jueves, 9 de octubre de 2014

El incendio de Santander (I)

Sois bastantes los seguidores del blog los que, mediante el "Formulario de contacto", me habéis pedido que hable sobre el incendio de Santander, del que tanto he hablado en varios artículos. El incendio de Santander es un tema sobre el que ya tenía pensado escribir, pero reunir información y, sobre todo, resumirla para no hacer artículos largos y pesados ha sido una tarea que me ha llevado tiempo. Aunque la serie de artículos "Un poco de historia" está dedicada a la historia de Santander, a este tema voy a dedicarle una serie en exclusiva. Espero que os guste.


El incendio (I)



Aquel 15 de febrero de 1941, sábado, soplaba un frío viento racheado que fue rolando a Sur y aumentando su velocidad y fuerza. Por la noche ya era imposible caminar por las calles y llegó un momento en que tampoco el tráfico rodado podía circular. Las olas rompían con estrépito contra las machinas levantando maderos y piedras, los barcos reforzaron las amarras, las embarcaciones pequeñas pronto empezaron a zozobrar. Era tal la fuerza del viento, que el agua de la bahía llegó a golpear las ventanas de las casas del Alta.

Hacia las nueve de la noche el viento alcanzó ráfagas de hasta 140 km/h, cayendo sobre la ciudad una sonora lluvia de cristales rotos y tejas. Los miradores, balcones, chimeneas, recubrimientos de fachadas, etc., volaban como si fueran papeles; los escaparates estallaban en mil pedazos; las sillas y ramas del Paseo de Pereda se estampaban contra las casas; los cables del tendido eléctrico y del tranvía comenzaron a ceder, dando latigazos que producían descargas y chispazos espectaculares. Quienes salían de la última sesión de los cines tenían que avanzar prácticamente arrastrándose por el suelo esquivando todo aquello que arrastraba el viento. Sobre las diez ya no quedaba nadie en las calles.

Aunque ya había habido varios conatos de fuego, en el número 20 de la calle Cádiz (primera foto) se inició un incendio que, aún hoy en día, no se sabe si fue originado por un cortocircuito o por las brasas de un fogón de una pensión. En cualquier caso, el tejado empezó a arder y las ascuas pasaron al número 15 de la Rúa Mayor (segunda foto) y a casas de la calle Somorrostro, llegando poco después a la calle Atarazanas. Al mismo tiempo empezó a arder el Palacio Episcopal, de donde el fuego pasó a la Catedral. En ese momento el incendio ya era una catástrofe inevitable. Los vecinos intentaban huir hacia el norte mientras el tejado de la Catedral ardía por los cuatro costados.

Por efecto del viento las llamas se propagaban horizontalmente, llegando de este modo más fácilmente a las casas. Además de al fuego, los bomberos también se enfrentaban al viento, que les impedía dirigir el chorro de agua de las mangueras hacia las llamas.



En la primera foto superior se puede ver cómo quedaron la Catedral y el Palacio Episcopal (el edificio que se ve detrás de la Catedral). En la segunda foto se pueden ver los restos de la torre. Cuando la torre de la Catedral estaba envuelta en llamas, las grandes campanas y el reloj cayeron con gran estruendo y acabaron fundiéndose por efecto del calor. En su caída arrastraron los pisos de la torre, lo que la convirtió en una gran chimenea que favoreció el avance del fuego. Las vigas del tejado de la Catedral, largas, gruesas y pesadas, eran llevadas por el viento, envueltas en llamas, como si fueran hojas de papel. De la calle Atarazanas, el fuego pasó a las calles La Ribera, San Francisco y La Blanca, de donde no tardaría en llegar a la Plaza Vieja. También arden casas de la calle Del Puente, del Callejón del Infierno y el Hotel Victoria.


Enseguida empezaron a arder el almacén de Pérez del Molino, la iglesia de Nuestra Señora de la Anunciación ("La Compañía"), la redacción del diario Alerta y las calles Tableros, La Compañía, Carbajal (foto superior) y Santa Clara. Sobre las tres de la madrugada empezaron a derrumbarse algunos edificios de la calle San Francisco. El fuego ya había llegado a las calles Del Peso, Puerta la Sierra y a la Plaza de los Remedios. La calle San José, donde se había refugiado un gran número de enfermos, mujeres y niños, es evacuada.



En estas fotos se puede ver cómo ardían los edificios de la calle Atarazanas y cómo quedó la Plaza Vieja, con la iglesia de La Compañía a la izquierda de la foto.

El viento, al haber dejado los tejados sin la protección de las tejas, facilitaba que las brasas que él mismo hacía volar prendieran nuevos incendios en los desprotegidos edificios. Esto hizo que fuera en los tejados donde los bomberos, soldados y voluntarios se jugaran la vida durante muchas horas para llevar agua al tiempo que intentaban respirar y ver entre el asfixiante humo.

Para entonces las autoridades ya habían declarado el estado de guerra y encargaron a la Policía, la Guardia Civil y el Ejército el mantenimiento del orden público. Como el viento había derribado los postes de los tendidos telefónico y telegráfico, Santander estaba incomunicado. Las vías del ferrocarril y las carreteras también estaban cortadas por los árboles y cascotes caídos, por lo que sólo pudieron enviarse mensajeros en moto a las localidades y provincias vecinas para pedir ayuda, y aun así tardaron largas horas en poder llegar a sus destinos.

Mientras tanto, el fuego seguía su imparable avance, tanto hacia el este como hacia el norte, llegando incluso a iniciarse incendios en algunas casas del Alta y de la calle María Cristina que pudieron ser sofocados por los propios vecinos. En su avance por la Plaza de los Remedios, el fuego se vio cortado por el Coliseum y el Instituto Santa Clara. Hacia el este, el edificio de Hacienda también hizo de cortafuegos, lo que permitió salvar las casas del Muelle, aunque dicho edificio acabó sucumbiendo a las llamas. La estrechez de las calles ayudaba a la propagación del fuego, que pasaba de un edificio a otro con gran rapidez.



El incendio de Santander (II). El incendio (II)


1 comentario:

  1. De aquel devastador fuego lo que me parece más interesante no es la destrucción en sí, sino lo que aconteció después cuando el enano facistoide para lavar su imagen tras la guerra, se propuso reconstruir Santander. De ahí la sumisión de esta ciudad que siempre se sintió agradecida manteniendo una lealtad al enano facistoide muy conservadora, ya que como sabrás envíó tropas y todo tipo de ayudas, aunque sólo fuera para lavar su imagen. Aunque eso da.. para escribir otro relato corto sobre Santander. O dos, si son pequeños :-)

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