho

La alameda de Cacho, o Jardines de San Roque, tiene su origen en el siglo XIX, en un terreno que había entre la avenida de los Hoteles y el que entonces se llamaba popularmente "paseo de coches" (actual avenida de Los Infantes), y que fue donado al Ayuntamiento por su propietario, Celestino Cacho (la famosa Fuente de Cacho se encuentra en terrenos que antes formaban parte de su propiedad). Dicho terreno fue plantado de pinos a mediados del siglo XIX, y su parte inferior fue objeto de varias actuaciones urbanísticas a principios del siglo XX, como consecuencia de la edificación de pequeños chalets, aunque la urbanización se limitó a poco más de las aceras de las dos avenidas que limitan dicho espacio, que sucesivamente fue plantado de árboles de muy distintas especies: plátanos, olmos, fresnos... Fue después de la Guerra Civil cuando el Ayuntamiento acomete la urbanización de la alameda, según un proyecto del arquitecto municipal Ramiro Sainz Martínez (1887-1974), autor también del diseño original.

Alameda de Cacho (1868)
Alameda de Cacho (1927)

El proyecto se desarrolló a base de terrazas escalonadas descendentes que, con la iglesia (obra también de Sainz Martínez) presidiendo el conjunto y la escalinata delante del templo, bajan hacia la alameda y el mar, que se contempla al fondo y hacia el que se camina atravesando varias plataformas, en la primera de las cuales hay un auditorio en forma de concha y una pequeña fuente alimentada por el manantial natural que circula por el subsuelo.

Como se puede leer en el informe municipal empleado para la gran reforma que el Ayuntamiento va a realizar en El Sardinero, entre este año y el siguiente, "la obra del conjunto es brillante pues solucionó el desnivel sacando mucho partido al mismo y con recursos muy elementales, condicionados seguramente por las penurias económicas de la posguerra". 

 Reforma de la alameda de Cacho (1945)

En la construcción de la alameda de Cacho no se utilizaron costosos muros ni materiales exóticos. Mandaba la época, la posguerra, por lo que se utilizaron piedra de mampostería caliza de Escobedo, cayuelas, sillares y losas de Brañosera, y bordillos de hormigón prefabricado en la cantera municipal. Los caminos se hicieron a base de tierra compactada y guijo. Todo ello, y el cuidado de las plantas y setos originales, daba al lugar un aspecto afrancesado, una elegancia que se quería para El Sardinero.

jueves, 28 de marzo de 2019

Un poco de historia (LXXVII)

La plaza de Pombo

A principios del siglo XIX, cuando ya estaba en marcha el ensanche de la ciudad hacia el este y se trazaban las calles del llamado Barrio Nuevo, Agustín de Colosía, encargado del proyecto al sustituir al ingeniero Llovet, diseñó una gran plaza tan larga como dos manzanas de casas del Muelle. El proyecto original de 1821 establecía que las casas con fachada a la plaza tuvieran arcos abiertos en su parte baja para crear una plaza con arcos en todo su perímetro, incluyendo la parte trasera de las casas del Muelle, para así tener un paseo cubierto. Esto nunca se llevó a cabo, aunque en la parte trasera de algunos edificios del paseo de Pereda se pueden ver los arcos. Sin embargo, entre Colosía y el Ayuntamiento surgieron problemas debido al tamaño de la plaza, pues el Ayuntamiento consideraba que era pequeña y, después de un pleito de varios años, fue el Ayuntamiento quien continuó con el proyecto del ensanche mientras que Colosía se encargó de los muelles.

 Calle Ataúlfo Argenta. Arcos en la parte trasera de los números 15, 16 y 17 del paseo de Pereda

Para aumentar el tamaño de la plaza, algunos propietarios cedieron terrenos al este y al oeste de la misma con la condición de que fueran destinados al esparcimiento público y nunca se construyera en ellos. En 1845, los empresarios José María Botín y Jerónimo Regules solicitaron al Ayuntamiento poder construir una casa en la plaza. En 1858 Juan Pombo construyó un edificio al oeste de la plaza, que fue destruido por un incendio en 1880, año en el que construyó, en el mismo solar, el conocido Palacio de Casa Pombo, sede del Real Club de Regatas. En 1862 el Ayuntamiento concede a Rafael Varona y Antonio Redonet autorización para construir a partir del edificio de Botín y Regules. En 1867 quedaba terminada la plaza.

En 1886 se construye en el centro de la plaza un templete para la música iluminado por faroles de gas. La plaza pasó a ser un elegante lugar de paseo, reunión y esparcimiento muy concurrido. Durante la Guerra Civil los arcos de Botín fueron cerrados con sacos terreros para usarlos como refugio antiaéreo. En 1915 es instalado en la plaza el monumento a Velarde ya que en la plaza de la Dársena, donde estaba, se iba a construir el edificio de Correos. Estuvo en la plaza hasta 1946, cuando es trasladado a la nueva plaza de Velarde.

Plaza de la Libertad (1907)
Plaza de la Libertad (1921)

En la foto superior de 1907 se puede ver, a la izquierda, en la calle Calderón (actual calle Ataúlfo Argenta), la vía por la que entraba el tren de Gandarillas, y en la parte superior derecha, dos de las cuatro torres del Banco Mercantil rematadas por las desaparecidas águilas de bronce.

Plaza de la Libertad (1937)

Durante la reconstrucción de la ciudad después del incendio de 1941 en la plaza se pusieron algunos de los barracones en los que se instalaron comerciantes que perdieron sus locales. En los años 60 se construyó una pista de balonmano en la que jugaron varios equipos de la ciudad de distintas categorías. Uno de esos equipos acabó siendo el recordado Teka, que fue campeón de Europa en 1994, entre otros muchos títulos que ganó, tanto nacionales como internacionales. Unos baños públicos que había bajo la pista se convirtieron en vestuarios y también se construyó una pequeña grada.

Partido de balonmano en la plaza de José Antonio (años 60)

En la plaza, frente al Club de Regatas, había un estanco en un pequeño kiosco de madera que actualmente está situado frente al Club Marítimo, y una relojería en un pequeño local. Junto a la pista de balonmano estuvo una de las mejores churrerías que ha habido en Santander.

Con los años, y como todas las calles que rodeaban la plaza estaban abiertas al tráfico, la zona era un caos. En 1988 la plaza sufrió una gran transformación al ser levantada para construir el aparcamiento subterráneo. Para mejorar la plaza, se peatonalizaron un tramo de la calle Hernán Cortés y las pequeñas calles transversales. En 2008 la plaza sufrió algunas reformas debido a las obras de mejora realizadas en el aparcamiento subterráneo.

Plaza de José Antonio (años 70)

Cuando en el siglo XIX empezaron las obras de la plaza la intención inicial era llamarla Plaza de la Constitución, pero no pudo ser porque así se llamaba la plaza Vieja. En 1845 recibe el nombre de Plaza de Isabel II, pero en la Revolución de 1868 le fue cambiado el nombre y pasó a llamarse Plaza de la Libertad. En 1937 vuelve a cambiar de nombre y pasa a llamarse Plaza de José Antonio Primo de Rivera, nombre que conservó hasta abril de 2001, cuando recibió al actual nombre de Plaza de Pombo, el nombre popular con el que siempre fue conocida en Santander. También es conocida como la plazuela de Pombo.


Un poco de historia (LXXVIII). La alameda de Cacho
Un poco de historia (LXXVI). La calle Castelar



viernes, 22 de febrero de 2019

Un poco de historia (LXXVI)

La calle Castelar

En 1885, a medida que la ciudad se iba expandiendo hacia el este y coincidiendo con la pronta finalización de la dársena de Puertochico, el urbanista Alejandro del Valle presenta un plan para construir tres nuevas calles que serían prolongación de las calles Calderón, General Espartero y Peñaherbosa. Así, quedaría una calle comercial frente a la dársena, otra como camino a El Sardinero y la tercera, más al norte, como camino al barrio de San Martín.

Puertochico (1884)

Así describía el plan las calles Castelar y Juan de la Cosa: "Atendida la gran importancia que es de esperar alcance la calle del norte de las construcciones, porque se presta perfectamente para que en el porvenir sea la carretera de la costa, debe ser aquélla tratada como avenida de primer orden y al efecto, cuanto mayor sea su latitud mayor será su importancia y mejor responderá a su utilidad, o sea de 16 metros (ocho para el arroyo), con sus andenes plantados de árboles. La calle posterior a la segunda línea de construcciones, o sea, el límite del Ensanche, deberá sujetarse a una latitud constante de diez metros, tomando su referencia la cerca nueva de la posesión de don Isidro Castanedo y los edificios últimamente levantados, pero cuidando de no repetir el quebrado en las alineaciones y rasantes de la calle de San Martín".

Este plan era considerado "la primera y mejor solución de la vía al Sardinero" ya que presentaba menos obstáculos y se preveía que la diferencia de nivel en el comienzo de las dos primeras calles proyectadas, Castelar y Juan de la Cosa, "no constituía obstáculo para el movimiento rodado".

Calle Castelar y dársena de Puertochico (1914)
Calle Castelar y dársena de Puertochico (años 20)


La calle Castelar se trazó como un amplio andén con jardines bajos y alameda, paralela a la cual discurría la carretera de servicio del puerto. En el centro de la alameda estaban la Comandancia de Marina y el despacho de los Prácticos del Puerto, hasta que en 1949 el Ayuntamiento hizo una permuta y la Capitanía fue trasladada al muelle de Maliaño, donde sigue actualmente. La calle terminaba junto a la fábrica de gas. Hasta ahí llegaban las líneas de los tranvías a Peñacastillo y a El Astillero. El tranvía a El Sardinero, al llegar a Molnedo seguía por la calle Juan de la Cosa.

Al inicio de los años 50 el Ayuntamiento negocia con la Compañía Española de Electricidad y Gas Lebón la compra de una parte de sus terrenos para prolongar la calle Castelar hasta la avenida de Reina Victoria. Este tramo de la calle es conocido popularmente como la Cuesta del Gas.

Calle Castelar y dársena de Puertochico (años 60)

La última gran reforma de la calle tuvo lugar a inicios de siglo, cuando empezaron las obras de construcción del aparcamiento subterráneo, inaugurado en julio de 2002.

La calle recibió su nombre actual en julio de 1899, después de la muerte de Emilio Castelar (1832-1899), eminente político del siglo XIX que presidió la Primera República entre 1873 y 1874. También pasó a la Historia por su elocuente oratoria.


Un poco de historia (LXXVII). La plaza de Pombo
Un poco de historia (LXXV). El barrio de San Martín y la calle Juan de la Cosa


viernes, 15 de febrero de 2019

Aniversario del incendio

Hoy se cumplen 78 años del incendio que destruyó el centro de Santander, una de las mayores tragedias que ha vivido la ciudad a lo largo de su historia. Cuando España acababa de salir de una guerra, y el resto del mundo se hallaba en guerra, Santander se vio envuelta en un gran incendio que duró tres días, avivado por fuertes rachas de viento sur, y que dejó sin hogar a más de 10.000 personas. Entre tanta desgracia, sólo hubo una víctima mortal, un bombero de Madrid, Julián Sánchez García, al que le cayó encima una pared mientras hacía labores de desescombro en la calle Lealtad. Falleció unos días después en el hospital Valdecilla al no superar las lesiones que sufrió.

Vista desde la calle Tantín


domingo, 20 de enero de 2019

Arte en las fachadas (VI)

Retomamos los paseos por la ciudad para ver más fachadas en las que distintos artistas han plasmado sus obras. Empezamos en la calle Atilano Rodríguez, en la entrada sur del Pasaje de Peña, "el Túnel", como es conocido por todos.

Autores: Astepan Leshchenko y Sergey Ovseykin

De la plaza de las Estaciones subimos a la pequeña plaza de Santa María Egipcíaca, junto a la calle Garmendia, donde podemos encontrar este mural que recuerda a los pescadores que vivían en el Cabildo de Arriba. De ahí marchamos a la calle San Emeterio, al Centro Cultural Madrazo.

Autor: Colectivo Simetría
Autor: Peri Helio

En la calle Magallanes, en la fachada del Centro de Documentación de la Imagen de Santander (CDIS), podemos encontrar la liebre fotógrafa que vemos en la imagen de la izquierda. En la imagen de la derecha vemos cómo está decorada una de las fachadas del Instituto José María de Pereda, situado en el paseo del General Dávila.

Autora: Lea
Autora: Anamarietta

Como en anteriores ocasiones, quiero dar las gracias a Manuel Nieto por su colaboración, en este caso por la foto del Instituto José María de Pereda.




jueves, 3 de enero de 2019

Cerrado el muelle de Maura

El pasado 19 de diciembre la Autoridad Portuaria de Santander, para evitar el posible colapso del muelle de Maura, cerró al paseo el tramo que está sobre pilares, entre la Grúa de Piedra y unos metros antes del Palacete del Embarcadero. Para ello ha colocado una valla, igual a la ya existente junto al cantil del muelle, que impide el paso.


El problema es debido al mal estado de los pilares que sustentan el muelle, construido en 1941 para reemplazar el muelle original construido de madera. Son pilares de hormigón prefabricados e hincados en el lecho marino. Sobre ellos se construyó luego una estructura de pilares, vigas y viguetillas. Bajo el tramo cerrado se puede ver el muro de mampostería original. La superficie cerrada al paso es de unos 711 m2.


Bajos del muelle de Maura

Muelle de Maura (principios del siglo XX)
Muelle de Maura (1949)

En el muelle original había un saliente construido de madera en el que estaba la Grúa de Piedra (su base es maciza y se apoya directamente en el lecho marino, por lo que no corre peligro). Como este muelle saliente había más y eran conocidos como "martillos" ya que tenían esa forma, como se puede ver en la siguiente foto. Este muelle de madera fue reemplazado por uno de hormigón años más tarde.

 Vista aérea de Santander (1934)

A finales de los años 70 se rellenó el muelle de Albareda. De esta forma los muelles de Maura, Albareda y Maliaño quedaron alineados. En la siguiente foto se puede ver cómo eran los muelles de Maura y Albareda en 1977, poco antes de que éste fuera rellenado. 40 años después, donde están las grúas y los pesqueros que se ven en la foto, está el Centro Botín.

Muelles de Maura y Albareda (1977)

La Autoridad Portuaria está realizando estudios para conocer exactamente en qué estado se encuentran los pilares y en función del resultado de dichos estudios, y junto al Ayuntamiento, decidirá qué hacer: restaurar el muelle, derribarlo y dejar a la vista el muelle original, derribarlo y reconstruirlo, hacer una cubierta transparente para ver el antiguo muelle, etc.


miércoles, 12 de diciembre de 2018

Navidades de ayer

Si hay algo típico en Navidad son los regalos. A todos nos gusta hacerlos y recibirlos, y si hay alguien que disfruta especialmente son los niños. A todos nos gusta ver la cabalgata y ver si por la mañana nos han dejado un regalo o un saco de carbón. Para ilustrar este artículo no quería poner las típicas fotos de cabalgatas y he encontrado esta foto de 1930, de no muy buena calidad, en la que se puede ver a los Reyes Magos repartiendo regalos.

(Autor: Fotografía Arauna)

Hace unos años era muy frecuente en Navidad que asociaciones y peñas de todo tipo, deportivas, culturales, de vecinos, de comerciantes, etc., hicieran sorteos y colectas para llevar ropa, juguetes, comida o dinero a los niños enfermos, ancianos, gente necesitada, etc. Una de las más activas era la Peña "El Suizo", radicada en la cafetería del mismo nombre situada en el paseo de Pereda.

En la primera foto de las dos siguientes se puede ver la caravana que organizó en 1964 para llevar regalos a los ancianos del Asilo y a los enfermos ingresados en el Sanatorio de Pedrosa. En la siguiente foto, de 1968, se ven los regalos para dicho Sanatorio.


Las dos fotos están hechas por Pablo Hojas Llama y proceden del Centro de Documentación de la Imagen de Santander (CDIS).

Como he comentado en otros artículos sobre la Navidad, existía la costumbre de dar un aguinaldo en forma de regalo a los guardias municipales, como se les llamaba entonces. Los conductores paraban junto al guardia que dirigía el tráfico y le daban un regalo. Por lo que podemos ver en la siguiente foto, de 1963, además de la gente, las empresas también hacían regalos a los guardias, en este caso la conocida Nestlé.

(Autor: Pablo Hojas Llama)


viernes, 16 de noviembre de 2018

Un poco de historia (LXXV)

El barrio de San Martín y la calle Juan de la Cosa


El barrio de San Martín, o San Martín de la Mar, estaba formado por un grupo de casas de labor situadas entre viñedos y huertas localizadas alrededor de un pequeño fuerte construido en el siglo XVI. Su misión era defender la ciudad de los barcos que hubieran conseguido pasar bajo el fuego de los cañones del fuerte de San Salvador de Hano, en La Magdalena. El fuerte estaba construido en un promontorio cerca de la isla de San Mamés y fue demolido en 1843.


San Martín (1887)
San Martín (1900)

En la anterior foto de 1900 se pueden ver la pequeña playa y el balneario que había en la zona, así como la chimenea de la caseta de bombas del dique de Gamazo.

La zona de San Martín empezó a ser tenida en cuenta en los planes urbanísticos al ser el inicio del camino de la costa a El Sardinero y ser modificada por el Plan Valle, propuesto por Ángel del Valle. En 1877 empezó a definirse una calle con un trazado irregular entre las edificaciones de la calle Juan de la Cosa y la finca de Castanedo, en la que actualmente se encuentra el colegio y residencia de los PP. Escolapios, que tomó el nombre de San Martín, y que se prolongaba hasta donde estaba el cocherón del tranvía de Gandarillas (aproximadamente, donde hoy en día está la pequeña plaza en la que está la parada de autobús de San Martín). Con la reordenación de las calles de esa zona, la calle San Martín discurre entre la calle San Vicente de la Barquera y el final de la calle Juan de la Cosa y el inicio de la avenida de Reina Victoria.


Tren de Gandarillas en la calle Juan de la Cosa
Calle Juan de la Cosa

La calle Juan de la Cosa surgió del desmonte realizado por Ángel del Valle de parte de la ladera de San Martín para construir una refinería de azúcar, llamada "La Montañesa", y para establecer las actuales alineaciones de las calles Juan de la Cosa y Castelar. Cuando la refinería fue demolida empezaron a construirse pequeñas residencias privadas que dieron un aire muy peculiar a la calle. En 1885 se ensanchó Molnedo y se empezaron a construir edificios de gran porte en la calle Castelar. La calle Juan de la Cosa se convirtió en el camino por el que circulaba el tráfico que iba y venía de El Sardinero, empezando por el tranvía de Gandarillas, hasta que a principios de los años 50 se prolongó la calle Castelar hasta la avenida de Reina Victoria.


Un poco de historia (LXXV). La calle Castelar
Un poco de historia (LXXIV). La calle Calderón de la Barca


viernes, 28 de septiembre de 2018

Quinto aniversario

Tal día como hoy, pero de hace cinco años, publiqué la primera entrada del blog. No es más que una foto con un pequeño texto. Desde entonces las entradas han ido sucediéndose, siendo cada vez más extensas y con más fotos, salvo alguna excepción. Esto me obliga a buscar cada vez más documentación, lo que lleva un tiempo del que a veces no dispongo, por eso no publico entradas con tanta frecuencia como hacía al principio. Cuando publiqué esa primera entrada no pensé que el blog llegaría a ser tan visitado como lo está siendo. Esto os lo debo a vosotros, amigos lectores del blog.

Poco a poco el blog se ha ido conociendo y sois muchos los que también, de un modo u otro, participáis en su confección con vuestros comentarios, preguntas, sugerencias, consultas, etc. También sois muchos los que me habéis corregido errores, aportado datos que yo desconocía y también documentación (fotos y textos) para nuevos artículos.

A todos vosotros quiero daros las gracias.