jueves, 21 de noviembre de 2019

125º Aniversario de los Bomberos Voluntarios de Santander (III)

En la historia de los Bomberos Voluntarios de Santander hay uno que destaca especialmente: Demetrio Ojeda Landeras (1884-1934), más conocido como Mijares. Ingresó en el Cuerpo en 1908 cuando ya era conocido por haber salvado a varias personas que necesitaban auxilio mientras se bañaban. Esto hizo que fuera nombrado "Bañero Real" y fuera el encargado de la seguridad de la Familia Real cuando se bañaba en la playa. Por su dedicación, entrega y esfuerzo, a lo largo de su vida recibió varios premios, como la Cruz de Beneficencia (1920), la Cruz de Salvamento de Náufragos (1925) y la Medalla de Beneficencia Colectiva (1928), así como numerosas condecoraciones del propio Cuerpo de Bomberos Voluntarios. Falleció en 1934 cuando sufrió un accidente mientras podaba un árbol.

El alcalde de Santantander impone a Mijares la Cruz de Salvamento de Náufragos (1925)

Desde su fundación, los Bomberos Voluntarios han estado dotados del material y los equipos necesarios para desarrollar su trabajo en las mejores condiciones posibles. En 1895 adquieren en Inglaterra, al fabricante Shand, Mason & Co., su primera bomba a vapor y que se conserva en el parque. Esta bomba era tirada por los caballos de Nereo, ya que Bernardo Ruiz "Nereo" era socio de la Sociedad de Bomberos Voluntarios. La bomba fue adquirida con las aportaciones de los socios y el Ayuntamiento se hacía cargo del carbón necesario para su funcionamiento.

Bomba a vapor Shand, Mason & Co.

Para los trabajos de salvamento, en 1917 adquieren un vehículo marca Delonais de 40 CV construido en los talleres del Garaje Hedilla según un diseño de Alberto Corral, ingeniero, presidente del Club Automovilista de Santander y Jefe de Bomberos. En 1918 es comprado un vehículo Ford para sustituir la bomba de vapor tirada por los caballos de Nereo. Otra importante adquisición tiene lugar en 1926 cuando, gracias a aportaciones del Banco de Santander, el Banco Mercantil y la Caja de Ahorros de Santander, se puede adquirir un vehículo autobomba De Dion-Bouton, que también se conserva en el parque. En el parque también se conserva un vehículo Lincoln.

De Dion-Bouton Lincoln

En los años cuarente se adquiere un Chevrolet que fue reformado por Nereo en 1961. Además de los vehículos comprados por los propios Bomberos, también son muchos los vehículos y material que han recibido donados por los Bomberos Municipales de Santander (como un Land-Rover Santana de cabina adelantada y, sobre todo, un camión Barreiros Súper Azor aún en servicio), los Ayuntamientos de Santander y Bilbao, y otras entidades.

Barreiros Súper Azor Land Rover Santana


125º Aniversario de los Bomberos Voluntarios de Santander (II)


martes, 5 de noviembre de 2019

125º Aniversario de los Bomberos Voluntarios de Santander (II)

En junio de 1926 reciben la Cruz de la Orden de Beneficencia con distintivo negro y blanco por sus abnegados y heroicos servicios, que una vez más quedaron demostrados en las labores de extinción del incendio de febrero de 1941 que devastó la ciudad y que quedaron grabadas en la retina de los santanderinos. A los Bomberos Voluntarios les fue asignado el área delimitada por las actuales calles Cuesta, Isabel II, Paz, Juan de Herrera, San Francisco y Atarazanas, donde lucharon sin descanso contra las llamas.

Maniobras de los Bomberos Voluntarios en la plaza de Numancia

Entre otras cosas, este suceso sirvió para demostrar la gran solidaridad y colaboración que hubo, y sigue habiendo, entre las distintas dotaciones de bomberos que vinieron de otras ciudades a auxiliar a los santanderinos. El incendio de 1941 supuso también la pérdida de material y medios de los bomberos de Santander, lo que mermó notablemente su capacidad de trabajo.

Maniobras de los Bomberos Voluntarios en la plaza de Cañadío

Es por ello que en 1943 se dota a los Bomberos Voluntarios de nuevo material y medios para que puedan seguir realizando su trabajo. Entre otros, destacan una escalera telescópica Metzger de 25 metros de altura sobre un chasis de cuatro ruedas para su remolque, 42 uniformes, 750 metros de mangueras, capotes para agua, botas, aspirantes para bombas, etc. El total del nuevo material asciende a 75.450 pesetas.

En 1963 M. Enrique Fernández-Setién es nombrado Primer Jefe del Cuerpo, y Eduardo Delgado de la Riva es nombrado Segundo Jefe. En 1971 Fernández-Setién es nombrado Jefe Especial de los Bomberos Municipales de Santander y simultanea ambos cargos hasta 1980. Su jefatura trajo grandes beneficios para ambos parques en lo referente a material, formación y operatividad para los dos cuerpos de bomberos.

Bomberos Voluntarios en la calle San Fernando (1964)

Además de sus intervenciones, en los años 70 y 80 los Bomberos Voluntarios participan en diversos congresos y concursos nacionales, en los que ponen en evidencia su gran preparación. Entre otros, el VII Congreso Nacional de Bomberos (septiembre de 1973) y el I Concurso Nacional de Bomberos (Santander, mayo de 1989).

Actualmente el Real Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Santander tiene una plantilla de 21 miembros que presta apoyo a los Bomberos Municipales de Santander y a todos los equipos de emergencia que lo requieran, coordinándose con ellos en los distintos servicios a los que acuden, tanto en Santander como en la provincia.



125º Aniversario de los Bomberos Voluntarios de Santander (III)
125º Aniversario de los Bomberos Voluntarios de Santander (I)



domingo, 3 de noviembre de 2019

126º Aniversario de la tragedia del Cabo Machichaco

Hoy se cumplen 126 años de la tragedia que vivó Santander el 3 de noviembre de 1893 cuando el vapor Cabo Machichaco, atracado en el muelle de Maliaño, sufrió una tremenda explosión que mató a 590 personas, hirió a cerca de 2.000 y destruyó un gran número de edificios de las calles Méndez Núñez y Calderón de la Barca.


Como todos los años, hoy ha tenido lugar un sentido homenaje a las víctimas en el monumento situado en la plaza del Machichaco, frente al lugar en el que estaba atracado el barco.


lunes, 28 de octubre de 2019

125º Aniversario de los Bomberos Voluntarios de Santander (I)

Este año se cumplen los 125 años de la creación del Real Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Santander. Para conocer su historia hay que remontarse al 3 de noviembre de 1893, cuando la explosión del vapor Cabo Machichaco se llevó por delante la vida de prácticamente todos los bomberos de la ciudad.

Esto movilizó a la población civil, que se organizó para dotar a la ciudad de un cuerpo de bomberos. Además, de diversos pueblos de la provincia vinieron muchos jóvenes a ayudar a los santanderinos. De este modo se puso en marcha un proyecto al que se unieron miles de ciudadanos, dedicados a todas las actividades (ingenieros, comerciantes, empresarios, etc.). Este proyecto terminó en la constitución de la Sociedad de Bomberos Voluntarios, constituida en 1894. Poco a poco se fue involucrando más gente mediante aportaciones económicas que permitieron la adquisición de material de todo tipo (bombas, mangueras, trajes, etc.). Los socios, además, se comprometían a acudir a los siniestros y tomar parte en las maniobras y ejercicios necesarios.

Bomberos voluntarios en la calle Magallanes

José María González Trevilla, alcalde de Santander entonces, en una reunión que tuvo lugar el 10 de octubre de 1894, dio su apoyo al proyecto. A esa reunión asistió una comisión compuesta por Luis Torres Quevedo, Juan José Quintana, Sixto Gutiérrez Cueto, Manuel Fernández y Antonio Fernández Baladrón, que fue nombrado Presidente del Consejo de Administración, cargo que ocupó hasta 1926.

El comercio "La Tijera de Oro", propiedad de José Pellón y situado en la calle Atarazanas, fue el lugar donde se establecieron los prolegómenos de esta organización, ya que José Pellón era un gran entusiasta de la idea. Posteriormente fue nombrado Socio de Honor. En estos prolegómenos también participaron activamente Juan José Quintana, que había sido bombero en Cuba, y Bernardino Rovira. Entre los socios fundadores destacan Emilio Botín y López de Porrúa, Isidro Campo, Leopoldo Cortines, Antonio Mazarrasa, Eduardo Presmanes (miembro de la Junta Directiva) y Manuel Sierra (bombero y socio fundador).

En las reuniones de la Junta Directiva se fueron definiendo los distintos servicios que atenderían: bomberos, salvamento de personas y bienes, vigilancia y custodia, sanitario y auxilio de heridos, etc. En 1901, Alfonso XIII, a quien unía una gran amistad con Antonio Fernández Baladrón, otorgó a la institución el título de Real y ésta pasó a denominarse Real Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Santander.

La sede de los Bomberos Voluntarios estuvo inicialmente en la calle Magallanes, en unas dependencias del parque de Bomberos Municipales. Como estas instalaciones compartidas eran muy pequeñas, tanto ciudadanos particulares como empresarios, comerciantes, etc., realizaron una serie de donativos para la compra de terrenos y la construcción de una sede propia.

En 1905 se inaugura en la plaza de Numancia la nueva sede, diseñada en 1899 y construida por Valentín Lavín Casalís. Las obras se iniciaron en 1900 con la colocación de la primera piedra por parte de Alfonso XIII.

La plantilla posando en Numancia



125º Aniversario de los Bomberos Voluntarios de Santander (II)


lunes, 14 de octubre de 2019

Arqueología urbana (V)

Hace dos meses un seguidor anónimo del blog escribió un comentario en una entrada anterior de esta serie en el que me pregunta si sé qué es un "pequeño objeto metálico fijado al suelo que lleva ya mucho tiempo". Dicho "objeto" se encuentra en la acera sur del paseo del General Dávila, frente a la sucursal del banco BBVA situada en el número 306.

En las siguientes fotos se puede ver dicho "objeto".


Desde el primer momento supe lo que es, aunque no sé su nombre técnico. Hasta los años 90 había dispuestas por toda la ciudad una serie de tomas de agua para que los empleados de los servicios municipales encargados de la limpieza y mantenimiento de las calles y parques y jardines públicos pudieran conectar en ellas las mangueras que usaban. Dichas tomas tenían una cubierta metálica, de hierro, con una pequeña puerta de acceso.

La de las fotos debe ser la única que queda aunque, como se puede ver, lleva tiempo inutilizada, además de estar semienterrada. Estas cubiertas eran de color rojo. La pieza cuadrada que asoma por el agujero superior podría ser donde se encajaba la "llave" con la que se abría y cerraba la válvula del agua.

Desde que recibí el comentario sobre este "objeto" he estado buscando fotos antiguas en las que se vea alguno y sólo he podido encontrar la siguiente.

Calle San Fernando (1985)

Se puede ver una de estas cubierta en la esquina inferior derecha. Además, se puede apreciar que o no tiene puerta o la tiene abierta.


Arqueología urbana (VI)
Arqueología urbana (IV)


jueves, 19 de septiembre de 2019

Arte en las fachadas (VIII)

Seguimos nuestro paseo por la ciudad para descubrir más fachadas decoradas que hacen más bonita la ciudad.

Calle Alta
(Autor: Sergio S. Vidal "Aphro")
Calle Río de la Pila
(Autor: Zed1)
Calle Santa Clara
(Autor: Fabio Petani)

Si ahora nos vamos a la calle Tres de Noviembre, detrás del edificio de Ministerios, podremos ver el mural pintado por Insulina Kid.



Arte en las fachadas (IX)
Arte en las fachadas (VII)



viernes, 6 de septiembre de 2019

Un poco de historia (LXXX)

El paseo de Canalejas

En 1863 el Ayuntamiento aprobó la construcción de un camino que partía del extremo este de la calle General Espartero, atravesaba la escollera hasta cubrir el gasómetro situado a la entrada de Tetuán y, siguiendo la ladera de la loma, llegaba al Alto de los Mártires, desde donde se podía seguir a El Sardinero. Este camino recibió el nombre de Paseo Viejo de Miranda.


En su margen izquierda se estableció la fábrica de jabones "La Rosario", propiedad de la familia Pereda (José María de Pereda presidió el Consejo de Administración durante unos años). Al final de la calle había otras dos fábricas, una de barnices y pinturas, y la "Parasolerie Français". También se construyó un pequeño mercado de abastos. Además de las fábricas, a lo largo de la calle se disponían chalés, huertas, prados y modestas casas de vecinos.

En ella también se establecieron las religiosas RR.MM. Bernardas, que en 1911 construyeron una iglesia y su residencia, y los PP. Escolapios, que abrieron su colegio al inicio de la calle.

Convento de las RR.MM. Bernardas (1982)

La calle recibió su nombre actual en 1913 como recuerdo de José Canalejas, Jefe del Gobierno asesinado por un anarquista en la Puerta del Sol de Madrid en 1912.


Un poco de historia (LXXXI). La calle Daoíz y Velarde
Un poco de historia (LXXIX). El Voto de San Matías



jueves, 22 de agosto de 2019

Arqueología urbana (IV)

Siguiendo con el tema de los mojones kilométricos de la entrada anterior, he localizado los mojones que indican los kilómetros 2 y 3.

El mojón 3 está situado al inicio de la calle Emilio Díaz Caneja, medio enterrado, junto al paso de peatones y la Facultad de Medicina.


El mojón 2 está en el número 117 de la calle La Gloria, en la entrada de la empresa Autocares Hernández.


Seguramente queden aún muchos más por descubrir y, según los vaya encontrando, los iré poniendo aquí.



Arqueología urbana (V)
Arqueología urbana (III)


martes, 20 de agosto de 2019

El otro Santander (XII)

El pasadizo Sarasola

Creo que no me equivoco si digo que esta es la calle más corta de Santander. Apenas mide unos metros de larga, y tampoco es muy ancha. En 1897 recibió este nombre un pasadizo, de propiedad privada, que discurría bajo un edificio y comunicaba las calles Burgos y San Luis. Cuando hace unos años se reformó el edificio y en los bajos se instaló la cafetería Valor, el pasadizo bajo el edificio desapareció, pero no la calle, ya que sigue habiendo un portal en ella, junto a la calle San Luis.


En la segunda foto superior puede verse la calle en toda su longitud.


El otro Santander (XI). La calle Cuesta


miércoles, 14 de agosto de 2019

Arqueología urbana (III)

Estoy seguro de que habéis pasado junto a ellos muchas veces y no los habéis visto. Son dos, separados entre sí dos kilómetros, y están en la acera sur del paseo del General Dávila. Son dos mojones que indican puntos kilométricos de cuando el paseo tenía la categoría de Carretera y, como tal, tenía indicadores de kilómetros. Por raro que parezca, se encuentran en bastante buen estado de conservación.

El primero está situado junto al muro de la finca La Cubana (en el número 113 del paseo) e indica el kilómetro 4.


El otro mojón, situado a dos kilómetros de distancia, está junto a la entrada del Hospital de Santa Clotilde e indica el kilómetro 6.





Arqueología urbana (IV)
Arqueología urbana (II)