miércoles, 30 de marzo de 2016

Un poco de historia (XLVII)

El Pasaje de Peña ("el túnel")

A partir de mediados del siglo XIX, cuando ya funcionaban a pleno rendimiento el muelle de Maliaño y las estaciones de ferrocarril, y la ciudad empezaba a crecer por su vertiente sur, sobre todo en las calles Calderón de la Barca, Méndez Núñez y Cádiz, se hizo evidente que era necesario comunicar el centro de la ciudad con la plaza de las Navas de Tolosa, ya que la Rampa de Sotileza aún no existía (se abrió en 1887). La única forma de ir del centro a dicha plaza era dando un gran rodeo por la calle Calderón de la Barca. Por ello, en 1882 se plantea la construcción de un túnel que comunicara la calle Atarazanas con la plaza de las Navas de Tolosa. El mismo partiría de la calle Cuesta e iría por debajo de las calles Rúa Mayor y Rúa Menor. Sin embargo, el proyecto no fue aprobado.

Inicio de las obras del túnel (boca norte, 1936)

Años más tarde, ya en el siglo XX, se retoma la idea de comunicar el centro con la zona portuaria y las estaciones. En esta ocasión se consideró un trayecto más corto, por lo que el Ayuntamiento decidió que el mejor lugar era un espacio que había libre junto al edificio en el que estaban los recordados "Almacenes Simeón". En este caso el túnel pasaría bajo la calle Alta. En 1936 el alcalde, Ernesto Castillo Bordenabe, "el piqueta", ordena el inicio de las obras del que sería el "Túnel del Pueblo". Las obras las llevaron a cabo brigadas de obreros voluntarios. Sin embargo, la Guerra Civil supuso la paralización de las mismas.


Obras de construcción del túnel (boca sur)

Terminada la Guerra, el ministro de Obras Públicas, Alfonso Peña Boeuf, ordena, en 1940, el reinicio de las obras, ya que las consideraba beneficiosas para la ciudad y la provincia. Las obras las llevó a cabo la empresa San Román. Las piedras y la tierra resultantes de la excavación sirvieron para el relleno del muelle de Maliaño. Tras un duro trabajo, en 1943 fue inaugurado el túnel. El nombre de "Pasaje de Peña" le fue puesto como homenaje al ministro.

Inauguración del "Pasaje de Peña" (boca norte, 1943)

El túnel mide unos 200 metros y describe una suave curva. En sus dos bocas está coronado por el escudo de Santander tallado en piedra junto al nombre, grabado en la piedra. Sus paredes están decoradas con murales pintados por los alumnos de diversos colegios e institutos de Santander. Pese a que su nombre oficial es Pasaje de Peña, en Santander todos lo conocemos como "el túnel". Sobre el túnel, en su lado norte, está situado el parque de Juan José Ruano.

Pasaje de Peña (boca norte, años 40-50)


El Pasaje de Peña en la actualidad

 

jueves, 17 de marzo de 2016

Un poco de historia (XLVI)

La plaza del Príncipe

En el grabado de Braun se puede ver una pequeña ensenada junto a la Puerta de la Mar, de la muralla que rodeaba la entonces villa de Santander. En esa ensenada estaban el Muelle del Cay y algunas casonas hidalgas en la parte de Tableros. En el siglo XVIII se terraplenó el lugar y empezó a ser conocido como Las Herrerías. Debido al auge que iba teniendo el comercio en Santander, por el paso de villa a ciudad, cada vez eran más los comerciantes que establecían sus despachos y almacenes en el Muelle, junto a los barcos atracados. En el terreno de Las Herrerías se construyó el edificio para la Real Aduana, según una disposición de Carlos III de 1786. El mismo lindaba, al sur, con la calle de La Ribera y al norte con la calle Tableros, antigua rúa de Don Gutierre, que descendía bruscamente en unos terrenos que quedaron sin urbanizar. El edificio de la Aduana se destruyó en el incendio de febrero de 1941.

Edificio de la Aduana destruido en el incendio de 1941

Cuando se construyó la Aduana el espacio que quedó detrás fue denominado Plaza de la Aduana. A mediados del siglo XIX se empiezan a trasladar las casas de los pescadores del Cabildo de Abajo a la calle de La Mar, se colocan bancos y se construye una pequeña alameda que desembocaba en la calle de los Mártires. A la plaza se le denominó "plazuela" por su pequeño tamaño, y en 1862 recibió el nombre de "del Príncipe" en honor del príncipe Alfonso, hijo de Isabel II. Sin embargo, cuando Isabel II es destronada en la Revolución de 1868, se le cambió el nombre por el de Plaza del Progreso, hasta que en 1874, con la Restauración, al ser Alfonso coronado rey como Alfonso XII recobró el nombre de Plaza de la Aduana, aunque la gente la seguía llamando "del Príncipe", nombre con el que se quedó definitivamente, pese a que en 1921 fue denominada "de Eduardo Dato".


Plazuela del Príncipe (1900)

Para solucionar el grave problema que tenía Santander de suministro de agua potable, a mediados del siglo XIX se decidió un plan para construir nuevas fuentes, conducciones y alcantarillado, lavaderos públicos, establecer depósitos de agua y abrevaderos, etc. Uno de los puntos de dicho plan era la construcción de una fuente en la plaza de la Aduana alimentada con aguas del manantial del Río de la Pila. La fuente que se construyó la diseñó un arquitecto que no debía tener el menor sentido artístico ya que la gente, desde el primer momento, la denominó "la fuente del monstruo", nombre con el que pasó a la historia.

Plazuela del Príncipe (1905)

En 1834 se habilitó como teatro un almacén que hacía esquina con la calle de La Puntida, "un coliseo de verdad, con lunetas, palcos y tendidos de asientos en la planta baja, donde se cumplía la prescripción reglamentaria de la separación de sexos". Este teatro funcionó hasta que se construyó el Teatro Principal, en 1839, en la cercana calle Arcillero.

La plaza tenía forma irregular. Detrás de la primera manzana de casas del Muelle se construyeron otras dos que aún existen, aunque una de ellas sufrió una reforma en su traza. En sus bajos abrió el comercio "Ródenas". Después del incendio de 1941 fue ocupado por el Instituto Nacional de Previsión (antecesor del INSALUD) hasta que se trasladó a su sede en la avenida de Calvo Sotelo, instalándose en el local la recordada cafetería "Lago". Hoy lo ocupa una conocida firma de ropa.

A la plaza se podía acceder desde el paseo de Pereda por una pequeña calle junto al edificio de la Aduana, la rampa con algunos escalones en que terminaba la calle de La Blanca, una escalinata que daba acceso a la calle Tableros (como se puede ver en la siguiente imagen), las calles Santos Mártires, Calderón y Hernán Cortés.

Dibujo de la plazuela del Príncipe

En su vertiente oeste la plaza describía una curva que fue aprovechada para el trazado del "tren de Gandarillas", que partía de la calle Hernán Cortés. El tren llegaba por la calle Calderón (actual Ataúlfo Argenta) y en la plazuela del Príncipe tomaba la curva para entrar en la calle Hernán Cortés, como se puede ver en el dibujo superior.



La plazuela del Príncipe después del incendio de febrero de 1941

En febrero de 1941 la plazuela del Príncipe vivió el momento más trágico de su historia al ser destruidos casi todos sus edificios por el incendio que asoló Santander. Pese a ello, hizo de cortafuegos e impidió que el incendio se extendiera hacia el este. Durante la reconstrucción de la ciudad en ella se instalaron algunos de los barracones en los que se establecieron los comercios destruidos por el fuego.

Construcción de la actual plaza de Velarde

En la foto superior se puede ver, arriba a la izquierda, la plaza del Príncipe con los barracones. Los edificios que se ven siguen existiendo en la actualidad. Después del incendio, la plaza perdió su condición de tal y pasó a ser un simple acceso a la plaza de Velarde. Hace unos años, durante las obras de reforma de las plazas de Velarde y del Príncipe, en ésta se descubrió un refugio antiaéreo, en perfecto estado de conservación, del que no se tenían datos. Hoy se puede visitar y la plaza es un pequeño y bonito rincón de la ciudad.


La plaza del Príncipe en la actualidad


Un poco de historia (XLVII). El Pasaje de Peña ("el túnel")
Un poco de historia (XLV). Calles de origen militar


lunes, 15 de febrero de 2016

Un poco de historia (XLV)

Calles de origen militar


Paseo del General Dávila

A finales del siglo XVIII, debido a la guerra con Francia, y temiendo un posible desembarco francés, el Ayuntamiento y las autoridades militares de la ciudad colaboraron en los preparativos de la defensa de la ciudad. Para ello se desplazó a Santander el mariscal don Juan de Pignatelli, que asumió la dirección de dichos preparativos. Entre los mismos figuraba la apertura de caminos que comunicaran la población con los distintos puntos defensivos situados en la costa, desde el castillo de Liencres hasta el de San Salvador de Hano, situado en La Magdalena, así como caminos transversales. Estos caminos debían ser lo más rectos posibles, tener el menor desnivel posible y la anchura suficiente para que dos carros pudieran cruzarse, y para que las personas y jinetes que por él circularan no se molestaran. De este modo se podían transportar armas y pertrechos de un castillo a otro rápida y fácilmente.

Uno de estos caminos comunicaba el castillo de Pronillo con el Alto de Miranda, "esto es, toda la Alta, para facilitar el paso de los cañones violentos que estos días deben andar con el Regimiento de mi cargo, haciendo fuego cuando llegue el caso para impedir la entrada de los enemigos si se verificase el desembarco".

Palacio de Riva-Herrera en Pronillo

El camino del Alta, de veintiséis pies de ancho de cuneta, estuvo terminado en poco tiempo y quedó practicable para poder circular por él. Con el tiempo, se construyeron residencias de verano, casas familiares con jardines, etc., que fueron dando un toque de distinción al camino, convertido en paseo. A partir de mediados del siglo XIX varios propietarios cedieron parte de sus terrenos para urbanizar el paseo, construir cunetas, plantar árboles, etc. La mayoría de las residencias se construyeron en el lado sur del paseo, mientras que el lado norte siguió conservando su aspecto rural con huertas, ganado, etc. En 1905 el paseo recibió el nombre de Francisco Sánchez de Porrúa (alcalde de Santander y comerciante del siglo XIX). En 1937 recibió el actual nombre en homenaje al general Fidel Dávila. Sin embargo, popularmente sigue siendo conocido como "el Alta".


Paseo de El Alta

En 1895, en el Prado de San Roque, se inauguró el Cuartel de "María Cristina", sede del Regimiento de Infantería Valencia Nº 23, que fue cerrado en los años 90. Este Regimiento participó activamente en la lucha contra el incendio de Santander de 1941 creando cortafuegos con la demolición controlada de edificios y otras construcciones que aún no habían ardido. En sus terrenos hoy hay viviendas, un pequeño parque y un centro de salud. Del cuartel sólo quedan el campo de fútbol y el edificio de la Residencia de Oficiales, actual sede del Centro Cívico "María Cristina".

Cuartel de "María Cristina", sede del Regimiento de Infantería Valencia Nº 23 (1958)

Paseo del Alta (1937)
En primer plano, la fábrica de Curtidos Mendicouague

En esta calle, por ser la zona más alta de Santander, están situados cinco de los seis depósitos de agua que hay en la ciudad. De este a oeste, son los siguientes: Arna (en la esquina con la calle Francisco Palazuelos, popularmente llamada calleja de Arna), El Avellano (frente a la Finca de Jado), La Atalaya (frente al campo de fútbol del antiguo cuartel), MacMahon (junto al antiguo Centro Meteorológico) y Pronillo (en la Traída de Aguas). El sexto depósito está en Cueto, en la calle Bellavista. Para alojar a parte de la gente afectada por el incendio de febrero de 1941 que perdió sus viviendas, se construyó en la Quinta Porrúa el grupo de viviendas "Jacobo Roldán Losada". En 1907 abrió sus puertas el Colegio Salesiano "María Auxiliadora", de los Padres Salesianos.

 Paseo del General Dávila (1985)


Paseo de Menéndez Pelayo

Otro camino que era considerado indispensable era el que partía del Río de la Pila y llegaba al Alto de Miranda, donde convergía con el camino del Alta. Este camino era el que más ventajas presentaba "no sólo por el menor costo que tendrá su rehabilitación, sino porque también ofrece la más pronta comunicación con el Sardinero y castillo de San Salvador de Hano y la mejor situación para hacer un paseo que aumente la hermosura de las inmediaciones de la ciudad y el recreo de sus habitantes". Este camino se trazó con un ancho de siete varas y, al igual que sucedió en el paseo del Alta, éste también se fue convirtiendo en una vía reservada a chalés y villas residenciales, aunque también se construyeron casas de vecinos. En el lado sur del paseo hubo que construir gruesos cimientos y altos muros de contención para poder levantar las casas sobre la ladera de Tetuán.


Paseo de La Concepción (1900)

Confluencia de los paseos de La Concepción y del Alta en Miranda

En 1848 recibió el nombre de "La Concepción" por la ermita dedicada a la Inmaculada Concepción situada en Miranda. En 1875 fue calificado como "Paseo" debido a que cada vez más gente lo utilizaba para desplazarse a pie hasta El Sardinero. El nombre actual de paseo de Menéndez Pelayo lo recibió en 1903, cuando todavía vivía Marcelino Menéndez Pelayo, como homenaje al insigne polígrafo.

A finales del siglo XIX empezó a circular por el paseo de La Concepción el tranvía de Miranda, que salía de la calle del Martillo. A principios del siglo XX se plantaron los plátanos que hoy en día forman la característica bóveda que cubre la calle. Aún es posible encontrar a personas mayores que se refieren al paseo por su anterior nombre de Paseo de La Concepción.


Paseo de La Concepción

Paseo de Menéndez Pelayo


Paseo de Menéndez Pelayo (1985)


Cuesta de la Atalaya

En un plano de 1788 del brigadier don Vicente de Tofiño San Miguel que recogía las baterías dispuestas alrededor de Santander, ya aparece un camino que partía de la puerta de Santa Clara y llegaba hasta el Alta. Poco a poco se fueron construyendo pequeñas casas con huertas y establos a ambos lados del mismo, formando un pequeño barrio fuera de la muralla que rodeaba la ciudad. Este camino pronto adquirió importancia militar pues unía, en línea recta, el castillo de San Felipe, junto a la Catedral, con una atalaya situada en el Alta y que fue erigida por el Real Consulado de Mar y Tierra. Desde lo alto de ésta se divisaba el mar y se podía ver qué barcos se acercaban a la ciudad. Pese a su pronunciada pendiente, por este camino se subieron cañones para proteger a la ciudad, y por ella circulaban gentes que entraban y salían de la ciudad.

Con el tiempo las pequeñas casas se fueron transformando en edificios de vecinos, muchos de los cuales seguían conservando una pequeña huerta en la parte trasera. Se abrieron pequeñas calles transversales y cercanas (Tantín, San Sebastián, San Celedonio, Vista Alegre, etc.) que fueron creando un barrio con su propio tipismo y carácter.

Cuesta de la Atalaya (1914)

Cuesta de la Atalaya

Sin embargo, en febrero de 1941 toda la margen derecha de la calle, hasta la calle Tantín, desapareció pasto de las llamas del pavoroso incendio que destruyó gran parte de la ciudad.


Un poco de historia (XLVI). La plaza del Príncipe
Un poco de historia (XLIV). Fábricas e industrias en Santander (II)
 

75º aniversario del incendio de Santander

Vista desde la calle Tantín

Tal día como hoy, hace 75 años, sábado, a partir de las ocho de la tarde, el viento Sur que soplaba sobre Santander empezó a aumentar su fuerza hasta alcanzar rachas de 140 Km/h. En el número 20 de la calle Cádiz se inició un incendio que el viento se encargó de extender y que tardó tres días en ser sofocado.

Prácticamente toda la Puebla Vieja quedó destruida. La ciudad parecía que había sufrido un bombardeo, por como había quedado. Se perdieron miles de viviendas, cientos de negocios, miles de personas perdieron su hogar y trabajo, pero, milagrosamente, sólo hubo una víctima mortal: un bombero de Madrid, Julián Sánchez García, que murió unos días después de ser sofocado el incendio como consecuencia de las heridas sufridas al caerle encima una fachada en la calle Atarazanas.

Después de derribar las ruinas que quedaron en pie y de retirar los escombros, Santander sufrió una total transformación. En lugar de reconstruir la zona quemada, se construyó una nueva ciudad. Las calles estrechas y en penumbra fueron reemplazadas por amplias y luminosas calles y avenidas, los viejos edificios con estructura de madera desaparecieron y en su lugar se construyeron modernos edificios de hormigón que, sin embargo, fueron ocupados por los más pudientes, oficinas públicas, etc., mientras que quienes perdieron su hogar fueron realojados en viviendas sociales, alejados del centro de la ciudad los más afortunados, mientras que los más humildes fueron llevados a las afueras de la ciudad a casas aún más modestas.

La reconstrucción de la ciudad, cómo se llevó a cabo, qué se hizo bien, qué se hizo mal, qué habría que haber hecho, etc., etc., es un tema muy complejo en el que hay opiniones para todos los gustos. Hay quien hubiera reconstruido la zona quemada, hay quien está a favor de lo que se hizo, hay quien hubiera preferido otro diseño del nuevo Santander, etc. ¿Qué hubiera pasado de haber sido otra la situación política en España? ¿Cómo sería hoy Santander si no se hubiera producido el incendio? El debate está ahí.

Para recordar este suceso histórico, el Ayuntamiento ha previsto una serie de actos para este año. El primero será esta tarde, a las ocho, en el claustro de la Catedral. Se proyectará una película rodada depués del incendio, inédita hasta ahora, y que ha sido donada a la ciudad por los descendientes de su autor. El Ayuntamiento también ha creado una página web en la que detalla todas las actividades previstas para el aniversario.

El Diario Montañés ayer publicó un suplemento especial que relata con detalle todo lo ocurrido, con fotos y testimonios de gente que vivió el incendio, y ha sacado una colección de láminas con fotos con un gran nivel de detalle que irá publicando semanalmente. También ha creado una página web especial sobre el incendio.

En esta página del blog podrás conocer todo lo que sucedió aquel fatídico 15 de febrero de 1941. Esperemos que algo así no vuelva a suceder.

domingo, 17 de enero de 2016

El ferrocarril en Santander (VII)

El Ferrocarril Santander-Mediterráneo

En esta serie de artículos dedicados a la historia de los ferrocarriles que tenían Santander como origen y destino no podía faltar el Ferrocarril Santander-Mediterránero, un ferrocarril que nunca se terminó y del que, en la entonces provincia de Santander, sólo se construyeron algunos túneles y estaciones y nunca se llegaron a tender vías. Los tramos que entraron en servicio fueron abandonados paulatinamente. Motivos e intereses económicos y políticos, falta de visión de futuro, mala planificación, etc., llevaron a su total abandono y desmantelamiento. Sobre este polémico tema se ha escrito y debatido mucho. Mi intención sólo es contar, de forma abreviada, su historia. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

El Ferrocarril Santander-Mediterráneo nació a partir del proyecto de una línea férrea que uniría Burgos con Soria y Calatayud y que fue incluida en el Plan de Ferrocarriles Estratégicos de 1908. En 1911 se anuncia el proyecto de otro ferrocarril estratégico que uniría Burgos con Ontaneda, donde enlazaría con el Ferrocarril de El Astillero a Ontaneda. Estos proyectos acabaron fundiéndose en uno solo que permitiría el transporte de mercancías y pasajeros entre El Astillero y Calatayud por una línea de ancho métrico. A partir de Ontaneda, la línea seguiría por Bárcena de Toranzo, Vega de Pas, San Pedro del Romeral, Bustavernales, Busnela, una estación situada entre las localidades de Cidad de Valdeporres y Dosante, denominada Cidad-Dosante, y Burgos.


Estación de Yera

Hospedería de Yera

Este proyecto, además de no llegar hasta Santander, contemplaba su construcción con vía de ancho métrico, algo impensable para un ferrocarril tan largo (más de 400 Km) y que enlazaba con ferrocarriles de ancho ibérico, lo que implicaba hacer trasbordos, tanto de mercancías como de viajeros. Esto hizo que no prosperara. Además, el inicio de la I Guerra Mundial supuso la suspensión de muchos proyectos. En 1921 se presenta un nuevo proyecto, todo él en vía ancha, que tenía dos opciones: cambiar el ancho de la vía del ferrocarril de El Astillero a Ontaneda, o hacer un nuevo trazado para el paso de la Cordillera Cantábrica. Sin embargo, este proyecto no fue aprobado por las deficiencias que presentaba. En 1924 el Directorio Militar del gobierno presidido por Primo de Rivera mostró su apoyo al proyecto al considerarlo estratégico. El proyecto fue aprobado ese mismo año.

Estación de La Engaña

Iglesia en La Engaña

Viviendas de los trabajadores en La Engaña

Los trabajos se iniciaron en 1925 y en 1927 se inauguró el primer tramo: Burgos-Cabezón de la Sierra. Hacia 1930 ya estaban construidos los tramos comprendidos entre la estación de Cidad-Dosante y Calatayud. En 1927, debido a una reducción del presupuesto, hubo que sacrificar la última sección de las siete en las que se había dividido el proyecto:

  • Calatayud-Soria (96 Km; inaugurado en 1929).
  • Soria-Cabezón de la Sierra (82,6 Km; inaugurado en 1929).
  • Cabezón de la Sierra-Burgos (72,5 Km; inaugurado en 1927).
  • Burgos-Peñahorada (22 Km; inaugurado en 1928).
  • Peñahorada-Trespaderne (48,5 Km; inaugurado en 1929).
  • Trespaderne-Santelices (44,2 Km; inaugurado en 1930).
  • Santelices-Santander (67,5 Km; nunca se terminó). 



Obras de construcción del túnel de La Engaña

La Sección Séptima era la correspondiente al paso de la Cordillera Cantábrica. Durante los seis años siguientes se presentaron diversos proyectos de trazados para unir Santelices con Santander: de Santelices a Reinosa, de Santelices a Renedo, por el puerto de La Sía, por el puerto de Lunada, etc. En 1935 se estudian las dos alternativas consideradas más viables: de Medina de Pomar a Santander por Espinosa de los Monteros siguiendo el río Trueba (92 Km), y de Santelices a Santander por el río Engaña (67,5 Km). Finalmente se eligió la última opción, que implicaba la construcción de un túnel de 6.976 m, el túnel ferroviario más largo de España.


Boca norte del túnel de La Engaña
 
Boca sur del túnel de La Engaña


Túnel de La Engaña

Por fin, en 1941, con la constitución de la Red Nacional de Ferrocarriles Españoles (RENFE) se inician las obras. Sin embargo, el proyecto original se modifica para que la vía termine en Boo de Guarnizo y no llegue a Santander. De este modo el proyecto original de 67,5 Km queda reducido a 63 Km. El motivo fue que de Boo de Guarnizo a Santander se seguiría por la vía de la línea Alar del Rey-Santander. Para su construcción, el tramo Santelices-Boo de Guarnizo fue dividido en 4 trozos y 10 tramos:
  1. Trozo primero (17,816 Km):
    • Santelices-La Engaña.
    • Túnel de La Engaña.
    • Túnel de La Engaña-Yera.
  2. Trozo segundo (27,4 Km):
    • Yera-Vega de Pas.
    • Vega de Pas-Selaya.
    • Selaya-Villacarriedo.
    • Villacarriedo-Susvilla.
  3. Trozo tercero (7,8 Km):
    • Susvilla-Sarón. 
  4. Trozo cuarto (10,12 Km):
    • Sarón-Liaño.
    • Liaño-Boo de Guarnizo.
    De todos estos tramos sólo llegaron a realizarse los tres primeros y los tres últimos, aunque en el octavo tramo, Susvilla-Sarón, sólo se ejecutaron pequeñas obras de forma puntual. El proyecto incluía la construcción de 32 túneles, de los que sólo se llegaron a construir 6, siendo el túnel de La Engaña el más representativo. Este túnel mide 6.976 metros y se empezó a construir por ambos extremos al mismo tiempo. Atraviesa el puerto de Estacas de Trueba y une las provincias de Cantabria y Burgos. Tiene un diámetro de 9 metros, una altura de 6,5 metros y está diseñado para albergar una plataforma de dos vías. Fue terminado en 1959.

    Túnel de El Majoral

    Túnel de El Morrito

    Túnel de El Morro

    Además de túneles, se debieron construir varios puentes, viaductos, pasos superiores e inferiores, etc. También se construyeron cuatro estaciones: Valdeporres, La Engaña, Yera y Boo de Guarnizo. Junto a las dos bocas del túnel de La Engaña se construyeron dos pequeños poblados para los ingenieros y obreros que trabajaban en la obra y que incluían iglesia, escuela y zonas deportivas. También se construyeron unos barracones para los presos que fueron llevados a trabajar en las obras.

    Paso inferior en La Paúl en Santa María de Cayón

    Paso inferior sobre la entrada al Parque de la Naturaleza de Cabárceno

    Traza de la plataforma entre Obregón y La Concha de Villaescusa

    En 1959 el gobierno aprobó el llamado Plan de Estabilidad, que imponía una serie de medidas de austeridad económica. Esto supuso la paralización de la construcción de la Sección Séptima. Los tramos que entraron en servicio nunca fueron rentables, pues atravesaban comarcas deprimidas, con poca población y poco movimiento de mercancías. El 30 de septiembre de 1984 se aprueba un Real Decreto que autoriza a RENFE a suspender el tráfico de mercancías y pasajeros en aquellas líneas altamente deficitarias. En el caso del Santander-Mediterránero sólo quedaron en servicio los 8 Km que unen Burgos con el polígono industrial de Villalonquéjar. Por último, en 1995 se autoriza el levantamiento de las vías cerradas al tráfico.


    Boca sur del túnel de Obregón



    Estación de Boo de Guarnizo

    Bibliografía

    Para la realización de estos artículos sobre el ferrocarril en Santander he utilizado la siguiente bibliografía:



    Algunas de las fotografías que aparecen estos artículos también proceden de los citados blogs y páginas web.


    El ferrocarril en Santander (VI). Las estaciones de Santander