miércoles, 28 de septiembre de 2016

El otro Santander (I)

Una de las mejores formas de conocer una ciudad es perderse por sus calles, callejear. De este modo se puede descubrir rincones, callejuelas, travesías, pasajes, etc., que no aparecen en los planos, libros, guías de viaje, etc., y que, pese a esto, pueden llegar a tener su encanto. Cuando tengáis tiempo libre os recomiendo que lo hagáis en Santander. Es lo que pretendo con esta nueva serie de artículos: descubrir rincones de Santander desconocidos, descubrir "el otro Santander".


Las travesías de San Matías y La Enseñanza

La calle San Matías es una pequeña calle que une las calles Vista Alegre y La Enseñanza y que tiene una pequeña travesía sin salida pero que, por increíble que parezca, tiene la suficiente anchura como para que en ella se pueda aparcar en batería.



Travesía de San Matías

En esta calle, al igual que en el Paseo de Pereda, se da la curiosa circunstancia de que hay portales con números pares e impares en la misma acera.

Por lo que a la travesía de La Enseñanza respecta, ésta se encuentra en la acera derecha de la calle, antes de la travesía de San Matías. Es una calle muy estrecha y pequeña a la que se accede por unas escaleras. Tampoco tiene salida.


Travesía de La Enseñanza

El otro Santander (II). La calle Rogelio de Egusquiza



viernes, 16 de septiembre de 2016

Numeración correlativa

En las calles de Santander podemos encontrarnos cosas curiosas en las que nadie se fija, aunque estén a la vista, pero que están ahí. Hace unos días una seguidora del blog, Elena, me mandó un correo en el que me preguntaba por una de estas curiosidades. Me contaba que un día tenía que ir a una oficina situada en un piso en el Paseo de Pereda y que cuando estaba buscando el portal se dio cuenta de algo curioso. Al principio no lo creía pero, después de hacer su gestión, recorrió de arriba abajo el Paseo de Pereda y pudo comprobar que era cierto, que lo había visto bien. Como no sabía a quién preguntar decidió escribirme para ver si yo la podía ayudar pero, tras preguntar a gente que podría saberlo, nadie me ha podido dar una respuesta convincente, sólo suposiciones.

Portales números 3 y 4

Portal con los números 7 y 8

Como todos sabéis, en cualquier calle los portales de una acera tienen números impares y los de la otra acera los tienen pares. En Santander hay muchas calles que sólo tienen una acera (el Paseo de Pereda, Vargas, San Fernando, Castelar, etc.) y sus portales son pares (San Fernando) o impares (Vargas, Castelar). Sin embargo, en el Paseo de Pereda se da un caso curioso: sus portales tienen números pares e impares. Esto es lo que llamó la atención a Elena.

Supongo que esto tendrá algún motivo, alguna explicación; tal vez en la Casona, en algún viejo registro, esté el por qué o haya alguien que lo sepa. Creo que es la única calle de Santander en la que pasa esto.

Portales números 16 y 17


ACTUALIZACIÓN

Gracias a nuestro amigo Gonzalo, del blog "Hablando de Cantabria", el cual recomiendo, hemos podido saber que en la Travesía de San Matías también hay portales pares e impares en la misma acera.

Portales números 3 y 4A de la Travesía de San Matías

La imagen de Google Maps que aparece al ejecutar el vínculo de más arriba no está actualizada ya que en ella aún se puede ver el edificio correspondiente al número 2 de la calle. En la actualidad ese edificio ya no existe y el número 2 de la Travesía de San Matías es un solar vacío.

Otro lugar en el que los portales también tienen números pares e impares es la plaza de La Esperanza.


jueves, 15 de septiembre de 2016

Un poco de historia (LV)

La calle Joaquín Costa

Ya desde antiguo se tiene constancia de la existencia de un sendero que comunicaba el Alto de Miranda con el camino del Cañón1 por el barranco por el que descendía un pequeño arroyo formado por las aguas procedentes de Miranda y otros lugares altos cercanos. Este barranco siempre fue conocido como "La Cañía", nombre que recibió oficialmente en 1877. A partir de los años 60 del siglo XIX, cuando El Sardinero empieza a ser conocido como lugar de veraneo, el Ayuntamiento empezó a tener en cuenta esta zona en sus planes de urbanismo.

Calle Joaquín Costa (1923)

Calle Joaquín Costa

Durante mucho tiempo fue un lugar de aspecto campestre ya que en él había varias casas de labor y plantíos. Lo que relanzó definitivamente esta zona de El Sardinero fue el tren de Pombo, el tranvía a vapor que, a través de un túnel bajo el Alto de Miranda que desembocaba en la vaguada de Tetuán, comunicaba El Sardinero con el centro de la ciudad. Se empezaron a construir chalés y hoteles de viajeros, y en ella se instalaron las Ferias de San Roque.

Tren de Pombo en La Cañía dirigiéndose al túnel

Vista de La Cañía desde el Alto de Miranda
(se puede ver el tren de Pombo dirigiéndose al túnel)

En 1911 recibió el nombre de Joaquín Costa como homenaje al político republicano fallecido ese mismo año. Sin embargo, popularmente sigue siendo conocida como "La Cañía".

1 El camino del Cañón era el nombre que recibía el tramo de costa comprendido entre La Magdalena y la Primera Playa, en el que se construyó la trinchera por la que se trazó la vía del tren de Gandarillas.




martes, 30 de agosto de 2016

Un poco de historia (LIV)

La Rúa Mayor


La villa de Santander comenzó a formarse al flanco de la primitiva ermita del cerro de San Pedro. En esa zona se fue formando la llamada Puebla Vieja, o Puebla Alta, dentro de los límites de la muralla que rodeaba la villa. En la Puebla Vieja, además del castillo y la abadía, estaban las residencias de los más antiguos linajes de la villa, en su gran mayoría hidalgos y nobles, de los mandos militares y de los miembros del clero. La Puebla Vieja era donde vivía la aristocracia de la entonces villa de Santander.

Inicio de la Rúa Mayor junto a la Catedral

En la Puebla había pequeñas callejuelas, más bien callejones, que la atravesaban de norte a sur y de este a oeste, y tenía como calle principal la vía que comunicaba la torre de la abadía y la capilla del Espíritu Santo, o de Santiago, con la puerta de San Pedro, por la que se accedía a la Puebla. Esta puerta fue la que, en el siglo XV, tres nobles abrieron de madrugada para que entraran las fuerzas del Marqués de Santillana, que ocuparon la Puebla, el castillo y la abadía. Esta calle principal se llamó primero San Pedro, pero con el tiempo adquirió el nombre de Rúa Mayor.

Casona del linaje de Herrera (siglo XV)

Era una típica calle medieval, con casonas de grandes portones y escudos de piedra en la fachada a ambos lados, empedrada, en la que el sol sólo entraba al atardecer dada su estrechez y orientación. Según un Padrón de Hidalgos de 1786 en ella vivían cuarenta y cinco vecinos, de los que veintinueve eran nobles hidalgos, como los condes de Villafuerte y de Isla Fernández. En ella tuvieron su casa importantes linajes, como el de Escalante.

En la Puebla Vieja se fueron estableciendo talleres de artesanos (orfebres, ebanistas, toneleros, herreros, etc.), bodegas, pequeños cafés, etc. Cuando en 1903 el obispo Sánchez de Castro construyó el Palacio Episcopal, la capilla del Espíritu Santo quedó integrada en el mismo. Hasta entonces los prelados vivían en la plaza de los Remedios.

Palacio Episcopal (1903)

La calle Rúa Mayor tenía como paralela a su hermana Rúa Menor, ambas comunicadas por las calles Del Viento y Prieto. Para salir a la Puebla Nueva había muchos caminos, pero los dos principales eran ir a la calle Rúa Menor y bajar por la cuesta de Gibaja hasta la calle Atarazanas, o seguir por la Rúa Mayor hasta la torre de la Catedral y bajar por el arco de la torre hasta las calles Del Puente o Somorrostro. El arco bajo la torre de la Catedral era una rampa, no estaba escalonado como en la actualidad, por lo que por él podían pasar carros.

Desmonte del cerro de Somorrostro después del incendio de 1941
(aún se puede ver parte de la calzada de la vieja Rúa Mayor)

La calle Rúa Mayor y sus aledañas conservaron su carácter medieval hasta que el incendio de 1941 acabó con ellas. De las casonas de los nobles sólo se pudieron salvar algunos escudos de piedra de las fachadas que durante muchos años estuvieron de adorno en la Alameda de Oviedo. Prácticamente no quedó ninguna casa en pie. Ni la Catedral ni el Palacio Episcopal se salvaron de las llamas. Cuando se diseñó la nueva trama urbana de la ciudad para su reconstrucción, se dispuso el desmonte del cerro de Somorrostro para prolongar las calles Lealtad e Isabel II. Eso supuso la desaparición de muchas calles (Gibaja, el Callejón del Infierno, Prieto, Del Viento, Del Rincón, etc.), entre ellas la Rúa Mayor. Cuando se trazaron las nuevas calles se conservaron los nombres de algunas de las que desaparecieron.


Un poco de historia (LV). La calle Joaquín Costa
Un poco de historia (LIII). La calle Burgos
 


lunes, 15 de agosto de 2016

La araucaria oculta

La araucaria es un árbol de tronco recto que puede llegar a alcanzar los 80 metros de altura y tiene las ramas dispuestas horizontalmente. Procede de la región de Arauco, en Chile, y se utiliza con fines ornamentales. En Santander hay un magnífico ejemplar que, hasta hace unos días, estaba oculto. Crece en el patio trasero de un edificio de la calle Gómez Oreña y sólo se podía ver la parte superior, ya que sobresale por encima de las casas.

La araucaria asoma por encima de las casas de la calle Gómez Oreña

Digo que hasta hace unos días estaba oculto porque, con motivo del derribo del colegio Divina Pastora situado en la calle Santa Lucía, de momento es posible ver todo el árbol por la valla de la obra y por las ventanas que quedan en el muro que aún está en pie.


Junto a la araucaria crece otro árbol en ese pequeño patio interior. El árbol fue plantado por una vecina del número 11 de la calle Gómez Oreña. Parece mentira que en ese pequeño patio, rodeado de edificios, haya podido crecer un árbol así.

Si queréis verlo aprovechad antes de que pongan andamios y una lona en la obra y ya no se pueda ver. Es un árbol muy bonito y ójala las obras no lo dañen, sobre todo al excavar para hacer los cimientos y los garajes.


domingo, 7 de agosto de 2016

Un reloj de sol junto al faro de Cabo Mayor

Todos conocéis el faro de Cabo Mayor, seguro que habéis estado ahí muchas veces. En un día despejado las vistas son increíbles. Pero seguro que no habéis reparado en un pequeño muro que está al final de la carretera de acceso, a la izquierda, justo frente al faro. En ese muro hay tres bloques de piedra, uno de ellos es la base de una bola de piedra, y cada bloque tiene una inscripción en latín relativa a los relojes de sol. En la parte superior del bloque central, aunque está muy desgastado por el tiempo, aún se puede ver un reloj de sol grabado en la piedra, aunque el gnomon hace mucho tiempo que desapareció.


Esa bola de piedra es un reloj solar esférico. Tiene un pequeño orificio que señala al Polo Norte y aún se pueden apreciar algunos meridianos sobre la piedra.

En este bloque se encuentra la inscripción que está en peor estado, pero aún se puede leer: "Sine sole sileo". Se puede traducir como "sin el sol callo". Es decir, un reloj de sol sin sol no funciona, no da la hora.


Este es el bloque central y tiene la inscripción "Ultima forsan", que se puede traducir, más o menos, como "quizás la última hora". Esta inscripción la tenían grabada muchos relojes de sol y se refiere a cuando empezaron a fabricarse los primeros relojes mecánicos, que no necesitan al sol, y que suponían la muerte de los relojes de sol. En un sentido más amplio puede referirse a nuestra última hora y que la muerte puede estar cercana.


En la parte superior de este bloque está grabado el reloj de sol. Hay que fijarse bien para poder ver los trazos que lo forman.


El tercer bloque (el primero según se sube al faro) tiene la inscripción "Tulit alter honores"; es decir, "otro se llevó los honores". Quiere decir que a partir de la invención de los relojes mecánicos los relojes de sol quedan relegados a un segundo plano, ya no son necesarios.


miércoles, 27 de julio de 2016

Historia aérea (I)

Un gigante de los cielos en la bahía

En esta nueva serie de artículos voy a contar pequeñas historias relacionadas con la aviación que han tenido lugar en Santander y que son poco, o nada, conocidas. Como siempre, espero que os gusten.

Todos sabemos que la bahía de Santander ha sido, y es, escenario de acontecimientos de lo más diverso: regatas, exibiciones, travesías a nado, etc. Pues bien, buscando imágenes para documentar artículos, he encontrado una muy peculiar e interesante, especialmente para los aficionados a la aviación, sobre un acontecimiento muy poco conocido que tuvo lugar el 20 de noviembre de 1930 en la bahía.

Ese día amerizó en la bahía de Santander el avión más grande, pesado y potente construido hasta entonces: el Dornier DO-X. Se trataba de un hidroavión construido en Suiza por la empresa alemana Dornier Flugzeugwerke. Medía 40,10 m de largo, 10,10 m de altura y su envergadura era de 48 m. Tenía doce motores de 610 CV cada uno, capacidad para hasta 100 pasajeros en vuelos transoceánicos, una tripulación de 14 personas y tres cubiertas, entre otras características. Estaba considerado como un transatlántico volador ya que tenía literas, cabinas dormitorio individuales, sala de fumadores, salón, cuarto de baño y cocina, algo nunca visto entonces en un avión.

Hidroavión Dornier DO-X
(La foto no está tomada en Santander)

La escala en Santander tuvo lugar durante el viaje inaugural del avión. El avión despegó del lago Constanza, en Alemania, y su destino era Nueva York. Tenía previsto hacer escalas en Amsterdam, Calshot (Reino Unido), La Coruña, Lisboa, Las Palmas de Gran Canaria, Cabo Verde, Natal (Brasil), Río de Janeiro, Las Antillas, Miami y Nueva York. Cuando volaba a la altura de Cabo Mayor, debido al mal tiempo dio la vuelta y la tripulación comunicó por radio que pasarían la noche en Santander. Sobre las dos de la tarde amerizó en la bahía, causando gran sorpresa y admiración debido a su repentina aparición y a su enorme tamaño. Al día siguiente despegó rumbo a La Coruña.

El hidroavión Dornier DO-X sobrevolando los Jardines de Pereda

En la foto superior se puede ver el avión sobre los Jardines de Pereda, con la fuente de "los meones" en primer plano. A la derecha, sobre los árboles, se puede ver la torre de la Estación de la Costa. La foto es muy pequeña y su calidad no es muy buena, pero aún así he considerado interesante su publicación.

Debido a diversos incidentes y averías durante el viaje, alguna de las cuales le retrasó varios meses, el avión llegó a su destino en agosto de 1931. En EE.UU. estuvo varios meses siendo reparado y exhibido, hasta que volvió a Alemania en mayo de 1932. Allí fue transferido a la compañía Lufthansa, con la que hizo algunos vuelos hasta 1934, año en el que fue retirado del servicio y donado al Museo de la Aviación Alemana de Berlín. Fue destruido en un bombardeo aliado sobre Berlín en la Segunda Guerra Mundial.


Hidroaviones en la bahía

Como se puede ver en la foto superior, el Dornier no ha sido el único hidroavión que ha amerizado en la bahía de Santander. Los únicos hidroaviones que pueden verse en la actualidad en la bahía son, de forma ocasional, los empleados en la lucha contra los incendios forestales cuando cargan agua en sus depósitos.

Se puede encontrar más información en:

Historia aérea (II). Escala en Santander


jueves, 14 de julio de 2016

Escaleras al cielo (VI)

Repasando artículos anteriores, en la serie dedicada a las escaleras que podemos encontrarnos en Santander, dediqué un artículo a las que hay en el entorno de la calle del Río de la Pila. Pues bien, me he dado cuenta de que no hablé de las escaleras que forman el tramo final de la calle.



Las escaleras están divididas en dos tramos y parten de la calle San Sebastián, justo frente a la parada del funicular, y terminan en la calle Prado de San Roque.

Si vamos hacia el este, en la calle Santa Teresa de Jesús nos encontramos con un largo tramo de escaleras que comunica ésta con las calles Macías Picavea y Miralmar.

 

martes, 5 de julio de 2016

La lucha entre las pueblas

Transcurría el siglo XV bajo el reinado de Enrique IV de Castilla (1425-1474), de la Casa de Trastámara, en un ambiente nada pacífico por las luchas entre los nobles y los reinos de Castilla, Aragón, Navarra y Portugal, cuando en 1462 nace Juana (1462-1530), fruto del matrimonio del rey con su segunda mujer, Juana de Portugal (1439-1475). Juana, llamada la Beltraneja por decirse que era hija del noble Beltrán de la Cueva, fue jurada como Princesa de Asturias. Esto provocó un grave conflicto con la nobleza por la sucesión en el que Juan Pacheco, Marqués de Villena, y su hermano Pedro Girón, Maestre de Calatrava, fueron apartados del poder en favor de Beltrán de la Cueva, a quien el Rey nombró valido suyo.

Sello real de Enrique IV

Esto provoco una serie de luchas entre nobles partidarios y detractores del Rey. En esta guerra, la Casa de Mendoza se posicionó a favor del Rey. Como recompensa a su lealtad, el Rey, entre otras dádivas, cedió a Diego Hurtado de Mendoza (1417-1479), segundo Marqués de Santillana, la villa de Santander en 1466.

Esto no sentó nada bien a los habitantes de la villa, que preferían la autoridad del Rey a la de los señores, por lo que no aceptaron someterse al Marqués de Santillana, su nuevo señor. Éste, al ver la resistencia de los santanderinos, hizo venir a sus fuerzas y las puso al mando de Ladrón de Guevara, señor de Escalante. Además, nombró a Juan de Gauna, merino de Santillana, y al corregidor García López de Burgos encargados de hacer cumplir lo dispuesto por el Rey.
 
Sin embargo, Santander decidió resistir. La villa estaba amurallada y, antes de vencer la fortaleza de las murallas, el Marqués de Santillana venció la resistencia de tres hidalgos de la Puebla Vieja. Fernando Fernández de Alvarado, Juan Gutiérrez de Alvear y Gonzalo de Solórzano cedieron a las promesas del Marqués y una noche abrieron la puerta de la muralla de la Rúa Mayor, por donde entraron las tropas del Marqués, que se apoderaron de la Puebla Vieja, la abadía y el castillo.

Diego Hurtado de Mendoza, segundo Marqués de Santillana

Sorprendidos por la traición, los leales al Rey se refugiaron en la Puebla Nueva al tiempo que enviaban mensajeros por la costa y los valles cercanos para que contaran lo que sucedía en la villa. Los pueblos vecinos respondieron a la llamada ya que también temían perder sus fueros y libertades bajo la tiranía feudal del Marqués y sus aliados. La llegada de la ayuda permitió a la Puebla Nueva resistir los ataques de los que habían logrado introducirse en la misma. Tenían lugar recios y enconados combates a diario en los que morían combatientes de ambos bandos: hidalgos, burgueses..., entre ellos Fernando de Escalante. El puente de madera que cruzaba la ría de Becedo, cerca de las Atarazanas Reales, fue escenario de muchos de estos combates y los cuerpos de los muertos caían a la ría, cuyas aguas acabaron teñidas de rojo.

Al cabo de unos días, las fuerzas del Marqués habían disminuido notablemente al no haber recibido refuerzos. Esto permitió que los santanderinos las cercaran. Al verse cercados, acordaron una tregua de sesenta días, durante los cuales la Puebla Vieja estaría en manos de Ladrón de Guevara y, si en ese tiempo no recibían apoyo del Marqués, les sería entregada a los vecinos de la villa.

Éstos aprovecharon la tregua para enviar barcos a solicitar aliados y recursos. Al cabo de unos días llegaron refuerzos por mar desde Trasmiera y Vizcaya al mando de Juan Alonso de Muxica y de Buytron, señor de Aramayona, antiguo aliado de los montañeses. También vinieron en ayuda de la villa Gonzalo de Salazar con sus solariegos de Somorrostro y Juan de Agüero con sus correspondientes fuerzas. Con todos estos refuerzos la Puebla Nueva acabó teniendo unos tres mil hombres escogidos y bien armados.

Por su parte, los refuerzos del Marqués venían al mando del Conde de Saldaña, pero a la altura de la puente de Arce se arredraron y detuvieron. Mientras tanto, la tregua estaba a punto de expirar. Sin esperar a que esto ocurriera, los de la villa atacaron con todas sus fuerzas la Puebla Vieja, ocupándola y recuperando la abadía y el castillo. También quemaron y destruyeron las casas de los traidores.

Al enterarse el Rey de la resistencia de la villa, revocó su decisión y premió la lealtad de los habitantes de Santander titulando a la villa como "noble y leal". Para ello expidió un Privilegio el 8 de mayo de 1467 en los siguientes términos:

"Aceptando la mucha lealtad y fidelidad en que me habéis servido especialmente después que los movimientos presentes se comenzaron en mis reynos, é los muchos servicios que habéis hecho a los reyes mis antecesores, tengo por bien que esa villa se intitule Noble y Leal".

Estos fueron los primeros títulos que ha recibido Santander a lo largo de su historia y que forman parte del lema de la ciudad, que figura en su escudo.



Escudo de Santander del siglo XVI en el monumento a la Reconquista de Sevilla situado en Cuatro Caminos

martes, 21 de junio de 2016

Un poco de historia (LIII)

La calle Burgos

En 1845, en el Camino Real de la Mies del Valle (actual calle San Fernando), recibe el nombre de "Burgos" el tramo comprendido entre la casa de Isla (junto al actual Pasaje de Peña) y la plaza de Numancia. La casa de Isla formaba parte de los tinglados de Becedo, pertenecientes a Juan de Isla y Alvear. Construidos a mediados del siglo XVIII en ellos se fabricaba todo tipo de aperos, jarcias, cabos y demás utensilios navales destinados a los barcos que se construían y reparaban en Santander, Guarnizo, El Astillero, etc.

Calle Burgos (1910)

Debido a la quiebra de Juan de Isla y a varios incendios, los antiguos tinglados se fueron convirtiendo en almacenes, fraguas, tiendas, mesones y demás pequeñas industrias y negocios que fueron variando la fisonomía de la calle.

En 1862 un documento oficial establece que la calle "en lo sucesivo se llamará de la Alameda". Unos años más tarde, con motivo de la Revolución de 1868 recibió el nombre de "Veinticuatro de septiembre", nombre que conservó hasta la Restauración en 1876. Desde 1949 se denomina "calle Burgos" al tramo comprendido entre la calle Don Pelayo y la plaza de Numancia; es decir, el trazado actual.

Calle Burgos (1937)

En su último tramo la calle compartía espacio con la plaza del Reenganche, llamada así porque a mediados del siglo XIX, debido a los distintos contenciosos militares que tenía España con las colonias de ultramar, se instaló en ella la Oficina de Reenganche. En 1876 se inauguró en la plaza una fuente que se surtía del manantial de Perines. En 1955 se instaló en ella un busto del pintor Agustín Riancho.

Calle Burgos (1968)

Calle Burgos y plaza del Reenganche (años 60-70)

A pesar del tiempo, la calle apenas sufrió cambios, especialmente en su acera norte, que prácticamente sigue igual. En su acera sur es donde ha tenido más cambios. Sin duda, la mayor transformación que ha sufrido la calle Burgos tuvo lugar a principios de los años 90 al ser construido el túnel subterráneo para el tráfico y hacer peatonal la calle. La plaza del Reenganche también fue modificada. Se suprimió el aparcamiento y el vial que la cruzaba, se integró con la calle Burgos formando una unidad y perdió su nombre, llamándose ahora Plaza de Juan Carlos I. La plaza de Numancia también fue modificada, cambiando su fisonomía.

Obras de construcción del túnel subterráneo (1992)

Por la calle Burgos circuló el Tranvía Urbano, que comunicaba la plaza de Molnedo (Puertochico) con Peñacastillo.


Un poco de historia (LIV). La Rúa Mayor
Un poco de historia (LII). El Río de la Pila