miércoles, 22 de octubre de 2014

El incendio de Santander (VII)

Repercusión






El incendio de Santander fue un suceso que tuvo una gran repercusión en los medios de comunicación de la época, fundamentalmente en los españoles, ya que la prensa internacional, al estar Europa, el norte de África y otras regiones del mundo en guerra, informaba sobre el desarrollo de la misma.

En las imágenes superiores se pueden ver las portadas de algunos periódicos y revistas de la época informando sobre Santander.


Bibliografía

Para la realización de estos artículos sobre el incendio de Santander he utilizado la siguiente bibliografía:
  • Santander. Biografía de una ciudad. José Simón Cabarga. Centro de Estudios Montañeses (1954).
  • Santander en la historia de sus calles. José Simón Cabarga. Ediciones Estvdio (2001).
  • Calles del viejo Santander. Jesús del Campo Zabaleta, "El Machinero". Ediciones Estvdio (1999).
  • Febrero 1941. El incendio de Santander. José Luis Casado Soto. Editorial "Cantabria en Imagen" (2001).
  • Nueva Enciclopedia del Mundo. Ediciones Durvan (1989).
  • Hemerotecas de los diarios ABC y La Vanguardia.
  • Testimonios personales.



martes, 21 de octubre de 2014

El incendio de Santander (VI)

La reconstrucción (II)



El alcalde, el gobernador civil y el Estado tuvieron que adoptar decisiones transcendentes para la ciudad, como mantener o no el relieve anterior del terreno y el trazado de las calles. Los responsables de la reconstrucción se decantaron por expropiar todo al área siniestrada, ya que su urbanismo (calles estrechas de trazado y origen medieval, edificios por doquier, etc.) incumplía muchas normas de urbanismo y salubridad. Para hacer frente a las expropiaciones y a la planificación, se crearon la Junta de Reconstrucción y el Tribunal Arbitral de Seguros, que obligó a las compañías aseguradoras a pagar las pólizas, pues éstas pretendían eximirse del pago. El 3 de septiembre el Ayuntamiento pudo empezar a expropiar las fincas de la zona siniestrada y concertar un crédito con el Instituto de Crédito para la Reconstrucción Nacional para pagar a los expropiados. Las expropiaciones costaron unos 20 millones de pesetas.

La Dirección General de Arquitectura fue la responsable de la nueva planificación de la ciudad. Optó por un desmonte de toda la zona afectada y tuvo dos objetivos básicos: hacer un trazado llano, eliminando cuestas, y facilitar la comunicación del centro de la ciudad con la zona marítima, para lo que había que eliminar el cerro de Somorrostro. El acceso al puerto se completó con la apertura del Pasaje de Peña, que atraviesa lo que quedó del cerro. Según cálculo de la época, el desmonte del cerro supuso remover unos 300.000 metros cúbicos de tierra que se emplearon en la construcción de la explanada de El Camello. A su vez, el desescombro supuso el traslado de 150.000 metros cúbicos de cascotes. 



Las fotos superiores permiten ver cómo quedó la zona siniestrada tras hacerse el desescombro y el desmonte. El edificio que se ve a la izquierda de la primera foto fue el único que se salvó ya que era de reciente construcción y su estructura ya era de hormigón, en lugar de madera, y hierro. Por ese motivo, la gente le llamó "la diosa del fuego".

El primer edificio construido fue el de "La Polar", llamado así por la compañía de seguros que lo construyó. Está situado en la esquina de la avenida de Calvo Sotelo con la calle Del Puente. La construcción de los nuevos edificios, ya con estructura de hormigón, se aceleró a partir de 1945 debido a que se podía disponer de materiales de construcción pese al bloqueo internacional. En el nuevo trazado de las antiguas calles de Atarazanas, Colón y La Ribera, ahora unificadas en la nueva avenida de Calvo Sotelo, es donde más edificios, y de mayor porte, se construyeron al ser el nuevo eje principal de la ciudad. Se decidió hacer una gran plaza que concentrara los principales centros oficiales, resultando de ello la plaza de Velarde. A un lado se instalaron el Gobierno Civil, el Gobierno Militar y el Ateneo, y al otro lado se instalaron Hacienda y la Cámara de Comercio. Aunque en un principio estaba previsto que el Ayuntamiento se instalara al fondo de la misma, éste cedió dicho espacio a la Caja de Ahorros.


La primera foto superior muestra los trabajos de desmonte del cerro de Somorrostro, necesarios para poder prolongar las calles Lealtad e Isabel II y comunicar así el centro con la zona marítima. En la segunda foto se ve el desmonte realizado para poder crear las nuevas calles Juan de Herrera, San Francisco y la plaza de Velarde.

Por lo que a la población respecta, mientras que los pisos y locales de los nuevos edificios del centro fueron ocupados por los más pudientes, por despachos profesionales y oficinas públicas, etc., debido, entre otras cosas, a los altos precios y alquileres, las clases más modestas fueron repartidas por distintas zonas de la ciudad, siendo los más humildes los que más lejos fueron realojados. Las primeras viviendas que se construyeron fueron el grupo "Santos Mártires", entre las calles Los Acebedos y Vía Cornelia. En 1943 empezó a construirse el poblado "Sotileza", el Barrio Pesquero, al extremo de los muelles de Maliaño. También se construyeron las viviendas para militares de la calle San José y el barrio "Sixto Obrador" para los empleados de RENFE en Cajo. Gracias a la Suscripción Nacional el Ayuntamiento construyó el poblado "Carlos Ruiz García" en Campogiro. Con cargo al Estado se levantó el grupo "Canda Landáburu" en La Albericia (más conocido como las "casucas", en el barrio de Lavapiés). La Obra Sindical del Hogar construyó los grupos "José María de Pereda", entre las calles San Celedonio y Vista Alegre, "Pero Niño", en la calle Guevara, "Pedro Velarde", en la calle Jerónimo Sainz de la Maza, y "Jacobo Roldán Losada", en la Quinta Porrúa, en el paseo del General Dávila. Las tareas de reconstrucción se dieron oficialmente por finalizadas a finales de los años cincuenta.



La primera foto muestra la construcción del edificio de "La Equitativa", en la esquina de la plaza de Atarazanas y la avenida de Calvo Sotelo. En la segunda foto se puede ver el trazado de la nueva calle Juan de Herrera, los trabajos de reconstrucción de la iglesia de La Compañía y cómo aún no se había realizado todo el desmonte. Incluso aún se pueden ver los restos de la Casona de Villatorre, a la izquierda de la foto.




Las fotos superiores muestran tres momentos de la restauración de la Catedral.





En 1989 se inauguró un monumento a la reconstrucción de Santander esculpido por el escultor José Cobo Calderón. Primero estuvo en la rotonda situada junto al Hotel Bahía pero actualmente, debido a la transformación que ha sufrido esa zona de la ciudad, está integrado en la plaza de Farolas, lo que le hace más accesible. Está formado por dos elementos diferenciados: por un lado, un grupo de figuras de bronce aisladas, pero que comparten un espacio, y que constituyen un homenaje al hombre actual frente al poder de la naturaleza; y por otro lado, un gran bloque de mármol blanco con seis figuras que representan el renacimiento, la reconstrucción.



El incendio de Santander (VII). Repercusión



jueves, 16 de octubre de 2014

El incendio de Santander (V)

La reconstrucción (I)



En la tarde del lunes 17, el alcalde de Santander, Emilio Pino, propuso construir, en los espacios disponibles del centro, barracones provisionales en los que pudieran instalarse todos aquellos comerciantes que hubieran perdido su negocio en el incendio. Una semana después se iniciaron las obras de dichos barracones. Eran construcciones sencillas, por lo general de una planta, con almacén y servicio en la trastienda. Estaban construidos en ladrillo revocado y con tejado de uralita o tejas y todos contaban con suministro eléctrico y ventanas que hacían las veces de escaparates. Los comerciantes pronto empezaron a decorarlos con los rótulos de sus negocios.

En menos de dos semanas se presentaron en el Ayuntamiento más de 250 solicitudes de apertura. Los barracones eran asignados por la Junta de Socorro, constituida a raíz del siniestro. En la recién bautizada plaza de José Antonio Primo de Rivera (actual plaza de Pombo) se construyeron tres largos pabellones en los que se abrieron 52 comercios, cada uno de los cuales tenía cuatro metros de fachada y once de fondo. Se construyeron más en la plaza del Príncipe, y en la calle Obispo Plaza García se construyeron seis de mayor tamaño. En la calle Jesús de Monasterio, en el solar del Pabellón Narbón se construyeron 16 más, y en la Alameda Primera se situaron unos cuantos alineados hasta el inicio de la calle Burgos (como se puede ver en la primera foto superior). Se construyeron más al costado del Ayuntamiento, en el solar en el que estuvo el Convento de San Francisco, y en los Jardines de Pereda (segunda foto superior).



Al mismo tiempo empezaron a realizarse las labores de demolición controlada de los restos que quedaban en pie. Gran parte de dicha labor la realizó del Regimiento de Ingenieros de San Sebastián. Para dar suministro eléctrico a la ciudad se instalaron grupos electrógenos, así como teléfonos en tiendas de campaña. Se movilizaron todos aquellos medios que pudieran servir para el transporte de escombros (burros con cestos, carros de caballos, camiones, etc.), ya que el desescombro era urgente y era el paso previo para el nuevo planteamiento parcelario de la ciudad y para la reutilización de todos aquellos materiales que pudieran emplearse en la construcción de los nuevos edificios (ladrillos, piedras, etc.). El jueves 20 se publicaron las normas según las cuales los propietarios y vecinos de los edificios siniestrados podían proceder al desescombro de los mismos.

En la primera foto superior se puede ver el derribo de una fachada en la calle Lealtad, y en la segunda foto se pueden ver labores de desescombro en la calle Cádiz.

Pese a estar recién salida de una guerra, España entera se volcó en el auxilio a Santander, enviando pan, comida y ropa, siendo este esfuerzo completado con una Suscripción Nacional para recaudar fondos. También se volcaron en la ayuda los montañeses y demás españoles establecidos en América.



En la primera foto se ve a un grupo de bomberos accediendo a la plaza Vieja desde La Ribera, mientras que en la segunda se puede ver a un grupo de soldados realizando tareas de desescombro.



miércoles, 15 de octubre de 2014

El incendio de Santander (IV)

Las consecuencias


Una vez apagadas las llamas, se procedió a valorar las pérdidas y los daños sufridos. Según las cifras oficiales que se hicieron públicas fueron estos:

  • 377 edificios particulares.
  • 2 edificios oficiales.
  • 6 iglesias y conventos.
  • 1.783 viviendas.
  • 508 comercios.
  • 155 hoteles, pensiones y bares.
  • 21 clínicas.
  • 9 imprentas.
  • 3 periódicos.

La zona histórica de la ciudad quedó totalmente destruida, viéndose afectadas 37 calles de las más antiguas de la ciudad que abarcaban una superficie de 14 hectáreas. El valor material de las pérdidas sufridas ascendió a más de 85 millones de pesetas de entonces. Más de diez mil personas (un 10% de la población) perdieron su hogar y unas siete mil perdieron, además, su trabajo. Pese a la magnitud de la catástrofe, sólo hubo que lamentar una víctima mortal: Julián Sánchez García, un bombero de Madrid, como consecuencia de las heridas ocasionadas por el derrumbe de una fachada de la calle Atarazanas. Falleció en Valdecilla a principios de marzo y todo Santander, sobrecogido, acompañó su cadáver a la Estación del Norte. Además hubo 115 heridos y unas mil personas tuvieron que ser atendidas por conjuntivitis en la Casa de Socorro y en Valdecilla.

El haber salido de una guerra, la situación política, social y económica, el estricto orden público de la época en España y el que Europa estuviera en guerra provocaron que la gente no se entregara al saqueo ni a la desesperación, ni siquiera a manifestar dolor; por el contrario, mostraba un talante silente y patético.

A medida que el fuego iba avanzando, las calles se llenaron de gentes obligadas a abandonar sus hogares con las pocas pertenencias que podían coger y que, según en qué dirección avanzara el fuego llevado por el viento, se refugiaban en calles cada vez más alejadas de sus hogares. Algunas fueron acogidas en casas de familiares o amigos, mientras que las más afortunadas pudieron volver a sus casas salvadas por los cortafuegos y el agua. Quienes no pudieron, fueron trasladados a cines, colegios, hoteles, etc., fuera de la zona siniestrada. Muchos fueron trasladados a El Sardinero, a las Caballerizas de La Magdalena, al Gran Casino y a los hoteles de la zona.



En la foto que abre este artículo se puede ver la plaza de los Remedios llena de refugiados. En la primera foto superior se ve a una familia con los enseres que pudieron salvar, y en la segunda foto se ve a otra familia refugiada en el Gran Casino de El Sardinero.

Como el viento había dejado sin tejado a muchos edificios, tirado chimeneas y dejado al descubierto estructuras de madera, como medida de seguridad se prohibió encender las cocinas a los vecinos de toda la ciudad. También, la Dirección General de Seguridad anuló los salvoconductos y prohibió a cualquiera ajeno a la ciudad entrar en ella con alimentos y ayuda. Con esto se pretendía que el orden y la disciplina con la que se realizaban los trabajos se vieran perturbados, así como evitar los saqueos y la especulación.

El Gobernador obligó a los propietarios a reparar los tejados, subidas de humos y chimeneas en el plazo de 48 horas, para lo que mandó incautar las tejeras La Covadonga, Trascueto y Agustín García. El jueves 20 llegaron las primeras cocinas de campaña, que distribuyeron las primeras comidas calientes entre los damnificados.



El sábado 22 se restableció el servicio de tranvías entre el Banco de Santander y El Sardinero, se autorizó a los bares a abrir hasta las nueve y media de la noche y los vecinos pudieron transitar por las calles no afectadas hasta las diez. El domingo se abrió al tránsito la calle Atarazanas, quedando comunicadas las dos partes en que la ciudad había quedado dividida. Las cocinas empezaron a poderse encender a partir del día 25.

En las dos fotos superiores puede verse al tranvía circulando por la calle de La Ribera.



Estas fotos muestran la calle Atarazanas y la plaza de Farolas.



lunes, 13 de octubre de 2014

El incendio de Santander (III)

El incendio (III)


En la foto puede verse cómo los bomberos apagan los últimos rescoldos en la plaza de las Escuelas. El martes 18 el gobernador Carlos Ruiz García dio una serie de órdenes sobre la distribución de suministros y alimentos a la población. Ese día también llegó al puerto el crucero Canarias, cuyos reflectores iluminaron la ciudad por la noche hasta que el alumbrado público en las calles pudo ser restituido, ya que el viento y el fuego lo habían destruido. El viento, por fin, cambió de dirección y empezó a llover, lo que permitió limpiar la atmósfera de la ciudad. Aunque el peligro del fuego ya había pasado, el acceso a la zona siniestrada siguió estando prohibido debido al riesgo de derrumbamientos.



En las fotos superiores se puede ver cómo quedaron las calles Francisco de Quevedo y Lealtad. Pese a que el incendio ya se había apagado, en muchos lugares las brasas seguían ardiendo con el consiguiente riesgo de que el incendio se reavivara. Afortunadamente esto no ocurrió y las últimas brasas se apagaron definitivamente quince días después en un edificio de la calle Cuesta.



La primera foto superior muestra el estado en el que quedó la cuesta de Gibaja, mientras que en la foto inferior se puede ver una vista de la ciudad tomada desde la calle Tantín.


Esta impresionante foto permite ver cómo quedaron las calle de La Ribera y Atarazanas.



sábado, 11 de octubre de 2014

El incendio de Santander (II)

El incendio (II)


En la foto se puede ver el estado en el que quedó el edificio de la Aduana, en la calle de La Ribera. El domingo 16 Santander amaneció soleado, bajo un cielo azul, y el insistente azote del viento Sur. El fuego ya se extendía desde los muelles hasta la calle Tantín y desde la calle Puerta la Sierra hasta la plazuela del Príncipe. Mientras tanto, Santander seguía estando aislada. Un barco atracado en los muelles, el Turia, pudo enviar un SOS al mediodía que fue captado en alta mar por el mercante Monte Ayala que, a su vez, lo retransmitió, y el vapor Cristina, que navegaba frente al cabo Estaca de Bares, hizo llegar el mensaje a La Coruña. A partir de ese momento, el Ministerio de la Gobernación envió despachos a los gobernadores de las provincias vecinas para que enviaran a Santander, a toda urgencia, cuantos bomberos, pan y víveres pudieran. La noticia del siniestro empezó a difundirse por todas las emisoras de radio de España. Pese a estar las carreteras llenas de obstáculos (piedras, árboles y postes caídos, etc.), fueron enviados equipos de auxilio desde Torrelavega, Bilbao, San Sebastián, Burgos, Palencia, Valladolid, Madrid, Oviedo.

Sobre las tres de la mañana se derrumba en la calle San Francisco el edificio en el que estaban Mafor y los Almacenes Ribalaygua. Al mediodía se tomó la decisión de crear cortafuegos volando los edificios más cercanos al fuego. Para ello se utilizó dinamita del polvorín del cuartel del Regimiento de Infantería Valencia N° 23 situado en el Alta. Se empezó atacando el frente norte del incendio, procediendo a la voladura de algunos edificios situados entre la cuesta de la Atalaya y la calle Tantín para, además de intentar atajar el fuego, salvar la central eléctrica de Electra de Viesgo situada en la misma calle Tantín. Se realizaron más voladuras en la calle Atarazanas y en la plaza de Dato, lo que consiguió salvar del fuego a las calles Arrabal y Del Medio y también evitó que éste siguiera avanzando hacia el este, aunque la residencia de los PP. Jesuitas acabó siendo pasto de las llamas.



Por el noroeste el fuego se propaga hacia la calle Arcillero (primera foto superior), donde ardió la sede de El Diario Montañés (en la segunda foto se pueden ver los restos de la rotativa), y la plazuela del Príncipe para, desde allí, dirigirse a las calles San José, Alsedo Bustamante, Sánchez Silva y Tantín.



Los vecinos que huían del fuego se fueron concentrando en los muelles mientras el Ejército mantenía acordonada la zona afectada. El ver arder las calles Calderón de la Barca (primera foto superior) y Méndez Núñez (segunda foto) hizo que muchos recordaran la tragedia vivida el 3 de noviembre de 1893, cuando explotó el vapor Cabo Machichaco. Las cadenas humanas que se formaron para pasar cubos con agua de la bahía lograron salvar de las llamas los edificios de Calderón de la Barca situados en el extremo oeste de la calle, entre los que se encontraban el comedor del Auxilio Social y el Hotel México.



A última hora del domingo empezaron a llegar los primeros refuerzos, que aportaron más medios para combatir el fuego, sobre todo bombas de agua y camiones cisterna, así como gran cantidad de mangueras. Esto permitió detener el avance del fuego por su frente oeste al unir sus fuerzas bomberos, soldados y voluntarios para arrojar una auténtica pared de agua desde los tejados a la enorme hoguera que ardía a sus pies. En la primera foto superior se puede ver a un grupo de bomberos de Madrid, y en la segunda se ve la Bomba Benz Nº 3, también de Madrid.




En las fotos superiores se pueden ver la calle Santa Clara, la plaza de los Remedios y la plazuela del Príncipe.

Veinticuatro horas después de iniciarse el incendio, el viento Sur empezó a amainar, lo que sin duda ayudó a salvar muchos edificios que habían empezado a arder, y a que se empezara a creer que se podría controlar el incendio. En la tarde del lunes se inició el ataque a los flancos del fuego para avanzar hacia el centro del mismo poco a poco, pudiendo los bomberos entrar, por fin, en la zona calcinada y ahogar los últimos focos en la calle Sevilla.


jueves, 9 de octubre de 2014

El incendio de Santander (I)

Sois bastantes los seguidores del blog los que, mediante el "Formulario de contacto", me habéis pedido que hable sobre el incendio de Santander, del que tanto he hablado en varios artículos. El incendio de Santander es un tema sobre el que ya tenía pensado escribir, pero reunir información y, sobre todo, resumirla para no hacer artículos largos y pesados ha sido una tarea que me ha llevado tiempo. Aunque la serie de artículos "Un poco de historia" está dedicada a la historia de Santander, a este tema voy a dedicarle una serie en exclusiva. Espero que os guste.


El incendio (I)



Aquel 15 de febrero de 1941, sábado, soplaba un frío viento racheado que fue rolando a Sur y aumentando su velocidad y fuerza. Por la noche ya era imposible caminar por las calles y llegó un momento en que tampoco el tráfico rodado podía circular. Las olas rompían con estrépito contra las machinas levantando maderos y piedras, los barcos reforzaron las amarras, las embarcaciones pequeñas pronto empezaron a zozobrar. Era tal la fuerza del viento, que el agua de la bahía llegó a golpear las ventanas de las casas del Alta.

Hacia las nueve de la noche el viento alcanzó ráfagas que superaban los 140 Km/h, cayendo sobre la ciudad una sonora lluvia de cristales rotos y tejas. Los miradores, balcones, chimeneas, recubrimientos de fachadas, etc., volaban como si fueran papeles; los escaparates estallaban en mil pedazos; las sillas y ramas del paseo de Pereda se estampaban contra las casas; los cables del tendido eléctrico y del tranvía comenzaron a ceder, dando latigazos que producían descargas y chispazos espectaculares. Quienes salían de la última sesión de los cines tenían que avanzar prácticamente arrastrándose por el suelo esquivando todo aquello que arrastraba el viento. Sobre las diez de la noche ya no quedaba nadie en las calles.

Aunque ya había habido varios conatos de fuego, en el número 20 de la calle Cádiz (primera foto) se inició un incendio que, aún hoy en día, no se sabe si fue originado por un cortocircuito o por las brasas de un fogón de una pensión. En cualquier caso, el tejado empezó a arder y las ascuas pasaron al número 15 de la Rúa Mayor (segunda foto) y a casas de la calle Somorrostro, llegando poco después a la calle Atarazanas. Al mismo tiempo empezó a arder el Palacio Episcopal, de donde el fuego pasó a la Catedral. En ese momento el incendio ya era una catástrofe inevitable. Los vecinos intentaban huir hacia el norte mientras el tejado de la Catedral ardía por los cuatro costados.

Por efecto del viento las llamas se propagaban horizontalmente, llegando de este modo más fácilmente a las casas. Además de al fuego, los bomberos también se enfrentaban al viento, que les impedía dirigir el chorro de agua de las mangueras hacia las llamas.



En la primera foto superior se puede ver cómo quedaron la Catedral y el Palacio Episcopal (el edificio que se ve detrás de la Catedral). En la segunda foto se pueden ver los restos de la torre. Cuando la torre de la Catedral estaba envuelta en llamas, las grandes campanas y el reloj cayeron con gran estruendo y acabaron fundiéndose por efecto del calor. En su caída arrastraron los pisos de la torre, lo que la convirtió en una gran chimenea que favoreció el avance del fuego. Las vigas del tejado de la Catedral, largas, gruesas y pesadas, eran llevadas por el viento, envueltas en llamas, como si fueran hojas de papel. De la calle Atarazanas, el fuego pasó a las calles La Ribera, San Francisco y La Blanca, de donde no tardaría en llegar a la plaza Vieja. También ardieron casas de la calle Del Puente, del Callejón del Infierno y el Hotel Victoria.


Enseguida empezaron a arder el almacén de Pérez del Molino, la iglesia de Nuestra Señora de la Anunciación ("La Compañía"), la redacción del diario Alerta y las calles Tableros, La Compañía, Carbajal (foto superior) y Santa Clara. Sobre las tres de la madrugada empezaron a derrumbarse algunos edificios de la calle San Francisco. El fuego ya había llegado a las calles Del Peso, Puerta la Sierra y a la plaza de los Remedios. La calle San José, donde se había refugiado un gran número de enfermos, mujeres y niños, es evacuada.



En estas fotos se puede ver cómo ardían los edificios de la calle Atarazanas y cómo quedó la plaza Vieja, con la iglesia de La Compañía a la izquierda de la foto.

El viento, al haber dejado los tejados sin la protección de las tejas, facilitaba que las brasas que él mismo hacía volar prendieran nuevos incendios en los desprotegidos edificios. Esto hizo que fuera en los tejados donde los bomberos, soldados y voluntarios se jugaran la vida durante muchas horas para llevar agua al tiempo que intentaban respirar y ver entre el asfixiante humo.

Para entonces las autoridades ya habían declarado el estado de guerra y encargaron a la Policía, la Guardia Civil y el Ejército el mantenimiento del orden público. Como el viento había derribado los postes de los tendidos telefónico y telegráfico, Santander estaba incomunicado. Las vías del ferrocarril y las carreteras también estaban cortadas por los árboles y cascotes caídos, por lo que sólo pudieron enviarse mensajeros en moto a las localidades y provincias vecinas para pedir ayuda, y aun así tardaron muchas horas en poder llegar a sus destinos.

Mientras tanto, el fuego seguía su imparable avance, tanto hacia el este como hacia el norte, llegando incluso a iniciarse incendios en algunas casas del Alta y de la calle María Cristina que pudieron ser sofocados por los propios vecinos. En su avance por la plaza de los Remedios, el fuego se vio cortado por el teatro Coliseum y el Instituto Santa Clara. Hacia el este, el edificio de la Aduana también hizo de cortafuegos, lo que permitió salvar las casas del paseo de Pereda, aunque dicho edificio acabó sucumbiendo a las llamas. La estrechez de las calles ayudaba a la propagación del fuego, que pasaba de un edificio a otro con gran rapidez.



El incendio de Santander (II). El incendio (II)