Mostrando las entradas para la consulta cines ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta cines ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de febrero de 2014

Un poco de historia (XIV)

Los cines en Santander




Hubo un tiempo en el que en Santander había muchas salas de cine que aún siguen en el recuerdo de muchos: Sala Narbón, Salón Pradera, Santander, Capitol, Roxy, Coliseum, Los Ángeles, Kostka, Bonifaz, Gran Cinema, Mónaco, Multicines Bahía, etc.

De las fotos de arriba, la primera, de 1920, corresponde al Pabellón Narbón (cerrado en 1936), que estaba en la actual calle Jesús de Monasterio (donde hoy está el edificio conocido popularmente como "Simago" por el recordado comercio que estuvo ahí muchos años). En la misma calle, un poco más arriba, estaba la Sala Narbón (segunda foto, 1948), que cerró en 1957.



A continuación, al inicio de la calle Burgos, estuvo el Gran Cinema. En la primera foto superior, de 1924, se puede ver el Gran Cinema y la Sala Narbón. El Gran Cinema cerró en los años noventa y, aunque el edificio fue derribado para construir la sede de la ONCE, se conservó la fachada al estar protegida.



Esta foto corresponde al Salón Pradera, que estaba donde hoy está el Banco de España. Fue una de las primeras salas de Santander en las que se proyectaron películas.




De las salas antes citadas sólo sobreviven dos: Los Ángeles, en la calle Ruamayor, que es una especie de filmoteca semimunicipal, y el Bonifaz, en la calle del mismo nombre, sede de la Filmoteca Regional.


Hace pocos años se abrieron los Cines Groucho, en la calle Cisneros, pero sobre ellos se cierne la amenaza del cierre.

 
 
En la calle Vargas, donde hoy están las escaleras mecánicas, estuvo hasta mediados de los años 70 el Cine Alameda (primera foto). En la calle Cervantes, haciendo esquina con la calle Miguel Artigas, estuvo hasta 1978 el cine del mismo nombre, muy recordado por las matinés de los domingos.



En la plaza de los Remedios estuvo hasta 1999 el Teatro-Cine María Lisarda Coliseum, llamado popularmente "el Coli". En sus últimos años añadió tres pequeñas salas, las "Multisalas Coliseum".



La primera foto corresponde al Cine Roxy, situado en la calle Guevara, donde hoy hay un supermercado Lupa. Cerró en 1990. En la misma calle Guevara, a poca distancia, también estaba el Cine Kostka, en el colegio del mismo nombre, que cerró en 1983.

Además, en el Barrio Pesquero estuvo el Cine Sotileza, desde 1952 hasta 1979. Como durante la dictadura estuvo prohibido el juego y, en consecuencia, los casinos, el pequeño teatro que había en el Gran Casino de El Sardinero se transformó en cine y como tal funcionó desde 1953 hasta 1980, siendo la única sala de cine que ha habido en El Sardinero. En Campogiro estuvo el Cine Mónaco, que cerró en 1984.



Al inicio de la avenida de Pedro San Martín, en Cuatro Caminos, estuvo el Cine Santander, cerrado en 1992 (primera foto superior). El último en cerrar, en 2002, fue el Cine Capitol, el "Capi", situado en la calle San Fernando (segunda foto superior). El local lo ocupa hoy el supermercado SuperCor. En la calle Ruiz Zorrilla abrieron durante unos pocos años los Multicines Bahía.

Además de las citadas, otras salas de cine que hubo en Santander fueron el Cine Aviación, en La Albericia, uno de los primeros en cerrar; el Cine Tetuán, en la calle del mismo nombre y que cerró en 1972; el Popular Victoria y el Salón Victoria, en la calle Casimiro Sainz; y el Cine España, en la calle San Luis, que cerró en los años sesenta y el local se convirtió en garaje (en él también se celebraban peleas de gallos y combates de boxeo). Muchas de las salas que se han nombrado, además de cine, también acogían funciones de teatro, revista, zarzuela, etc.

Actualmente, las únicas salas que quedan en la ciudad son el Cine Los Ángeles, los Cines Groucho y la Filmoteca Regional. Estas salas no proyectan cine comercial (salvo Los Ángeles en alguna ocasión), por lo que quien quiere ver cine comercial y actual debe desplazarse a los centros comerciales de las afueras.


ACTUALIZACIÓN

El 30 de octubre de 2014 cerraron los Cines Groucho, por lo que las únicas salas de cine que quedan en el centro de Santander son la Filmoteca Regional y el Cine Los Ángeles.

ACTUALIZACIÓN (2)

En octubre de 2015, después de una reforma de las salas y de superar diversos problemas, los Cines Groucho volvieron a abrir.
 
ACTUALIZACIÓN (3)
 
Debido a la situación sanitaria provocada por la pandemia de COVID-19, el pasado 10 de enero de 2021 los Cines Groucho se vieron obligados a cerrar de nuevo, con la esperanza de poder volver a abrir.


Un poco de historia (XV). El Sardinero en los años 60
Un poco de historia (XIII). Recuerdo de la plaza de Farolas


lunes, 19 de febrero de 2018

Un poco de historia (LXXI)

La calle Casimiro Sainz


La actual calle Casimiro Sainz empezó siendo un terreno por el que discurría el arroyo de Molnedo, que recogía las aguas provenientes de la vaguada de Tetuán. Junto al cantil de la bahía estaban la fuente llamada "de los diez caños" y la aguada que abastecía los barcos de pesca. En 1784 el empresario Francisco de Gibaja construyó allí la planta de blanqueado de su fábrica de hilados. En 1832 se construyó un lavadero público y, a medida que la ciudad y los muelles se extendían hacia el este, Molnedo fue cambiando su fisonomía y varias fábricas de salazones se instalaron en el lugar. El lugar de Molnedo fue oficialmente reconocido como calle en 1842.


Calle Casimiro Sainz (1925)

Los avances urbanísticos provocaron que los mareantes del Cabildo de Abajo tuvieran que trasladarse a la zona de Molnedo, lugar que conoció su máximo auge al construirse la dársena de Puertochico. Molnedo y sus alrededores, especialmente el barrio de Tetuán, se convirtieron en lugar de residencia de pescadores, dando al lugar un carácter único. En 1894 se construyó la Almotacenía, donde se vendía el pescado que traían los barcos que atracaban en Puertochico. Las pescadoras con sus carpanchos en la cabeza, las rederas, los pescadores, los raqueros, etc., enseguida se convirtieron en parte fundamental del paisanaje de la zona.

Almotacenía de Puertochico
Pescadoras en la Almotacenía de Puertochico

En 1915 el Ayuntamiento cambió el nombre a la calle y la bautizó como Casimiro Sainz, en homenaje al pintor nacido en Matamorosa. Con el traslado de los pescadores al nuevo Poblado Pesquero en los años 50-60 se acabó con el carácter de Molnedo. En los terrenos donde estuvieron las fábricas de salazón se construyeron el edificio de la Diputación Provincial en 1935 (inaugurado en 1937 y derribado en 2009) y los cines Reina Victoria y Popular Victoria. En los terrenos ocupados por los cines, una vez cerrados éstos, se establecieron el Garaje Loriente y una comisaría de la Policía Nacional.

Calle Casimiro Sainz
Calle Casimiro Sainz (1972)

En los años 80, después de llevar cerrado un tiempo, se decidió trasladar el edificio de la antigua Almotacenía a un terreno situado en la acera de enfrente y a unos metros de distancia. Una vez reconstruido el edificio se convirtió en el actual Centro Cultural Doctor Madrazo. El nombre es un homenaje al doctor Enrique Diego Madrazo, conocido cirujano cántabro fundador del Sanatorio Madrazo, centro hospitalario que se encontraba en la calle Santa Lucía.

Antigua sede del Gobierno de Cantabria (2009)

En los años 90 se construyó un túnel que unía Las Llamas con Puertochico bajo la ladera del Alta. Sin embargo no fue el primer proyecto para construir un túnel, ya que en 1959 el ingeniero de Obras Públicas Eiriz Beato entrega en el Ayuntamiento el proyecto de un túnel que comunicaría Molnedo con Las Llamas.

La actual calle Casimiro Saiz termina en el cruce con la calle Santa Lucía. A partir de este punto en adelante la calle recibe el nombre de San Emeterio, uno de los dos santos patronos de la ciudad junto a San Celedonio.




Un poco de historia (LXXII). La calle Santa Lucía
Un poco de historia (LXX). El paseo de Pérez Galdós

viernes, 7 de mayo de 2021

Un poco de historia (XCII)

La calle Guevara

En los años 80 del siglo XIX ya se hablaba de abrir una calle a media ladera desde el Río de la Pila hasta la calle Cisneros. En 1897 el Ayuntamiento inició la edificación del edificio que albergaría el Parque de Bomberos Municipales y el Servicio de Limpieza Pública. El edificio estableció la alineación de las calles Arrabal y Guevara, estando su fachada principal en la plaza del Río de la Pila.

Parque de Bomberos Municipales e inicio de la calle Guevara

La calle se fue prolongando hasta llegar a una finca llamada "La Barbera", situada en la calle Sevilla. Cuando el Ayuntamiento expropió dicha finca la calle pudo continuarse hasta la desaparecida calle Sánchez Silva1. En una moción de 1912 al Ayuntamiento se dice que "la importancia que con motivo de la construcción de la Escuela Industrial ha de adquirir la parte antiguamente denominada Prado de Tantín, en la cual hay ya edificaciones de consideración, nos indujeron a encargar al arquitecto el presupuesto de las obras de explanación para la continuación de Guevara, obra necesaria para preparar las que más adelante han de practicarse para dar otro cómodo acceso a aquel centro docente y a la circulación en general".

Escuela Industrial. Calles Guevara y Sevilla

Las obras de prolongación de la calle siguieron lentamente hasta que, en 1960, llegaron a la calle Francisco de Quevedo, donde había unos viejos almacenes que hacían de tapón. Una vez expropiados, en 1967 se pudo terminar la calle en toda su extensión, desde el Río de la Pila hasta la Plaza de la Leña.

Calles Guevara y Francisco de Quevedo

Aunque la calle ya estaba abierta, se fue urbanizando poco a poco y los últimos edificios que se construyeron en ella lo hicieron en los años 60-70. Durante unos años el tramo de la calle comprendido entre las calles Francisco de Quevedo y Plaza de la Leña se denominó "Prolongación de Guevara".

Calles Guevara y Plaza de la Leña
(Imagen procedente del Centro de Documentación de la Imagen de Santander)

La calle Guevara ha sido la única calle de Santander en la que ha habido dos salas de cine, los cines Kostka y Roxy.

La calle recibe el nombre de Fray Antonio de Guevara, nacido en Treceño a finales del siglo XV. Ingresó en la orden franciscana y fue predicador y cronista de Carlos V, a quien acompañó en sus viajes a Alemania. También fue obispo de Guadix y Mondoñedo.


1 La calle Sánchez Silva era el tramo de la actual calle Guevara comprendido entre la cuesta de La Atalaya y la mitad del grupo de viviendas Pero Niño.


Un poco de historia (XCIII). El castillo de San Felipe
Un poco de historia (XCI). Semana Santa


jueves, 9 de octubre de 2014

El incendio de Santander (I)

Sois bastantes los seguidores del blog los que, mediante el "Formulario de contacto", me habéis pedido que hable sobre el incendio de Santander, del que tanto he hablado en varios artículos. El incendio de Santander es un tema sobre el que ya tenía pensado escribir, pero reunir información y, sobre todo, resumirla para no hacer artículos largos y pesados ha sido una tarea que me ha llevado tiempo. Aunque la serie de artículos "Un poco de historia" está dedicada a la historia de Santander, a este tema voy a dedicarle una serie en exclusiva. Espero que os guste.


El incendio (I)



Aquel 15 de febrero de 1941, sábado, soplaba un frío viento racheado que fue rolando a Sur y aumentando su velocidad y fuerza. Por la noche ya era imposible caminar por las calles y llegó un momento en que tampoco el tráfico rodado podía circular. Las olas rompían con estrépito contra las machinas levantando maderos y piedras, los barcos reforzaron las amarras, las embarcaciones pequeñas pronto empezaron a zozobrar. Era tal la fuerza del viento, que el agua de la bahía llegó a golpear las ventanas de las casas del Alta.

Hacia las nueve de la noche el viento alcanzó ráfagas que superaban los 140 Km/h, cayendo sobre la ciudad una sonora lluvia de cristales rotos y tejas. Los miradores, balcones, chimeneas, recubrimientos de fachadas, etc., volaban como si fueran papeles; los escaparates estallaban en mil pedazos; las sillas y ramas del paseo de Pereda se estampaban contra las casas; los cables del tendido eléctrico y del tranvía comenzaron a ceder, dando latigazos que producían descargas y chispazos espectaculares. Quienes salían de la última sesión de los cines tenían que avanzar prácticamente arrastrándose por el suelo esquivando todo aquello que arrastraba el viento. Sobre las diez de la noche ya no quedaba nadie en las calles.

Aunque ya había habido varios conatos de fuego, en el número 20 de la calle Cádiz (primera foto) se inició un incendio que, aún hoy en día, no se sabe si fue originado por un cortocircuito o por las brasas de un fogón de una pensión. En cualquier caso, el tejado empezó a arder y las ascuas pasaron al número 15 de la Rúa Mayor (segunda foto) y a casas de la calle Somorrostro, llegando poco después a la calle Atarazanas. Al mismo tiempo empezó a arder el Palacio Episcopal, de donde el fuego pasó a la Catedral. En ese momento el incendio ya era una catástrofe inevitable. Los vecinos intentaban huir hacia el norte mientras el tejado de la Catedral ardía por los cuatro costados.

Por efecto del viento las llamas se propagaban horizontalmente, llegando de este modo más fácilmente a las casas. Además de al fuego, los bomberos también se enfrentaban al viento, que les impedía dirigir el chorro de agua de las mangueras hacia las llamas.



En la primera foto superior se puede ver cómo quedaron la Catedral y el Palacio Episcopal (el edificio que se ve detrás de la Catedral). En la segunda foto se pueden ver los restos de la torre. Cuando la torre de la Catedral estaba envuelta en llamas, las grandes campanas y el reloj cayeron con gran estruendo y acabaron fundiéndose por efecto del calor. En su caída arrastraron los pisos de la torre, lo que la convirtió en una gran chimenea que favoreció el avance del fuego. Las vigas del tejado de la Catedral, largas, gruesas y pesadas, eran llevadas por el viento, envueltas en llamas, como si fueran hojas de papel. De la calle Atarazanas, el fuego pasó a las calles La Ribera, San Francisco y La Blanca, de donde no tardaría en llegar a la plaza Vieja. También ardieron casas de la calle Del Puente, del Callejón del Infierno y el Hotel Victoria.


Enseguida empezaron a arder el almacén de Pérez del Molino, la iglesia de Nuestra Señora de la Anunciación ("La Compañía"), la redacción del diario Alerta y las calles Tableros, La Compañía, Carbajal (foto superior) y Santa Clara. Sobre las tres de la madrugada empezaron a derrumbarse algunos edificios de la calle San Francisco. El fuego ya había llegado a las calles Del Peso, Puerta la Sierra y a la plaza de los Remedios. La calle San José, donde se había refugiado un gran número de enfermos, mujeres y niños, es evacuada.



En estas fotos se puede ver cómo ardían los edificios de la calle Atarazanas y cómo quedó la plaza Vieja, con la iglesia de La Compañía a la izquierda de la foto.

El viento, al haber dejado los tejados sin la protección de las tejas, facilitaba que las brasas que él mismo hacía volar prendieran nuevos incendios en los desprotegidos edificios. Esto hizo que fuera en los tejados donde los bomberos, soldados y voluntarios se jugaran la vida durante muchas horas para llevar agua al tiempo que intentaban respirar y ver entre el asfixiante humo.

Para entonces las autoridades ya habían declarado el estado de guerra y encargaron a la Policía, la Guardia Civil y el Ejército el mantenimiento del orden público. Como el viento había derribado los postes de los tendidos telefónico y telegráfico, Santander estaba incomunicado. Las vías del ferrocarril y las carreteras también estaban cortadas por los árboles y cascotes caídos, por lo que sólo pudieron enviarse mensajeros en moto a las localidades y provincias vecinas para pedir ayuda, y aun así tardaron muchas horas en poder llegar a sus destinos.

Mientras tanto, el fuego seguía su imparable avance, tanto hacia el este como hacia el norte, llegando incluso a iniciarse incendios en algunas casas del Alta y de la calle María Cristina que pudieron ser sofocados por los propios vecinos. En su avance por la plaza de los Remedios, el fuego se vio cortado por el teatro Coliseum y el Instituto Santa Clara. Hacia el este, el edificio de la Aduana también hizo de cortafuegos, lo que permitió salvar las casas del paseo de Pereda, aunque dicho edificio acabó sucumbiendo a las llamas. La estrechez de las calles ayudaba a la propagación del fuego, que pasaba de un edificio a otro con gran rapidez.



El incendio de Santander (II). El incendio (II)


miércoles, 26 de febrero de 2014

Un poco de historia (XV)

El Sardinero en los años 60




Hoy vienen al recuerdo dos imágenes de El Sardinero en los años 60. Lo que hoy es un lugar plagado de edificios y urbanizaciones, antes no eran más que prados en los que pastaban tranquilamente vacas, ovejas, caballos, etc. En la playa había gente, pero no el agobio que hay ahora, las calles apenas tenían tráfico (los recordados trolebuses y algún que otro coche) y había sitios para aparcar, el Gran Casino y el Hotel Sardinero lucían su aspecto original...



miércoles, 15 de octubre de 2014

El incendio de Santander (IV)

Las consecuencias


Una vez apagadas las llamas, se procedió a valorar las pérdidas y los daños sufridos. Según las cifras oficiales que se hicieron públicas fueron estos:

  • 377 edificios particulares.
  • 2 edificios oficiales.
  • 6 iglesias y conventos.
  • 1.783 viviendas.
  • 508 comercios.
  • 155 hoteles, pensiones y bares.
  • 21 clínicas.
  • 9 imprentas.
  • 3 periódicos.

La zona histórica de la ciudad quedó totalmente destruida, viéndose afectadas 37 calles de las más antiguas de la ciudad que abarcaban una superficie de 14 hectáreas. El valor material de las pérdidas sufridas ascendió a más de 85 millones de pesetas de entonces. Más de diez mil personas (un 10% de la población) perdieron su hogar y unas siete mil perdieron, además, su trabajo. Pese a la magnitud de la catástrofe, sólo hubo que lamentar una víctima mortal: Julián Sánchez García, un bombero de Madrid, como consecuencia de las heridas ocasionadas por el derrumbe de una fachada de la calle Atarazanas. Falleció en Valdecilla a principios de marzo y todo Santander, sobrecogido, acompañó su cadáver a la Estación del Norte. Además hubo 115 heridos y unas mil personas tuvieron que ser atendidas por conjuntivitis en la Casa de Socorro y en Valdecilla.

El haber salido de una guerra, la situación política, social y económica, el estricto orden público de la época en España y el que Europa estuviera en guerra provocaron que la gente no se entregara al saqueo ni a la desesperación, ni siquiera a manifestar dolor; por el contrario, mostraba un talante silente y patético.

A medida que el fuego iba avanzando, las calles se llenaron de gentes obligadas a abandonar sus hogares con las pocas pertenencias que podían coger y que, según en qué dirección avanzara el fuego llevado por el viento, se refugiaban en calles cada vez más alejadas de sus hogares. Algunas fueron acogidas en casas de familiares o amigos, mientras que las más afortunadas pudieron volver a sus casas salvadas por los cortafuegos y el agua. Quienes no pudieron, fueron trasladados a cines, colegios, hoteles, etc., fuera de la zona siniestrada. Muchos fueron trasladados a El Sardinero, a las Caballerizas de La Magdalena, al Gran Casino y a los hoteles de la zona.



En la foto que abre este artículo se puede ver la plaza de los Remedios llena de refugiados. En la primera foto superior se ve a una familia con los enseres que pudieron salvar, y en la segunda foto se ve a otra familia refugiada en el Gran Casino de El Sardinero.

Como el viento había dejado sin tejado a muchos edificios, tirado chimeneas y dejado al descubierto estructuras de madera, como medida de seguridad se prohibió encender las cocinas a los vecinos de toda la ciudad. También, la Dirección General de Seguridad anuló los salvoconductos y prohibió a cualquiera ajeno a la ciudad entrar en ella con alimentos y ayuda. Con esto se pretendía que el orden y la disciplina con la que se realizaban los trabajos se vieran perturbados, así como evitar los saqueos y la especulación.

El Gobernador obligó a los propietarios a reparar los tejados, subidas de humos y chimeneas en el plazo de 48 horas, para lo que mandó incautar las tejeras La Covadonga, Trascueto y Agustín García. El jueves 20 llegaron las primeras cocinas de campaña, que distribuyeron las primeras comidas calientes entre los damnificados.



El sábado 22 se restableció el servicio de tranvías entre el Banco de Santander y El Sardinero, se autorizó a los bares a abrir hasta las nueve y media de la noche y los vecinos pudieron transitar por las calles no afectadas hasta las diez. El domingo se abrió al tránsito la calle Atarazanas, quedando comunicadas las dos partes en que la ciudad había quedado dividida. Las cocinas empezaron a poderse encender a partir del día 25.

En las dos fotos superiores puede verse al tranvía circulando por la calle de La Ribera.



Estas fotos muestran la calle Atarazanas y la plaza de Farolas.



martes, 14 de enero de 2014

Un poco de historia (XIII)

Recuerdo de la plaza de Farolas


Así era la Plaza de Farolas en 1950, con el monumento a Velarde en el centro, entre dos estanques. Al fondo se puede ver el entonces nuevo Hotel Bahía. ¿Cuántas veces habrá cambiado Velarde de sitio? Ya ni los más viejos del lugar lo saben.


Un poco de historia (XIV). Los cines en Santander
Un poco de historia (XII). Recuerdo de la dársena y el Muelle